
Las lluvias intensas han vuelto a golpear con fuerza a varias regiones del país, y una de las más afectadas es Arequipa, donde muchos peruanos ya miran al cielo con preocupación cada tarde de verano, como suele ocurrir también en ciudades como Cusco, Huancayo o Ayacucho cuando “se viene la tormenta”. En los últimos días, la combinación de precipitaciones constantes, suelos saturados y un crecimiento urbano que avanzó sobre quebradas y laderas ha encendido las alertas no solo por inundaciones, sino por un fenómeno que aquí se repite cada temporada: la activación de las torrenteras, esos cauces secos casi invisibles en invierno, que en cuestión de minutos pueden convertirse en verdaderos ríos de lodo y piedras capaces de arrasar viviendas, negocios y vías de tránsito. En Arequipa, donde los volcanes y cerros forman parte del paisaje cotidiano igual que las combis y el menú de mediodía, vecinos de distritos como Miraflores, Cayma, Mariano Melgar o Paucarpata han tenido que evacuar a la carrera, desconectar la luz y proteger lo poco que pueden mientras el agua ingresa por las calles como si fueran canales improvisados, afectando también servicios básicos como energía y agua potable.
Lo que hoy se vive en la Ciudad Blanca, con torrenteras como San Lázaro, Chullo, Miraflores y Los Incas activadas y miles de personas en riesgo, es una muestra de cómo la falta de planificación y la ocupación de zonas de alto peligro convierten un fenómeno natural en una emergencia que podría repetirse en otras provincias del sur si no se toman medidas a tiempo.
¿QUÉ SON EXACTAMENTE LAS TORRENTERAS?
Las torrenteras son cauces naturales o quebradas que se forman en las laderas de cerros, montañas y volcanes, por donde el agua busca salida cuando las lluvias se vuelven intensas, sobre todo en verano. En el caso de la región Arequipa, su origen está ligado a su geografía volcánica y accidentada, con pendientes fuertes y suelos que permiten el arrastre de gran cantidad de sedimentos.
Durante gran parte del año, estos cauces permanecen secos y muchas veces pasan desapercibidos para quienes transitan a diario por ahí. Pero cuando llegan lluvias intensas, se activan y transportan:
- Grandes volúmenes de agua
- Lodo
- Rocas y piedras de gran tamaño
- Residuos sólidos
- Escombros
El problema es que no fluyen como un río común: avanzan con una fuerza y velocidad capaces de superar muros de contención, socavar cimientos y desbordarse hacia zonas pobladas. Es ahí cuando se convierten en una amenaza directa para familias que, muchas veces por falta de alternativas, han levantado sus casas muy cerca de estos cauces.
¿POR QUÉ SU ACTIVACIÓN RESULTA TAN PELIGROSA?
Las torrenteras son desfogues naturales. Es decir, la naturaleza las “diseñó” para evacuar agua y sedimentos en temporada de lluvias, como una suerte de válvula de escape en épocas de huaicos. El verdadero riesgo aparece cuando el crecimiento urbano invade su cauce, se rellena con tierra o desmontes y se construyen viviendas o negocios en espacios que deberían permanecer libres.
En Arequipa, el crecimiento desordenado y la necesidad de vivienda llevaron durante décadas a miles de familias a asentarse en zonas que, en temporada seca, parecen seguras. El cauce está vacío, no hay agua y la amenaza no es evidente a simple vista. Pero cuando se producen lluvias intensas, ese mismo espacio se transforma en un canal de huaicos que puede arrasar viviendas, negocios, colegios y centros de salud, como se ha visto con casos de casas al borde del colapso y muros que se desploman hacia la torrentera.
