Los gatos en Nueva York, que viven en comercios como bodegas, están a punto de beneficiarse con una esperada ley (Foto: Freepik)
Los gatos en Nueva York, que viven en comercios como bodegas, están a punto de beneficiarse con una esperada ley (Foto: Freepik)

En el Bronx, en Queens o en cualquier esquina de Brooklyn, es casi imposible no cruzarse con “el gato de la bodega”, tan representativo de Nueva York como los carritos de hot dogs, el estruendo del subway o un juego de los Yankees en pleno verano. Están sobre los mostradores, entre las cajas o dormidos junto a la puerta, ronroneando si alguien se anima a acariciarlos. Los hay en el deli que nunca cierra, en la tiendita latina que huele a sazón y maltas, o en la bodega del barrio donde compras tu café antes del trabajo. Por eso, quienes convivimos con gatos —uno o varios— no podemos evitar sonreír ante la posibilidad de que una nueva ley los favorezca. Si llega a concretarse, significará un respiro para miles de felinos sin hogar fijo en Nueva York. Pero antes de celebrar con saltos —o patas— de alegría, conviene entender el contexto detrás de esta medida.

Para muchos vecinos, incluidos quienes llegaron desde República Dominicana, Puerto Rico, México, Ecuador o Perú y encontraron en la bodega un pedazo de hogar, estos animales son un símbolo de cercanía, seguridad y hasta de alivio en jornadas largas, especialmente para quienes trabajan doble turno y pasan más tiempo en la esquina de siempre que en su propio apartamento. Por eso, hay mucha aceptación a un proyecto de ley en NY, el cual busca muchos beneficios a aquellos felinos.

GATOS EN UN LIMBO LEGAL

Cuando se habla de una iniciativa que busca protegerlos y darles un marco legal, vale la pena detenerse un momento (y no solo para acariciarlos). No se trata solamente de gatos simpáticos que espantan ratones, sino de animales que, durante años, han vivido en un limbo legal, sin reglas claras que garanticen su bienestar ni orienten a los pequeños comerciantes que los cuidan, muchos de ellos familias inmigrantes que dependen de estos negocios para salir adelante.

Hasta ahora, los códigos sanitarios estatales y municipales técnicamente prohíben la presencia de gatos en establecimientos donde se manejan alimentos, lo que deja a los famosos “bodega cats” en una zona gris: todos los conocen, todos conviven con ellos, pero su existencia en el local puede traducirse en multas para los dueños. En la práctica, esto significa que un icono de la ciudad, tan asociado a la cultura urbana, no tenía protección legal ni estándares mínimos de cuidado.

Para millones, los gatos se han convertido en un símbolo de Nueva York (Foto: AFP)
Para millones, los gatos se han convertido en un símbolo de Nueva York (Foto: AFP)

UN PROYECTO QUE CAMBIA EL ESCENARIO

El proyecto de ley que avanza en la Legislatura del estado de Nueva York busca cambiar ese escenario al permitir de forma legal la presencia de gatos en tiendas minoristas, incluidas las bodegas, y establecer normas básicas de salud y seguridad para ellos. La propuesta no solo reconoce el rol de estos felinos como controladores de plagas, sino también su condición de animales de compañía que merecen cuidados similares a los de cualquier felino que vive en un apartamento del Upper West Side, Jackson Heights o Washington Heights.

La iniciativa, impulsada por la asambleísta estatal Linda Rosenthal, representante del Upper West Side, fue introducida en mayo de 2025 y llegó recientemente al Comité de Agricultura de la Asamblea, un paso clave antes de cualquier votación. El objetivo es que el Departamento de Agricultura y Mercados del estado sea el encargado de fijar estándares de cuidado específicos para los gatos que viven en comercios, de modo que haya una sola regla clara para todo Nueva York, desde Manhattan hasta Buffalo.

¿QUÉ EXIGIRÍA LA NUEVA NORMATIVA?

Si el proyecto se convierte en ley, los llamados “bodega cats” deberán contar con controles veterinarios regulares, vacunación obligatoria y esterilización o castración, tal como ya se exige cuando una familia adopta un animal de un refugio. También se plantean pautas sobre alimentación adecuada, acceso constante a agua limpia y condiciones de higiene mínimas dentro del local, de manera que el gato pueda vivir sano sin generar conflictos con las normas de salud pública.

