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Editorial de Gestión: En la era de la carreta

Los internautas peruanos no están aprovechando las ventajas de la supercarretera de la información y en su mayoría se contentan con ver videos, chatear y enterarse de la vida del prójimo.

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Agenda pendiente. Según la investigadora de mercados estadounidense eMarketer, la penetración del comercio electrónico en el mundo fue de 40.4% el año pasado.

Las mayores tasas se registraron en Europa occidental (72.3%) y América del Norte (72%), mientras que América Latina ocupó el quinto y penúltimo puesto (33%), solo por delante de África y Medio Oriente –agrupados en una sola zona geográfica–. No se dispone de datos desagregados para nuestro país, pero un informe de Ipsos Perú ofrece un acercamiento interesante.

Apenas el 6% de los encuestados ha realizado alguna compra a través de Internet, mientras que el 92% no lo ha hecho nunca, ello a pesar de que la tenencia de computadoras y su uso no muestran porcentajes tan bajos.

En otras palabras, los internautas peruanos no están aprovechando las ventajas de la supercarretera de la información y en su mayoría se contentan con ver videos, chatear y enterarse de la vida del prójimo.

Se podría afirmar que, en materia de utilización de la tecnología digital, el Perú se encuentra rezagado y los motivos son típicos de un mercado falto de información y poco sofisticado.

Las primeras menciones apuntan a la desconfianza, desconocimiento del servicio, la inseguridad que sienten los usuarios por comprarle a una computadora y el temor a proporcionar datos personales. Sin embargo, la respuesta que más llama la atención es esta: "No necesita comprar por Internet".

Suponemos que cuando por las calles peruanas aparecieron los primeros autos, la mayoría los veía como innecesarios, sentía temor y prefería seguir movilizándose en carreta.

Y mientras las agencias publicitarias en los países avanzados se apuran por adaptar sus piezas a los dispositivos móviles conectados a Internet, los equipos de marketing de las empresas minoristas locales deben estar desvelándose para superar un primer gran escollo: la reticencia de los consumidores por recibir anuncios online.

Si a esto sumamos el escaso interés por registrarse para recibir promociones o participar en concursos, entenderemos que el reto es inmenso. A ver si alguien se esmera por encontrar el Santo Grial.

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