El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que los estados santuario se quedarán sin dinero federal desde febrero (Foto: AFP)
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que los estados santuario se quedarán sin dinero federal desde febrero (Foto: AFP)

En un país donde el noticiero de la sala suele estar en inglés, pero la radio del carro suena en español, anuncios como este no se sienten como un debate abstracto en Washington, sino como una posible reducción en la ayuda para pagar la renta, la guardería o la consulta médica de rutina. Cuando Donald Trump anunció que, a partir del 1 de febrero, su administración dejará de enviar fondos federales a los estados que mantengan políticas de “santuario”, el tema volvió de inmediato al centro del debate nacional y encendió las alarmas en ciudades con grandes comunidades latinas. No es una frase al pasar, sino una advertencia directa que puede impactar presupuestos estatales, servicios públicos y programas de los que dependen tanto inmigrantes indocumentados como ciudadanos estadounidenses, incluidos muchos latinos de segunda y tercera generación. Y es que, cuando se habla de inmigración en Estados Unidos, casi siempre es hacerlo con mucha tensión, pero también con la rutina de la fila en la escuela pública donde las familias hacen malabares con dos trabajos, del recorte en el programa de comida escolar que se anuncia en un volante en español o del aviso en la clínica comunitaria donde la recepcionista entiende más “Spanglish” que inglés formal.

Más allá del ruido político, acá hay dinero, programas sociales y millones de personas involucradas. No se trata solo de inmigración, sino de cómo el gobierno federal utiliza los fondos como herramienta de presión sobre estados y ciudades que no se alinean con su agenda. Y cuando eso ocurre, incluso estados que no suelen estar en el foco mediático migratorio empiezan a mirar el calendario con preocupación, igual que muchas familias hispanas que siguen las noticias desde el celular entre turno y turno.

Las familias hispanas serían las que más se perjudicarían con la amenaza de Donald Trump (Foto: Freepik)
Las familias hispanas serían las que más se perjudicarían con la amenaza de Donald Trump (Foto: Freepik)

EL ANUNCIO QUE ENCENDIÓ LAS ALARMAS

Donald Trump reveló la medida al cierre de un discurso en el Club Económico de Detroit, un foro de empresarios y líderes económicos que suele marcar el tono de sus mensajes en materia de política nacional. Sin rodeos, lanzó una definición que marcó el tono de lo que viene: “A partir del 1 de febrero, no realizaremos ningún pago a las ciudades santuario ni a los estados que las tengan, porque hacen todo lo posible por proteger a los delincuentes a costa de los ciudadanos estadounidenses”.

En ese mismo mensaje, el mandatario estadounidense fue aún más lejos al justificar el recorte con un discurso centrado en la seguridad pública y el combate al fraude, sin explicar todavía cómo se implementaría el bloqueo de fondos: “Esto fomenta el fraude, la delincuencia y todos los demás problemas que conllevan. Por lo tanto, no realizaremos ningún pago a nadie que apoye a las ciudades santuario”.

¿QUÉ FONDOS ESTARÍAN EN RIESGO?

Uno de los puntos más inquietantes para las autoridades locales es la falta de detalles técnicos sobre qué partidas se recortarían y bajo qué marco legal. En el pasado, la administración Trump ya intentó condicionar recursos vinculados a seguridad pública y programas de justicia, pero ahora el mensaje apunta a un universo potencialmente más amplio de fondos federales.

Entre las áreas que podrían quedar expuestas se mencionan:

  • Programas de salud.
  • Asistencia alimentaria.
  • Subsidios sociales.
  • Recursos para vivienda.

En la práctica, esto puede traducirse en presión sobre partidas como:

  • Medicaid.
  • El Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP).
  • Fondos para guarderías.
  • Apoyo a familias de bajos ingresos.

Ya de regreso en Washington, cuando los periodistas le preguntaron a Trump qué tipo de financiamiento se vería afectado a partir del 1 de febrero, el presidente evitó dar detalles y respondió de forma breve, pero contundente: “Ya lo verán. Será significativo”. Esa respuesta, tan corta como abierta, dejó a gobernadores, alcaldes y organizaciones comunitarias en modo de espera tensa, tratando de anticipar qué programas podrían estar en la mira.

¿QUÉ SIGNIFICA SER UN ESTADO O CIUDAD SANTUARIO?

No existe una definición legal única de “ciudad santuario”, pero el término se utiliza de forma general para describir jurisdicciones que limitan su cooperación con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), especialmente cuando se trata de detener o entregar personas que no han cometido delitos graves. Esas políticas suelen incluir:

  • Restricciones a las “detainers” migratorias.
  • Límites al acceso de ICE a cárceles locales.
  • Reglas internas que impiden preguntar por el estatus migratorio en ciertos servicios públicos.

Para la administración Trump, este tipo de normas se presenta como un obstáculo directo para su estrategia de control migratorio y como un supuesto incentivo al crimen y al fraude. Para muchos gobiernos locales, en cambio, se defienden como una forma de priorizar la confianza comunitaria, evitar que los inmigrantes tengan miedo de denunciar delitos y enfocar los recursos policiales en delitos violentos, algo que se discute especialmente en ciudades con barrios latinos densamente poblados.

