Los Rosales: Una familia de otra galaxia

Con una colección de 700 piezas, a Willian Rosales y familia los une su pasión por el coleccionismo.
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El ascenso de Skywalker
La colección de Willian empezó en una habitación en su casa. Poco a poco, la cantidad de figuras fueron ocupando una especie de museo en su hogar. Al día de hoy, gracias al apoyo del empresario Erasmo Wong, sus figuras son exhibidas en dos museos ubicados en Plaza Norte y Mall del Sur. “Cada figura de mi colección cuenta una historia que recuerdo con cariño. No hay ni una que yo no recuerde cómo la conseguí. Para mí, coleccionar es hacer tangible lo intangible. La historia se contó en los cines, en las pantallas y en los personajes interpretados por los actores. Es algo que no puedo tocar, pero cuando veo mis figuras y las toco con mis manos las historias pasan a formar parte del mundo real”, asevera. Foto: Violeta Ayasta / @photo.gec
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La fuerza de sentir
Como todo fanático de Star Wars, Willian es es un convencido del “poder” de la fuerza y cómo está sirve para despertar sentimientos en las personas. “En mi caso, siento que la fuerza es esa energía positiva o negativa que se desata en algunas personas”, acota. Hoy, esta energía positiva de la que habla Willian, es transmitida también a través de sus figuras coleccionables que son exhibidas en dos museos. Con emoción y mucho orgullo, él invita a que más personas visiten sus figuras y conozcan mejor el fascinante mundo que maravilló su vida. Foto: Violeta Ayasta / @photo.gec
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Costumbres familiares
Para Willian, como padre de familia, es reconfortante ver cómo el coleccionismo se ha desarrollado en sus hijos y esposa. “Me siento muy feliz, porque sé que ellos siente lo mismo que yo al coleccionar. Todos somos niños por dentro, nunca dejamos de serlo. Lo que nos une es el respeto y la admiración mutua de querer cada uno vivir su aventura. Es algo muy lindo”, resalta. Foto: Violeta Ayasta / @photo.gec
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Mi afición por Star Wars
La afición de Willian por Star Wars nació cuando vio las tres primeras películas de la saga original. “Me gustó mucho Una nueva esperanza, pero El Imperio contraataca fue la que realmente me cautivó. La escena cuando el cazarrecompensa Han Solo es congelado en carbonita por Dath Vader, eso marcó un antes y un después en mí. Foto: Violeta Ayasta / @photo.gec
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El despertar de la fuerza
“Tú sabes que me gusta Star Wars, ¿no? Me queda solo la mitad del resto de mi vida y nunca hice lo que me hubiese gustado hacer”, dijo Willian a su esposa Erika cuando le confesó su deseo de coleccionar. Por un momento, él pensó que estaba “viejo para eso” y que su sueño no era algo factible, pero ella lo incentivó a hacerlo. “Tienes que hacer las cosas que te hacen feliz, no puedes pasarte la vida pensando por qué no lo hiciste”, le respondió. Lo que empezó solo con la figura de una nave especial terminó en una colección de más de 700 pieza. Foto: Violeta Ayasta / @photo.gec
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Una Padawan en casa
“Mi hija menor, Viviana, también es una amante de Star Wars y un día me pidió que le regalara una pieza de mi colección. Le dije que escogiera y eligió el Halcón Milenario, con el que empecé todo. Ni lo dudé, se lo entregué y solo le pedí que lo cuidara. Han pasado seis años desde eso y la nave está como si yo mismo la hubiese cuidado”, cuenta emocionado Willian. Foto: Violeta Ayasta / @photo.gec
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Lo que se hereda, no se hurta
Nicolás, hijo de Willian, es un aficionado a los animes y la cultura japonesa. El joven de 19 años cuenta con una extensa colección de mangas en su idioma original. “Mi afición por los animes viene desde muy pequeño. Me llamó mucho la atención lo diferente que eran a diferencia de las caricaturas tradicionales, las costumbres de los personajes y la cultura detrás de las historias”, destaca. Foto: Violeta Ayasta / @photo.gec