Uno de los puntos más comentados es la creación de una “zona para gatos”: un espacio seguro y cómodo, separado de las áreas de preparación y almacenamiento de alimentos, donde los felinos puedan descansar sin estrés, lejos del flujo constante de clientes y del ruido de las máquinas registradoras. Esa “cat zone” convierte en norma lo que muchas bodegas de vecindario ya hacían de forma intuitiva, reservando un rincón con una caja, una manta o una cama improvisada para el gato que vigila la tienda.

MULTAS Y RESPONSABILIDADES PARA LOS DUEÑOS

El proyecto también introduce responsabilidad concreta para los propietarios de los comercios: si no cumplen con los estándares que establezca el estado, podrían enfrentarse a multas de hasta US$2,000 dólares. De esta manera, el foco se desplaza de la simple prohibición a la idea de “si vas a tener un gato trabajando contigo, tienes que cuidarlo bien”, algo que muchos dueños de bodegas de barrio ya practican, pero que ahora quedaría escrito en la ley.

En paralelo, se espera que el estado y la ciudad puedan articular programas de apoyo, como esquemas de vacunación y esterilización a bajo costo o gratuitos, para que los pequeños comercios, en especial en zonas de mayoría latina donde los márgenes son muy ajustados, puedan cumplir sin poner en riesgo su estabilidad económica. Esa discusión será central en las próximas audiencias, donde organizaciones de defensa de animales y asociaciones de comerciantes probablemente presionen para que el costo no recaiga solo en los dueños de las tiendas.

UNA DEMANDA QUE VIENE DE LA COMUNIDAD

Esta propuesta no nació en un escritorio aislado en Albany, sino que se alimenta de años de presión desde abajo, tanto de activistas como de vecinos que aman a estos gatos. Uno de los motores del cambio es Dan Rimada, fundador de Bodega Cats of New York, un colectivo que documenta y defiende a los gatos de tienda y que impulsó una petición popular para legalizarlos y protegerlos como “working shop cats” de la ciudad.

La petición, alojada en Change.org, ha acumulado más de 13.000 firmas y ha servido como termómetro del apoyo público a una regulación que combine protección y estándares de cuidado. Entre los comentarios, muchos neoyorquinos —incluidos jóvenes hispanos que crecieron haciendo mandados a la bodega de la esquina— describen a estos gatos como parte del alma de sus barrios, un detalle que hace que la ciudad se sienta un poco menos fría.

Los gatos son parte importante de la sociedad neoyorquino, principalmente los que viven en las bodegas más cercanas (Foto: AFP)
Los gatos son parte importante de la sociedad neoyorquino, principalmente los que viven en las bodegas más cercanas (Foto: AFP)

¿QUÉ CAMBIA PARA COMERCIANTES Y VECINDARIO?

Más allá del afecto que generan, este proyecto también busca dar certezas a los dueños de pequeños comercios, especialmente en barrios hispanos donde la bodega no es solo una tienda, sino un punto de encuentro comunitario y un espacio donde se mezcla español, spanglish e inglés. Hoy, muchos mantienen a sus gatos sabiendo que, en teoría, están infringiendo la normativa sanitaria, y viven con el temor de una inspección que pueda terminar en multa.

Con una ley clara, el mensaje para estos propietarios sería distinto: el gato puede quedarse, siempre que reciba atención veterinaria, esté vacunado, esterilizado y tenga un espacio adecuado dentro del local. Para los clientes habituales —desde estudiantes que paran por un cafecito hasta repartidores que entran por una bebida energética y una empanada— la experiencia de ver al mismo gato día tras día, ahora con un respaldo legal, reforzaría todavía más el vínculo con la tienda.

LO QUE VIENE EN ALBANY Y EN LA CIUDAD

El proyecto de Linda Rosenthal todavía debe enfrentar audiencias, debates y votaciones en el Comité de Agricultura y luego en el pleno de la Asamblea y el Senado estatal antes de convertirse en ley. En paralelo, los esfuerzos en el Concejo Municipal de Nueva York, incluidos los impulsados por el equipo de Keith Powers y organizaciones como Bodega Cats of New York, seguirán presionando para alinear las normas de la ciudad con las nuevas reglas estatales.

Activistas insisten en que ambas piezas legales son complementarias: sin estándares de cuidado, la calidad de vida de los gatos depende demasiado de cada dueño, y sin protección frente a sanciones, los comerciantes siguen expuestos a multas incluso si hacen las cosas bien. La aspiración es que Nueva York, una ciudad donde la cultura latina marca el pulso de barrios enteros, se convierta también en referencia nacional en la protección de gatos de tienda, esos compañeros silenciosos que llevan años cuidando pasillos, bolsas de arroz y cajas de cereal sin recibir nada más que una caricia y un plato de comida.