
El cielo podría ofrecer un espectáculo en las próximas horas. Mientras millones de personas se preparan para observar el eclipse lunar casi total del 27 y 28 de agosto, una nueva oleada de actividad solar podría provocar auroras boreales en distintas partes del planeta.
El Centro de Predicción del Clima Espacial de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) emitió una alerta G1, considerada menor, para el 27 de agosto, seguida de una alerta G2, moderada, para el 28.
La actividad está relacionada con una corriente rápida procedente de un agujero coronal y con dos eyecciones de masa coronal que avanzan hacia la Tierra.
Las auroras podrían coincidir con el eclipse lunar
Según el portal Time and Date, existe incluso la posibilidad de que la llegada de parte de esta actividad solar coincida con el eclipse, especialmente para quienes lo observen desde Norteamérica; sin embargo, las previsiones actuales indican que el momento de mayor actividad podría producirse un poco después del fenómeno astronómico.
Una tormenta G2 puede generar auroras visibles en regiones situadas más al sur de las zonas donde normalmente aparecen.
Aun así, las eyecciones de masa coronal son difíciles de predecir con precisión, por lo que tanto su trayectoria como la hora exacta de llegada pueden cambiar a medida que se acercan a nuestro planeta.

¿Qué está provocando esta actividad solar?
Una de las causas es un agujero coronal orientado hacia la Tierra, una región del Sol desde la que las partículas pueden escapar con mayor facilidad. Esto genera corrientes rápidas de viento solar que pueden alterar el campo magnético terrestre y favorecer la aparición de auroras.
A esto se suma una llamarada solar de clase M7 registrada el 25 de agosto, que produjo una eyección de masa coronal. Otra llamarada de clase C ocurrida ese mismo día, procedente de la misma región activa del Sol, provocó además una erupción más pequeña.
La combinación de estos eventos hace que las predicciones sobre el recorrido y el momento de llegada sean menos precisas.
¿Dónde podrían verse las auroras?
En el hemisferio norte, las auroras boreales podrían desplazarse más al sur de lo habitual. En Estados Unidos, las zonas con posibilidades incluyen Idaho, Dakota del Norte, Wisconsin, Michigan, Nueva York y Maine, mientras que Canadá también podría ofrecer buenas oportunidades de observación.
En Europa, el fenómeno podría aparecer en Escandinavia, el norte del Reino Unido y algunas zonas de Rusia. En el hemisferio sur, las auroras australes podrían ser visibles en Tasmania y el sur de Nueva Zelanda, además de los extremos meridionales de Chile y Argentina.
Para aumentar las posibilidades de verlas, los especialistas recomiendan buscar un lugar oscuro, alejado de las luces de las ciudades y con cielos despejados.
En el hemisferio norte conviene mirar hacia el norte, mientras que en el hemisferio sur la orientación más favorable suele ser hacia el sur. Estas ubicaciones son previsiones y no garantías, ya que la intensidad de las auroras puede cambiar rápidamente.

¿Por qué el Sol está produciendo tantas auroras?
Las auroras aparecen cuando partículas procedentes del Sol alcanzan la Tierra y chocan con gases de nuestra atmósfera, principalmente oxígeno y nitrógeno. Esa interacción produce las conocidas cortinas luminosas, que pueden adoptar tonos verdes, rojos, morados o azules dependiendo de los gases involucrados y de la energía de las partículas.
El momento actual también favorece este tipo de fenómenos porque el Sol atraviesa el máximo solar, la etapa de mayor actividad dentro de su ciclo aproximado de 11 años.
Durante esta fase aumentan las manchas solares, las llamaradas y las eyecciones de masa coronal, elevando también las posibilidades de observar auroras.
Los agujeros coronales, por su parte, son regiones más frías y menos densas de la atmósfera exterior del Sol. Sus líneas magnéticas se abren hacia el espacio y permiten que el viento solar escape a velocidades mayores. Cuando esas corrientes llegan a la Tierra, pueden provocar actividad geomagnética y hacer que las auroras sean más brillantes.
Las eyecciones de masa coronal son todavía más importantes: se trata de enormes cantidades de plasma caliente y campos magnéticos expulsados desde el Sol.
Cuando una de ellas está dirigida hacia la Tierra, puede interactuar con nuestro campo magnético y generar tormentas geomagnéticas y auroras, cuyos efectos suelen llegar a nuestro planeta en cuestión de días.






