“Ha preferido los buenos modales, el tono pausado, y la voz baja en la PCM. Está cuidando las formas, pero parece que el fondo no se modifica”. Foto: archivo GEC
“Ha preferido los buenos modales, el tono pausado, y la voz baja en la PCM. Está cuidando las formas, pero parece que el fondo no se modifica”. Foto: archivo GEC

Periodista

El presidente nos ha vuelto a sorprender. En México y Estados Unidos ofreció a los inversionistas todas las garantías para que traigan su dinero al Perú. Y a su regreso al país anunció oficialmente la cancelación de Tía María a través de su ministro de Economía, felicitó y respaldó a su cuestionado ministro de Trabajo y la agenda sindical de 19 puntos, y respaldó la renegociación del contrato de Camisea.

La semana pasada se reunió con los voceros de las bancadas del Congreso, y se dice que prácticamente garantizó que no presentaría cuestión de confianza. Pero apenas unas horas después lanzaba un tuit donde se entendía todo lo contrario.

Apenas este domingo pasado reiteró en el Cusco su discurso radical de campaña, dijo que no había hoja de ruta, no había giro al centro ni derechización, y que si este gobierno no daba una nueva Constitución quién más lo iba a hacer. Pero ayer, tres días después, en un brevísimo mensaje a la Nación, se mostró conciliador, preocupado por la gobernabilidad y la unidad del país, y anunciaba la caída del Primer Ministro con quién compartió y levantó el puño en Cusco unos días antes.

El martes visitó a su ministro de Trabajo en su despacho de la avenida Salaverry, y le estrechó la mano para la foto en un claro gesto de respaldo; pero al día siguiente lo sacó del gabinete.

¿En cuál de las versiones debemos creer?

Anoche, después de tantas semanas de rumores de cambios, por fin se animó a reestructurar su gabinete, el mismo día en que el Poder Judicial golpeaba duramente a Perú Libre decretando 36 meses de prisión preventiva a 5 de sus miembros. ¿Casualidad o cálculo político?

Le cortó las garras al gabinete. Le quitó la altisonancia, la impertinencia, la insolencia, la malcriadez, y el perfil alto del Movadef.

Ha preferido los buenos modales, el tono pausado, y la voz baja en la PCM. Está cuidando las formas, pero parece que el fondo no se modifica. La tendencia se mantiene y la intención es la misma: demostrar que este es un gobierno de izquierda.

Los grandes objetivos también parecen continuar vigentes. La Asamblea Constituyente y una nueva Constitución, la agenda sindical, la política frente a los recursos naturales y las industrias extractivas, el rol empresarial del Estado, la posición frente a los llamados monopolios y oligopolios, entre otros, siguen siendo el gran norte en el que coinciden todos: Pedro Castillo y Mirtha Vásquez, Aníbal Torres y Vladimir Cerrón, Dina Boluarte e Iber Maraví, Verónika Mendoza y Guido Bellido, y siguen nombres. Solo difieren en la forma y la oportunidad.

¿Con la presencia de la nueva PCM el presidente busca conciliar y consensuar con el Congreso, o quiere una mejor manera de enfrentarlo y alcanzar sus objetivos?

Con este nuevo gabinete ganan Aníbal Torres y Dina Boluarte en el Ejecutivo; el Fenate en el sector Educación; Betsy Chávez frente a la bancada de Perú Libre; Verónika Mendoza en la ¿“coalición”? gobiernista; y Yonhy Lescano en Acción Popular. Vladimir Cerrón gana el ministerio del Interior que no es poca cosa, aunque lo parezca.

Pierden Perú Libre, los cerronistas de la bancada, y, por hoy (no sabemos qué pensará, dirá o hará mañana o los siguientes días el presidente) la agenda ultra radical. Pierden los que tenían la esperanza de una “humalización” del presidente. Y también pierden –por ahora- los que desde el centro o la derecha buscaban acelerar las condiciones para una vacancia.

¿Pierde Bellido?, hoy, sí. Pero ha ganado mucho. Es hoy un actor político mucho más conocido que antes, y con mucha más experiencia ganada golpe a golpe, malcriadez tras malcriadez, exabrupto tras exabrupto.

¿Pierde Maraví?, hoy, sí. Pero ha logrado el apoyo del sector sindical, y un mayor y mejor perfil con los trabajadores. Le deja a Betsy Chávez una valla difícil de enfrentar, porque si retrocede se deslegitima en el sector sindical y popular, y si avanza más se complica con el empresariado.

Varios nombres son nuevos, y en una primera mirada, con muy poca experiencia y sin manejo político. De lejos parece que no son especialistas en su sector. ¿Otra vez ensayo y error?

La salida de Bellido y Maraví alegra a muchos, pero también genera esperanzas en otros. Ojalá no se decepcionen.