Cuando el hielo se acumula en el congelador, no solo reduce el espacio disponible: también hace que el aparato gaste más y funcione peor. La escarcha impide que el frío circule bien, el motor se fuerza y la factura de la luz se resiente. La buena noticia es que hay una forma rápida de solucionarlo sin esfuerzo: un simple rollo de papel de aluminio.
La idea es sencilla: aprovechar un material que reparte el calor con mucha eficacia para que el hielo se ablande y se desprenda en pocos minutos, sin rascar ni forzar. Es un truco práctico para equipos que no son “no-frost” (en los no-frost no se forman placas y no hace falta).
Conviene, eso sí, mantener el sentido común durante el proceso: calor moderado, cables y agua separados, y nada de tapar conductos internos con el papel. El objetivo es ablandar el hielo, no calentar la carcasa.
La clave de su éxito está en las propiedades del aluminio: su alta conductividad térmica, de unos 200 W/m·K, hace que el calor se distribuya mucho más rápido que en materiales como el plástico o la cerámica. Por eso también se usa en utensilios de cocina o bandejas para descongelar alimentos: actúa como un “puente” que reparte el calor y, en este caso, acelera el deshielo de forma uniforme.
Los expertos recomiendan descongelar el congelador al menos dos veces al año o cuando la capa de escarcha supere los 5 milímetros de grosor. Hacerlo con frecuencia evita que el hielo se acumule, mejora la refrigeración y mantiene el aparato en condiciones óptimas.
Una vez limpio, basta con secar bien las paredes y enchufarlo de nuevo. Colocar los alimentos en orden y sin bloquear las rejillas internas ayudará a mantener la temperatura estable y evitar nuevas acumulaciones.
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