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La nueva esperanza
Hace 12 años, Willian Rosales, ingeniero industrial y padre de familia, comenzó a pensar que había llegado el momento de hacer algo que lo hiciera feliz, algo que fuera un regalo de él para su niño que quedó fascinado con las películas de Star Wars. En su cumpleaños número 40, su esposa Erika lo animó a incursionar en el coleccionismo al regalarle una figura de la nave el Halcón Milenario. Así comenzó todo. Foto: Violeta Ayasta / @photo.gec
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Uno para el otro
Erika, esposa de Willian, también es coleccionista. Mientras su pareja recuperaba el tiempo perdido haciendo crecer su colección de figuras de Star Wars, ella se enamoró de las historias de Harry Potter. Cuenta que conoció el mundo de J.K. Rowlin porque acompañó a su hija al cine para ver una de las películas del niño mago. “Salí encantada de la sala del cine. Mi hija ya había leído algunos libros y me comentó sobre ellos. Poco a poco, fui comprando todos los libros y esperaba con ansías el estreno de las nuevas películas. Ahora tengo hasta las ediciones originales escritas en inglés”, manifiesta. Foto: Violeta Ayasta / @photo.gec
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"Yo quiero ser Jabba"
La gran mayoría de fanáticos de Star Wars quieren ser Luke Skywalker, Han Solo o el malvado Darth Vader. Sin embargo, Willian es diferente. Él tiene un especial cariño al personaje de Jabba The Hutt, el poderoso jefe criminal alienígena. “Yo quiero ser Jabba, me gusta mucho ese personaje. Es un súper monstruo que capturó a Han Solo. Lo amenazó con que si no le pagaba lo que le debía, lo iba a encontrar y atrapar. Lo hizo y fue su mejor trofeo. Fue algo que me fascinó, me pareció maravilloso y admiré su determinación para lograr las cosas que se propone. Mi esposa me ha dicho que me parezco a él, en el sentido que soy igual cuando me propongo conseguir una figura para mi colección”, precisa. Hoy posa sonriente con una figura tamaño real del inmenso extraterrestre. Foto: Violeta Ayasta / @photo.gec
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La odisea del general
Hay una pieza en la colección de Willians que implicó el mismo esfuerzo de una travesía intergaláctica para conseguirla y un susto. “La figura del general Grievous es una pieza muy rara, porque estaba descontinuada. Justamente, la estaba subastando y mi amigo Rómulo estaba en Estados Unidos. La había buscado y no la pude encontrar. No sé cómo hizo, pero la logró conseguir y cuando la trajo me advirtió que el empaque sonaba como una maraca. Me asusté, pero al final lo que había pasado es que venía en piezas para armar. Fue algo muy bonito ver la figura y completa, es una de las que le tengo mucho aprecio”. Foto: Violeta Ayasta / @photo.gec
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Despertar un sentimiento
William cuenta que él puede percibir cómo la “fuerza” despierta sentimientos en todo aquel que se fascina por sus figuras. Así lo ve cuando un niño pequeño recorre su colección,“Puede desatar un sentimiento que despierta algo gigantesco en algunos o puede hacerte sentir la persona más triste de todas. Lo que busco en estas exhibiciones es que, cuando el público vea mis figuras, así como el niño que corre y le dice a su hermano que quiere tomarse una foto con las piezas en exhibición, ese es el sentimiento que estoy despertando en otros y que luego ellos trasmitirán. Es algo que va más allá de lo monetario. Alguien puede cuestionarme si he invertido bien mi dinero, pero no entienden que el dinero está bien invertido cuando se usa en cosas que uno le retribuyen como ser humano”, dice. Foto: Violeta Ayasta / @photo.gec


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