
Cada año, el Estado peruano adopta una denominación oficial que se usa en documentos públicos, comunicaciones oficiales y campañas institucionales. Para el 2026, la elección del nombre “Año de la Esperanza y el Fortalecimiento de la Democracia” no es casual: llega tras más de una década marcada por crisis políticas, cambios de presidentes, enfrentamientos entre poderes del Estado y una profunda desconfianza en la ciudadanía.
Esta denominación busca enviar un mensaje doble. Por un lado, apela a la esperanza como motor social, en un contexto de cansancio frente a la inestabilidad. Por otro, pone en primer plano la idea de fortalecer la democracia, es decir, no darla por sentada, sino asumir que requiere reformas, participación ciudadana y un comportamiento más responsable de las autoridades.
En la práctica, el nombre del año funciona como un recordatorio permanente en colegios, instituciones públicas y medios de comunicación de que la agenda central del país no solo es económica, sino también institucional y ética.
Democracia en el Perú: luces, sombras y retos pendientes
Hablar de “fortalecimiento de la democracia” implica reconocer que hoy esa democracia está debilitada. El Perú ha atravesado en los últimos años una sucesión de vacancias presidenciales, renuncias, protestas sociales y tensiones entre el Ejecutivo y el Congreso, que han dejado una sensación de incertidumbre casi permanente. En paralelo, escándalos de corrupción y captura de instituciones han erosionado la legitimidad de partidos, autoridades y organismos clave.
Pese a ello, el país mantiene elementos esenciales de un sistema democrático: elecciones periódicas, pluralidad de medios, libertad de expresión y un entramado institucional que, aunque frágil, sigue funcionando. Esta coexistencia de fortalezas y debilidades explica que en 2026 el énfasis oficial se ponga en “fortalecer” y no simplemente en “celebrar” la democracia.
Los retos son claros: mejorar la representación política, reducir la corrupción, garantizar justicia independiente y reconstruir la confianza ciudadana. El nombre del año funciona como marco para que estos desafíos no se pierdan entre coyunturas pasajeras.
¿Qué significa “fortalecimiento de la democracia” en la vida diaria?
La frase puede sonar abstracta, pero en la vida cotidiana se traduce en cambios muy concretos que la ciudadanía puede percibir si se toman en serio las reformas. Fortalecer la democracia implica, por ejemplo, que los procesos electorales sean más transparentes, que los partidos dejen de ser “vientres de alquiler” y que los candidatos rindan cuentas de su financiamiento y promesas.
También significa que las instituciones que protegen derechos —como la Defensoría del Pueblo, el sistema de justicia o los organismos electorales— tengan recursos, independencia y respaldo político para actuar sin presiones. Cuando estas instituciones funcionan, la gente lo nota en trámites más justos, decisiones mejor fundamentadas y menos sensación de arbitrariedad.
Finalmente, el fortalecimiento democrático pasa por un cambio de cultura política: menos tolerancia a la corrupción, más exigencias a las autoridades, y una ciudadanía que se informa, participa y no entrega su voto a cambio de ofertas inmediatas o discursos radicales.
La esperanza como respuesta a la desconfianza y el cansancio social
La otra palabra clave del nombre del año es “esperanza”. En un país donde buena parte de la población siente que “la política no sirve” o que “todos son iguales”, plantear la esperanza como eje simbólico es un intento de contrarrestar el cinismo. Sin esperanza, la gente se desconecta de la vida pública, normaliza la corrupción y termina abonando el terreno para opciones autoritarias o mesiánicas.
La esperanza, sin embargo, no puede ser solo un eslogan. Debe estar conectada a señales concretas: avances en reformas, mejora en servicios públicos, respuesta efectiva a la inseguridad, oportunidades para los jóvenes. Cuando las personas ven pequeñas mejoras en su distrito, en su escuela o en su centro de salud, el mensaje de esperanza deja de ser abstracto y se vuelve creíble.
Incluso en contextos difíciles, la esperanza cumple un rol político importante: evita la resignación y sostiene la idea de que el cambio es posible, pero que requiere involucrarse y no mirar la política como un espectáculo ajeno.
