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Economía para todos Carlos Parodi Carlos Parodi

Economía peruana 2017: Una síntesis

El análisis de la economía peruana no se puede aislar del entorno político ni del externo; a lo largo del 2017, el escándalo de corrupción de la empresa brasileña Odebrecht puso en duda la idoneidad de toda la clase política, mientras que el entorno externo fue favorable, cuya manifestación principal fue el aumento en el precio de los metales. No podemos olvidar al niño costero de los primeros meses del año, que marcó un severo problema en la costa norte del país.

El primer motor de la economía es la inversión, que se divide en privada (80% del total de la inversión) y pública (20%). Ambas continuaron cayendo durante el primer semestre del año, proceso que se inició en el 2014; la tendencia se revirtió en el tercer trimestre dado que ambas aumentaron (5.4% y 5.0%, respectivamente). El segundo motor de la economía, las exportaciones, se elevaron a lo largo del año (13.2%, 13.6% y 4.6%, respectivamente), dada la recuperación de la economía mundial (fenómeno que no parece sostenible).

El problema estuvo en el lento crecimiento del consumo (2.1%, 2.4% y 2.5% en cada uno de los tres primeros trimestres), muy lejos del promedio de 3.3% de crecimiento de los tres años anteriores. Y esto explica por qué las empresas han notado una menor demanda por lo que venden (el consumo privado significa más del 70% de la demanda de la economía). ¿Y de qué depende el consumo privado? Pues de los ingresos de las familias, los que a su vez están relacionados con el empleo. Al aumentar el empleo, crece el ingreso de los ciudadanos y por lo tanto, el consumo. De manera que la lentitud del aparato productivo de crear empleos (con la excepción del sector informal, cuyos empleos se asocian a bajos salarios) impidió que la mejoría del tercer trimestre se manifestara en los bolsillos de la población. El resultado es un crecimiento que girará en torno de 2.6%, muy por debajo del 3.9% del 2016 y casi similar al 2.4% del 2014.

Dados los resultados negativos del primer semestre, para la segunda parte del año, el Banco Central adoptó una postura más expansiva, cuya manifestación fue la reducción de la tasa de interés de referencia de 4.25 en marzo a 3.25 en diciembre. Al mismo tiempo, el gobierno elevó la inversión pública, en un contexto de bajos ingresos (la presión tributaria se ubicó en torno a 13%), por lo que el déficit fiscal se elevó de 2.6% del PBI en 2016 a 3.0% en 2017.

¿Dónde nos dejan estas cifras? En un año mediocre. Más aún, dados los problemas de corrupción y la crisis política de fin de año, las cifras estimadas para el 2018 cambiarán hacia la baja, pues inversionistas y consumidores postergarán sus decisiones, aunque el desenlace dependerá de la rapidez y credibilidad de solución a la situación política.

 

 

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