
Las largas filas en los controles de seguridad y la falta de personal siguen complicando los viajes en varios aeropuertos de Estados Unidos durante el cierre parcial del gobierno; sin embargo, un grupo reducido de terminales ha logrado evitar gran parte de este caos gracias a un sistema distinto: el uso de empresas privadas para realizar los controles de seguridad.
Al menos 20 aeropuertos en el país forman parte del programa conocido como Screening Partnership Program (SPP), creado en 2004. Este modelo permite que compañías privadas se encarguen de las inspecciones de seguridad, aunque siempre bajo la supervisión de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA).
Para los pasajeros, la diferencia suele pasar desapercibida, pues los trabajadores de empresas privadas deben cumplir con los mismos estándares federales que los agentes de la TSA, incluyendo la capacitación y los protocolos de seguridad exigidos por el gobierno.

“Con la seguridad privada, los empleados aún tienen que estar capacitados y seguir los mismos estándares federales de seguridad que la TSA”, explicó Daniel Bubb, ex piloto comercial y experto en aviación de la Universidad de Nevada en Las Vegas, al medio Fox News.
Uno de los principales beneficios de este modelo es que estos aeropuertos sufrieron menos interrupciones durante el cierre del gobierno. A diferencia de los agentes federales, los trabajadores de empresas privadas continúan recibiendo su salario gracias a contratos previamente financiados.
Aeropuertos como San Francisco Internacional y Kansas City Internacional, así como otras terminales regionales, forman parte de este programa.

“Nuestros agentes de control han seguido recibiendo su pago durante este cierre del gobierno”, señaló Doug Yakel, portavoz del aeropuerto de San Francisco, quien destacó que esto permitió mantener una “fuerza laboral estable” mientras otros aeropuertos enfrentan escasez de personal.
La situación general sigue siendo complicada en el resto del país. La TSA reportó tasas de ausencias superiores al 10% y la renuncia de cientos de agentes durante este periodo, lo que incrementó los tiempos de espera en los controles de seguridad.
Expertos señalan que este modelo privado podría ganar relevancia en el futuro, especialmente ante la repetición de crisis presupuestarias.

“En cierto modo, los aeropuertos están experimentando con programas de seguridad privada para ver qué funciona mejor”, afirmó Bubb, quien añadió: “No me sorprendería que más aeropuertos se muevan hacia la seguridad privada para evitar este tipo de situaciones”.
Aun así, el sistema no está libre de críticas. Algunos grupos laborales advierten que la privatización podría afectar la seguridad y la rendición de cuentas.
Mientras tanto, Bubb recordó el impacto humano de la crisis: “Los viajeros deben recordar que los agentes de la TSA están esencialmente trabajando sin paga durante un cierre”.
Además, hizo un llamado a la calma: “Si todos pueden trabajar juntos, ser pacientes y amables entre sí, esto funcionará mejor”.