Qué dice El Peruano y la normativa oficial
La única fuente válida para conocer el Nombre del Año 2026 será el Decreto Supremo que se publique en el boletín de Normas Legales del Diario Oficial El Peruano. El pasado 23 de enero, en dicho boletín apareció publicado el Decreto Supremo N° 011-2026-PCM que asignaba el nombre específico de “Año de la esperanza y el fortalecimiento de la democracia” al 2026.
Por práctica institucional, el decreto suele ser emitido por la Presidencia de la República y refrendado por el presidente del Consejo de Ministros, siguiendo el procedimiento general de los decretos supremos en el Perú tomando en consideración las prioridades nacionales, el contexto geopolítico e incluso fechas conmemorativas relevantes para el país. Estos actos se sustentan en la Constitución Política y en la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, que regulan la capacidad normativa del Ejecutivo y la validez de las normas una vez publicadas en El Peruano durante los primeros días de enero.
Más que una frase en los documentos oficiales
Al final, el “Año de la Esperanza y el Fortalecimiento de la Democracia” será recordado por lo que pase más allá del membrete en los documentos. Si 2026 se traduce en reformas sostenibles, mejora en la confianza institucional y una ciudadanía más activa, la denominación habrá cumplido su propósito. Si, por el contrario, se convierte en un eslogan vacío, se sumará a la lista de oportunidades perdidas.
El reto está en que autoridades, medios de comunicación, instituciones educativas y ciudadanía tomen el nombre del año como punto de partida para una conversación profunda sobre qué democracia quiere el Perú y qué está dispuesto a hacer para sostenerla. Solo así la esperanza dejará de ser una palabra bonita y se transformará en un proyecto compartido de país.
La importancia del nombre del año para el país
El nombre oficial que se asigna a cada año representa mucho más que una simple denominación. Su propósito es destacar los objetivos y prioridades nacionales en un momento histórico específico, reflejando también la visión y los valores del gobierno que se encuentra en funciones. Para muchos peruanos dentro y fuera del país, esta designación es una forma de mantener viva la identidad y los ideales colectivos que los unen.
De acuerdo con el portal Peru.info, esta práctica es una herramienta mediante la cual el Estado busca generar conciencia social, orientar políticas públicas y fortalecer el sentido de unidad nacional en torno a un propósito común. Así, cada nombre elegido invita a la reflexión y al compromiso ciudadano, fomentando el orgullo y la participación activa entre los peruanos en todo el mundo.
Esta tradición, profundamente arraigada en la historia del Perú, se ha mantenido vigente por más de seis décadas. Desde su instauración, solo tres años —1969, 1975 y 1998— carecieron de una designación oficial. A pesar de ello, la continuidad de esta costumbre demuestra su relevancia simbólica y cultural, consolidándola como una expresión de identidad nacional que sigue inspirando a las nuevas generaciones.
Nombres oficiales en Perú de los últimos años
- 2010: Año de la Consolidación Económica y Social del Perú.
- 2011: Año del Centenario de Machu Picchu para el Mundo.
- 2012: Año de la Integración nacional y el reconocimiento de nuestra diversidad.
- 2013: Año de la Inversión para el desarrollo rural y la seguridad alimentaria.
- 2014: Año de la Promoción de la industria responsable y del compromiso climático.
- 2015: Año de la Diversificación productiva y del fortalecimiento de la educación.
- 2016: Año de la Consolidación del Mar de Grau.
- 2017: Año del Buen servicio al ciudadano.
- 2018: Año del Diálogo y la Reconciliación Nacional.
- 2019: Año de la Lucha Contra la Corrupción e Impunidad.
- 2020: Año de la universalización de la salud.
- 2021: Año del Bicentenario del Perú: 200 años de Independencia.
- 2022: Año del Fortalecimiento de la Soberanía Nacional.
- 2023: Año de la Unidad, la Paz y el Desarrollo.
- 2024: Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho.
- 2025: Año de la recuperación y consolidación de la economía peruana.