Para que tengas una idea clara, estos son algunos de los factores que aumentan el peligro:
| Factor de riesgo | ¿Por qué agrava la situación? |
|---|---|
| Viviendas en el cauce | Reducen el espacio natural de evacuación del agua y exponen directamente a familias. |
| Basura y escombros | Obstruyen el flujo y favorecen desbordes aguas arriba y aguas abajo. |
| Muros insuficientes | No siempre soportan la presión del lodo, las rocas y el socavamiento del terreno. |
| Falta de planificación urbana | Expone a más personas al peligro y complica la respuesta ante emergencias. |
Se estima que solo en la ciudad de Arequipa, cerca de 90 mil personas viven en las inmediaciones de torrenteras como San Lázaro, Chullo, Miraflores y Los Incas, consideradas desfogues naturales, pero hoy rodeadas de viviendas, comercios y vías de tránsito. Y en la provincia y el departamento existen muchas más quebradas y cauces similares que se activan cada temporada de lluvias, alcanzando distritos como Paucarpata, Mariano Melgar, Cerro Colorado o Yanahuara.

MÁS QUE UN PROBLEMA LOCAL
Aunque Arequipa concentra buena parte de la atención por la fuerza de sus torrenteras y su geografía volcánica, este fenómeno no es exclusivo de esa región. Otras zonas del sur peruano también enfrentan activaciones similares cada vez que las lluvias se intensifican, especialmente en contextos asociados a eventos como El Niño, que alteran los patrones climáticos y pueden incrementar las precipitaciones.
La preocupación no es solo por los daños materiales. Estamos hablando de vidas humanas en riesgo, interrupción de vías de comunicación, afectación de servicios básicos y pérdidas económicas importantes para familias que muchas veces ya viven al límite. En varios distritos, las lluvias recientes han obligado a suspender el servicio de agua potable y a cortar temporalmente la energía eléctrica por seguridad, dejando a miles de vecinos sin servicios en plena emergencia.
¿QUÉ CUIDADOS SE DEBEN ADOPTAR?
Aquí es donde la prevención marca la diferencia. Y aunque muchas decisiones dependen de políticas públicas, hay medidas clave que pueden reducir el impacto y que las autoridades recomiendan aplicar antes y durante la temporada de lluvias intensas.
Medidas fundamentales:
- No asentarse en el cauce natural de una torrentera, quebrada o zona donde históricamente han bajado huaicos.
- No arrojar basura ni desmonte, ya que obstruyen el paso del agua y pueden generar desbordes en tramos urbanos.
- Realizar limpieza y descolmatación en temporada seca, organizando faenas comunales con apoyo de las autoridades.
- Sembrar árboles de raíces profundas en las riberas para ayudar a contener la fuerza del flujo y estabilizar los taludes.
- Identificar rutas de evacuación hacia zonas altas, señalizarlas y practicarlas con la familia y la comunidad.
- Tener lista una mochila de emergencia con agua, alimentos no perecibles, abrigo, linterna, radio a pilas y botiquín.
- Nunca intentar cruzar una torrentera activada, ni a pie ni en vehículo, aunque parezca poca agua.
- Desconectar la energía eléctrica si el agua ingresa a la vivienda y alejarse de cables o postes en mal estado.
- Informar a las autoridades si se detectan grietas en muros de contención, debilitamiento de taludes o acumulación excesiva de materiales en el cauce.
En zonas donde la lluvia es recurrente, también se recomienda implementar sistemas de alerta temprana, organizar rondas de vigilancia de las quebradas y participar en simulacros ante huaicos y aluviones, según las guías oficiales de gestión del riesgo.
UNA LECCIÓN QUE SE REPITE CADA TEMPORADA
Cuando uno revisa lo que está ocurriendo en Arequipa, entiende que no se trata solo de lluvias fuertes, sino de una combinación de factores: geografía, urbanización sin planificación y falta de prevención sostenida a lo largo de los años. Las torrenteras no son un fenómeno nuevo, pero sí se vuelven cada vez más peligrosas cuando olvidamos que la naturaleza siempre reclama su espacio y que los cauces que hoy se ven secos pueden activarse en cuestión de minutos.
Y si algo nos deja cada temporada de lluvias en Perú es una lección clara: convivir con el entorno exige respeto, planificación y acción anticipada, desde las autoridades hasta cada vecino que decide dónde construir, cómo desechar su basura y qué tan preparado está su hogar para enfrentar un verano que, como sabemos, puede cambiar en pocas horas de un cielo despejado a una tormenta que lo remueve todo.







