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Economía para todos Carlos Parodi Carlos Parodi

Relaciones entre la política y la economía

Es común que en diferentes países del mundo la gente salga a las calles a protestar por diversas razones relacionadas con el hecho de no sentir en su vida diaria los beneficios del crecimiento económico. No observan mejoras significativas en educación, salud, seguridad, infraestructura rural, etc. ¿De qué les sirve saber que la economía creció 3.99% en 2018? ¿O que la economía peruana tiene estabilidad monetaria? Veamos.
En primer lugar habría que preguntarnos, ¿quiénes toman las decisiones al respecto? En general, la clase política, es decir, ministros, congresistas, funcionarios públicos, partidos políticos, entre otros. ¿Por qué no toman las decisiones que la ciudadanía considera correctas? ¿Cómo se relaciona la economía con la política?
La relación entre ambas tiene una doble causalidad; por un lado, si la economía no va bien, los políticos que dirigen el país aparecen como los primeros culpables por que no tomaron decisiones correctas o si lo hicieron, fueron erradas; por otro, si la economía va bien, es natural esperar que vaya bien para las grandes mayorías y eso está relacionado con reformas claves en los servicios básicos, como educación y salud. Si las instituciones políticas no funcionan, entonces estamos lejos de legislar en torno de reformas claves. Existen dos escenarios para implementar reformas: a través del consenso o de manera vertical. El primer camino es más largo, pero conduce a resultados más sostenibles y es el mecanismo normal de las democracias representativas. El segundo tiende a ocurrir en gobiernos con características autoritarias.
La democracia es el gobierno del pueblo, pero como todos no pueden gobernar, los ciudadanos eligen a algunos de ellos para que los representen, tanto en el poder ejecutivo como en el congreso. Muchas veces ocurre que la clase política olvida dos cosas: por un lado, que representa a todos, por lo que no puede decidir lo que se le antoje; por otro, cuando cualquier persona paga impuestos, financia los ingresos de los representantes. En otras palabras, los congresistas o representantes son los intermediarios entre la población y quienes deciden. Este escenario ideal funciona mejor cuando existen partidos políticos sólidos, de alcance nacional que canalicen las demandas de los ciudadanos, algo inexistente en el caso peruano. El problema es que cuando no funciona, se abre el camino a regímenes autoritarios.
Ahora bien, ¿se cumple el escenario ideal en el Perú? Mi opinión es que no y una prueba de ello son los bajos niveles de aprobación, tanto de congresistas como clase política en general. La aprobación del Presidente Vizcarra aún se mantiene alta pero de no mostrar resultados tangibles en la vida del ciudadano común como usted o como yo, pronto mostrará una tendencia hacia la baja. En términos simples, los ciudadanos no se sienten representados por quienes eligieron, no solo porque no se conectan con ellos, sino porque no dan resultados. Lo que observamos es que no saben cómo lograr consensos (cada uno ve su propio interés), promesas sin medir las consecuencias y solo con un afán electoral, escándalos de corrupción que hacen que los congresistas pasen el tiempo fiscalizándose unos a otros en lugar de discutir leyes a favor del desarrollo del país, etc. Y eso tiene un impacto sobre la economía.
Por un lado, no avanzan las reformas pues ni siquiera se discuten y es sabido que un país que no invierte bien en su propio capital humano, no tiene posibilidades de sostener el crecimiento futuro; como resultado, la economía crece menos que lo que podría crecer, pues la incertidumbre y la sensación de caos generan que se posterguen inversiones nacionales y extranjeras. En el mediano plazo es muy complejo tener una buena economía con una mala política, pues no es sostenible la primera sin la segunda. La política no está divorciada de la economía, aunque parezca que sí.

 

 

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