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¿Qué caracterizó al 2017? En primer lugar, el escándalo de corrupción de la empresa brasileña Odebrecht, que puso en duda la honestidad de toda la clase política; en segundo lugar, el ‘niño costero’ de los primeros meses del año, que afectó de manera negativa a la costa norte; en tercer lugar, un entorno económico externo favorable que se manifestó en el crecimiento del precio de los metales.

Sin embargo, la economía venía mal antes de los hechos mencionados; el sobreajuste fiscal del segundo semestre del 2016, que se manifestó en una caída de la inversión pública y la imposibilidad de destrabar megaproyectos en el período mencionado llevó a la renuncia del ministro Alfredo Thorne. Fue en esas circunstancias en que estalló el problema de Odebrecht y el ‘niño costero’. Por lo tanto, ambos eventos magnificaron la caída pero no la originaron.

La economía peruana tiene dos motores. En primer lugar, la inversión privada, que representa el 80% de la inversión total de la economía. Este motor cayó de manera continuada desde el 2014 hasta el primer semestre de 2017. En el tercer trimestre revirtió su caída, pues creció 5.4%. La inversión pública que alcanza al 20% de la inversión total siguió el mismo comportamiento de la privada y recién creció 5% en el tercer trimestre. El segundo motor de la economía son las exportaciones, que se elevaron a lo largo del año (13.2%, 13.6% y 4.6%, respectivamente), dada la recuperación de la economía mundial (fenómeno que no parece sostenible).

Sin embargo, el consumo privado, que representa más del 70% de la demanda total de la economía creció solo 2.1%, 2.4% y 2.5% en cada uno de los tres primeros trimestres del 2017, muy lejos del promedio de 3.3% de crecimiento de los tres años anteriores. Y esto explica por qué las empresas han notado una menor demanda por lo que venden. ¿Y de qué depende el consumo privado? Pues de los ingresos de las familias, los que a su vez están relacionados con el empleo. Al aumentar el empleo, crece el ingreso de los ciudadanos y por lo tanto, el consumo. De tal manera que la lentitud del aparato productivo de crear empleos (con la excepción del sector informal, cuyos empleos se asocian con bajos salarios) impidió que la mejoría del tercer trimestre se manifestara en los bolsillos de la población. El resultado es un crecimiento que girará en torno de 2.6%, muy por debajo del 3.9% de 2016 y casi similar al 2.4% de 2014.

La inflación del 2017 fue de 1.36%, por lo que se espera que en 2018 el Banco Central reduzca sus tasas de interés, dado que su meta es una inflación anual de 2% con un margen de error de +/-1%.

¿Dónde nos dejan estas cifras? En un año mediocre. Más aún, dados los problemas de corrupción y la crisis política relacionada con el indulto presidencial, las cifras estimadas para 2018 se ajustarán hacia la baja. Será un año en el que la economía dependerá de la política, por lo que su característica central será la incertidumbre. ¿O alguien, en enero de 2017, imaginaba un diciembre con el pedido de vacancia y el indulto a Fujimori? Decir que la economía solo depende de la economía es no saber de economía, aunque suene un trabalenguas.

 

 

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