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China salva su pellejo en guerra comercial con Donald Trump

Los planes de China de imponer gravámenes sobre US$ 3,000 millones en bienes estadounidenses afectan aproximadamente al 2% de las importaciones chinas desde la nación occidental, lo que se compara con el cerca del 10% de comercio en la dirección opuesta.

Xi Jinping

Xi Jinping

Donald Trump y Xi Jinping. (Foto: Bloomberg)

¿Trajo Pekín un cuchillo a una guerra comercial a balazos?

Esa es sin duda la forma en que se ve a primera vista. Los planes de imponer gravámenes sobre US$ 3,000 millones en bienes estadounidenses afectan aproximadamente al 2% de las importaciones chinas desde la nación occidental, lo que se compara con el cerca del 10% de comercio en la dirección opuesta que se penalizará en virtud de los planes de Estados Unidos de aplicar aranceles a US$ 50,000 millones en bienes provenientes de China.

Las restricciones apenas se notarán en China. Habrá un arancel del 25% a las importaciones de carne de cerdo de EE.UU., pero ese intercambio comercial correspondió a solo 165,736 toneladas métricas el año pasado, en torno al 13% de la ingesta de carne extranjera de cerdo de China y equivalente a un 0.3% del consumo que llega a unas 55 millones de toneladas al año.

Se aplicará un arancel del 15% a las frutas, los frutos secos, el vino y el etanol, que en conjunto suman otros US$ 1,000 millones al año más o menos, mientras que las mismas tasas se aplicarán, respectivamente, a la chatarra de aluminio y a los tubos de acero.

En términos de dólares, las restricciones sobre el aluminio reciclado probablemente serán las más significativas, pero considerando que China ha estado tratando de eliminar la mayoría de las importaciones de chatarra no ferrosa, en gran medida acelerarán un proceso en curso en lugar de revertir cualquier tendencia.

Las categorías de importación más grandes -como la soja (US$ 13,800 millones), los automóviles y repuestos automotores (US$ 13,600 millones), los aviones (US$ 12,600 millones) y los circuitos integrados (US$ 8,700 millones)- se salvaron en gran medida.

Si considera eso como un signo de debilidad, piénselo de nuevo. Como Gadfly y otros han argumentado, el resultado más probable de una guerra comercial es que quienes participan de ella se hagan daño a sí mismos en lugar de hacerlo al enemigo.

Al imponer unas pocas sanciones en gran parte cosméticas que afectan más duramente a las industrias -agricultura y metales primarios- que han apoyado las políticas comerciales del presidente Donald Trump, Pekín está disparando un tiro de advertencia, pero no está pasando realmente a la ofensiva.

Estructuralmente, China se encuentra en una posición más sólida, con exportaciones a EE.UU. (teléfonos móviles, vestuario, computadoras, juguetes) que son mucho más dominantes como parte de las importaciones estadounidenses y afectan de manera directa a los bolsillos de los consumidores.

Mantener su poder de fuego intacto mientras posa como el verdadero defensor del libre comercio en la disputa, pondrá a Pekín en una posición fuerte para la batalla diplomática que se avecina. Eso es lo que realmente debería preocupar a Washington.

Por David Fickling

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de Bloomberg LP y sus dueños.

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