
Randy Rupp creía que ya nada podía sorprenderlo. Tras años de trabajo como agente federal especializado en detectar fraudes, él y su esposa Becki organizaron con calma un viaje de senderismo a los Dolomitas, en Italia. Reservaron su hotel en Bolzano con meses de anticipación mediante una agencia de viajes en línea y pensaron que todo estaba bajo control. Fue entonces cuando recibió un mensaje por WhatsApp que parecía provenir directamente del hotel y contenía datos precisos sobre su reserva, lo que lo hacía creíble. Becki Rupp, asesora de viajes con amplia experiencia, reconoció que el texto no generaba sospechas a simple vista.
“Estaba muy bien redactado”, dijo la mujer en conversación con un reportero de USA TODAY. El remitente solo pedía volver a ingresar la información de la tarjeta de crédito a través de un enlace; sin embargo, un detalle técnico evitó que cayeran en la trampa. “La página de confirmación no funcionaba”, explicó Becki.
Esa falla la llevó a contactar al hotel por su sitio web oficial, donde confirmaron que no existía ningún problema con la reserva. Así, se dieron cuenta de que el mensaje había sido un intento de estafa.
El incidente forma parte de una tendencia preocupante y creciente: la inteligencia artificial está elevando las estafas de viajes a un nuevo nivel. Herramientas como ChatGPT o Gemini han eliminado señales clásicas de fraude, como errores ortográficos o mensajes mal escritos.

Hoy, los engaños incluyen textos perfectos, páginas web casi idénticas a las reales y técnicas de manipulación psicológica difíciles de detectar. “Las estafas de viajes se han multiplicado con la IA”, advirtió Cayce Myers, profesor de comunicación en Virginia Tech.
Las cifras confirman el problema. Un informe de McAfee señala un aumento del 900% en estafas de viajes impulsadas por IA en el último año. Uno de cada cinco estadounidenses fue engañado al reservar un viaje y, entre quienes perdieron dinero, el 13% perdió más de 500 dólares y el 5% superó los 1.000 dólares.
Los delincuentes utilizan la IA de distintas formas: clonan voces para hacerse pasar por aerolíneas o hoteles, crean correos de phishing con apariencia legítima y montan sitios web falsos con reseñas inventadas.
“El ritmo o el tono de la voz suele estar un poco fuera de lugar, o suena demasiado perfecto”, explicó Mike Engelhart, director de tecnología de iSeatz. En la misma línea, Edward Tian, CEO de GPTZero, advirtió: “La tecnología de IA puede crear mensajes que parecen totalmente legítimos, sin los errores que normalmente esperarías”.

Aun así, los expertos insisten en que hay señales que siguen siendo útiles. Los negocios reales no piden pagos con criptomonedas, tarjetas de regalo o transferencias poco rastreables. Las direcciones web con errores mínimos o dominios extraños también son una alerta.
“Los proveedores legítimos siempre pueden confirmar un número de reserva o ticket sin pedirle al cliente que vuelva a dar esos datos”, señaló Nic Adams, cofundador de 0rcus. Y, sobre todo, la prisa excesiva suele ser sospechosa. “La urgencia es una gran señal de alerta”, afirmó Zoey Jiang, profesora de tecnología empresarial en Carnegie Mellon University.
Si alguien sospecha que cayó en una estafa, la recomendación es actuar rápido: cortar el contacto, avisar al banco, verificar la reserva por canales oficiales, reportar el fraude y cambiar contraseñas.

“Cuanto más rápido actúes, mayores serán las probabilidades de detener pagos o revertir cargos”, explicó Anusha Parisutham, directora sénior de producto en Feedzai.
Mientras las empresas de viajes refuerzan sus sistemas, el caso de los Rupp deja una lección importante: detenerse, verificar y desconfiar un poco puede salvar no solo el dinero, sino también las vacaciones.







