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opinión

Editorial:  Al menos una señal

Editorial de Gestión. "Si bien lograr el consenso total es imposible, tampoco será efectivo un cambio en el que las partes no participen”.

Plan Nacional de Competitividad y Productividad

El Plan Nacional de Competitividad y Productividad estará compuesto por medidas que respondan a los objetivos prioritarios y lineamientos de política de Estado. (Foto: GEC)

 (Foto: GEC)

REFORMA LABORAL. En reiteradas ocasiones se ha precisado desde estas líneas que el Gobierno actual no tiene voluntad política para hacer reformas profundas más allá de la política o judicial. Ello a pesar de que sus niveles de aprobación le permitirían arriesgar más y optar por los cambios que requiere el país, aun cuando muchas de esas reformas podrían no ser populares.

Sin embargo, cuando se presentó el Plan Nacional de Competitividad, la posibilidad de poder avanzar en el camino de las reformas —por lo menos dando algunos pasos— se recuperó y se espera que cuando el Consejo Nacional de Competitividad deba aprobar el desarrollo del plan, este cuente con algunos cambios importantes para poner en práctica.

Pero al parecer no necesariamente será así. El borrador del capítulo laboral del Plan Nacional de Competitividad deja varios puntos en el aire y no desarrolla completamente algunos temas.
Así, por ejemplo, se propone una ley de fomento del empleo juvenil a través del subsidio de los aportes a Essalud y el pago de pensiones. También incentivos tributarios en el pago del Impuesto a la Renta (IR) para las empresas que contraten trabajadores a tiempo indeterminado y la acumulación del tiempo de trabajo y descanso en periodos similares y extendidos.

Como evidencian estos puntos, se trata de cambios necesarios, pero no son los más relevantes, se trata de ajustes menores que no necesitaban de un Plan Nacional de Competitividad.

La propuesta también busca una mejor aplicación de nuevos regímenes laborales flexibles y regular el teletrabajo. Pero tampoco hay mayor desarrollo de estos aspectos que sí implicarían beneficios para trabajadores y empleadores, teniendo en cuenta que en el caso del teletrabajo la supervisión y control podrían ser un problema.

Los temas planteados son por lo menos una señal de que el Ejecutivo busca algunos mecanismos para mejorar la productividad. Sin embargo, sobre los temas realmente de fondo es poco lo que se avanza y lo hecho deja en evidencia que la propuesta no se ha socializado adecuadamente con las partes involucradas (muchas de las cuales han presentado sus propias propuestas) y si bien lograr el consenso total es imposible, tampoco será efectivo un cambio en el que las partes no participen.

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