
Seguro que lo has visto un montón de veces en noticias o en videos por redes sociales: camiones recorriendo carreteras y autopistas mientras dejan toneladas de sal sobre la nieve. Durante una tormenta invernal en Estados Unidos, esta escena se repite en ciudades grandes, pueblos pequeños y en las vías principales que todos usamos para movernos. A simple vista puede parecer un gesto sencillo o hasta improvisado, pero en realidad es parte de una estrategia pensada para enfrentar el frío extremo. La sal no está ahí por casualidad: sirve para reducir riesgos, mantener el tránsito en marcha y evitar accidentes cuando el hielo hace que todo sea más peligroso. Entender por qué esparcen sal sobre la nieve nos ayuda a ver cómo las autoridades se preparan para lidiar con tormentas como la que está azotando EE.UU. ahora mismo.
¿Por qué se esparce sal sobre la nieve?
Durante una tormenta invernal, las carreteras se convierten rápidamente en superficies peligrosas. Según la Agencia de Protección Ambiental (EPA), cada vez que se registran nevadas es necesario esparcir grandes cantidades de sal para evitar la formación de hielo y facilitar la circulación de vehículos. Esta medida permite que las personas puedan trasladarse con mayor seguridad al trabajo, a la escuela y que no se interrumpa el transporte de bienes y servicios esenciales en medio del frío extremo.

La sustancia más utilizada es el cloruro de sodio (NaCl), conocido comúnmente como sal de mesa, aunque en este contexto se le llama sal gema debido al tamaño más grande de sus gránulos. Su efectividad para derretir la nieve y el hielo, sumada a su bajo costo, la convierte en la opción más extendida en Estados Unidos. Para dimensionar su uso, basta un dato: en estados como Massachusetts se emplean casi medio millón de toneladas de sal al año únicamente para el mantenimiento invernal de las carreteras, de acuerdo con información de la EPA.
¿El uso de sal sobre la nieve provoca consecuencias negativas?
Sin embargo, el uso de sal sobre la nieve no está exento de consecuencias. Aunque ofrece ventajas claras en términos de seguridad vial, su aplicación excesiva puede generar impactos negativos. Entre ellos se encuentran la contaminación del agua potable, el daño a la flora y fauna silvestre, el aumento de la erosión del suelo y afectaciones a propiedades públicas y privadas. Además, la sal tiene un fuerte efecto corrosivo que deteriora vehículos, puentes y carreteras, lo que genera costos de reparación que superan los 5,000 millones de dólares anuales en Estados Unidos.
Otro punto de preocupación es que la sal puede infiltrarse en aguas superficiales y subterráneas, elevando los niveles de sodio y cloruro. Esto representa un riesgo para personas con hipertensión y resulta tóxico para peces, insectos y anfibios. A esto se suma que la sal atrae a animales como ciervos y alces hacia las carreteras, incrementando el riesgo de accidentes viales durante una tormenta invernal en EE.UU.

¿Existen alternativas a la sal para tratar la nieve?
Debido a estos efectos, algunos estados han comenzado a explorar alternativas al uso tradicional de sal. Entre ellas destacan el cloruro de magnesio y el cloruro de calcio, que resultan más seguros para el medio ambiente, aunque también son más costosos. Además, se desarrollan tecnologías como el pavimento poroso, que reduce la acumulación de hielo, y las carreteras solares, diseñadas para derretir la nieve mediante sistemas de calefacción integrados.
Para reducir la cantidad de sal utilizada sin comprometer la seguridad, la EPA señala que estados como Rhode Island aplican soluciones salinas preventivas antes de las nevadas, mezclas de sal y arena para mejorar la tracción, y aditivos biodegradables como jugo de remolacha, pepinillos o melaza. Estas medidas buscan un equilibrio entre mantener las carreteras seguras y minimizar el impacto ambiental durante las tormentas invernales que afectan a Estados Unidos.