UN TERRENO YA DISPUTADO EN LOS TRIBUNALES

Este no es un debate nuevo en la política estadounidense. Durante el primer mandato de Trump, en 2017, los tribunales federales bloquearon intentos de retirar fondos a ciudades santuario, al considerar que la Casa Blanca no podía imponer condiciones nuevas a recursos ya aprobados por el Congreso sin pasar por el proceso legislativo correspondiente. Más recientemente, una orden ejecutiva del año pasado que apuntaba a restringir fondos a jurisdicciones santuario también fue frenada por un juez federal en California.

Aun así, el mensaje político se mantiene: el gobierno federal está dispuesto a insistir en el uso del dinero como palanca de presión, incluso a sabiendas de que el camino judicial puede ser largo y conflictivo. Eso abre la puerta a una nueva ola de demandas en tribunales federales a partir del 1 de febrero, donde fiscales estatales, organizaciones de derechos civiles y ciudades con grandes comunidades hispanas podrían pedir medidas de emergencia para frenar los recortes.

LOS 13 ESTADOS SEÑALADOS POR EL DEPARTAMENTO DE JUSTICIA

Según la lista oficial más reciente del Departamento de Justicia, hay 13 estados y jurisdicciones considerados “santuario”:

  • California.
  • Colorado.
  • Connecticut.
  • Delaware.
  • Distrito de Columbia.
  • Illinois.
  • Minnesota.
  • Nevada.
  • Nueva York.
  • Oregón.
  • Rhode Island.
  • Vermont.
  • Washington.

Se trata en su mayoría de estados gobernados por demócratas, lo que refuerza la lectura política del anuncio de Trump en un país donde el mapa electoral y el mapa migratorio suelen superponerse. Muchos de esos estados concentran algunas de las ciudades con mayor población latina del país, donde el español forma parte de la vida cotidiana en la escuela, el trabajo y la iglesia.

Todos los analistas políticos apuntan a que la amenaza de Donald Trump tiene en la mira como una de los estados santuarios más conflictivos a California, gobernada por Gavin Newsom (Foto: AFP)
Todos los analistas políticos apuntan a que la amenaza de Donald Trump tiene en la mira como una de los estados santuarios más conflictivos a California, gobernada por Gavin Newsom (Foto: AFP)

CIUDADES Y CONDADOS BAJO MAYOR PRESIÓN

Además de los estados, el gobierno federal identificó ciudades y condados específicos bajo la categoría de “santuario”, que ahora quedan especialmente expuestos al anuncio de recortes. Entre ellos se encuentran:

  • Ciudad de Nueva York.
  • Boston.
  • Chicago.
  • Denver.
  • Los Ángeles.
  • San Francisco.
  • Filadelfia.
  • Albuquerque.
  • Hoboken.
  • Jersey City.

Entre los condados más mencionados se encuentran:

  • Condado de Cook, en Illinois.
  • Condado de Baltimore, en Maryland.

Son centros urbanos grandes, con presupuestos complejos y una alta dependencia de fondos federales para transporte, salud, vivienda y programas sociales. Si los recortes avanzan, el impacto no se limitaría a inmigrantes indocumentados, sino que afectaría servicios que utilizan millones de ciudadanos estadounidenses todos los días.

UN CONTEXTO DE RECORTES Y AMENAZAS PREVIAS

El anuncio de Trump no llega aislado, sino dentro de una serie de movimientos para condicionar o suspender fondos federales ligados a programas sociales. En las últimas semanas, el gobierno ya había buscado frenar o revisar partidas relacionadas con:

  • Asistencia alimentaria.
  • Subsidios para guarderías.
  • Ayudas a familias de bajos ingresos.

En varios casos, los tribunales intervinieron para detener temporalmente las medidas, generando un tira y afloja constante entre la Casa Blanca y los estados. Más allá del detalle de cada programa, el patrón que se va consolidando es el uso de la presión financiera como herramienta política y como mensaje a gobiernos locales que adoptan políticas de protección a inmigrantes.

MINNESOTA, EL EJEMPLO MÁS CLARO

Minnesota se ha convertido en uno de los ejemplos más visibles de esta estrategia de presión económica. Allí, además del envío de más agentes federales para aplicar medidas migratorias, la administración anunció la revisión agresiva de fondos vinculados a Medicaid, bajo el argumento de supuestos niveles altos de fraude en varios programas considerados de “alto riesgo”.

Entre las medidas anunciadas se incluye la posible retención de cientos de millones de dólares trimestrales en programas de Medicaid, lo que equivale a miles de millones de dólares anuales en financiamiento federal si la congelación se mantiene. Autoridades estatales de Minnesota ya anunciaron que apelarán y advirtieron que un recorte de ese tamaño tendría consecuencias muy graves para la atención de personas de bajos ingresos, adultos mayores y niños, en un estado que también figura en la lista de jurisdicciones santuario.

LO QUE PUEDE VENIR DESDE EL 1 DE FEBRERO

A esta altura, el escenario sigue abierto, con más preguntas que respuestas sobre el alcance real del anuncio de Trump. El presidente no ha detallado qué mecanismos legales usará para detener los pagos, ni si se enfocará primero en subvenciones específicas, reembolsos de programas sociales o transferencias más amplias a estados y ciudades.

Lo que sí parece seguro es que, si la medida avanza, habrá:

  • Una nueva ola de demandas judiciales.
  • Un fuerte choque entre el gobierno federal y las jurisdicciones identificadas como santuario.

Mientras tanto, millones de personas quedan en medio de una disputa que mezcla inmigración, poder y dinero, especialmente en comunidades hispanas que ya han vivido otras rondas de redadas, cambios de reglas y amenazas de recortes.