Zumbidos, crujidos o chasquidos forman parte del funcionamiento habitual de una nevera, un aparato que trabaja sin descanso las 24 horas del día y que atraviesa constantes ciclos de enfriamiento y descongelación. La mayoría de estos sonidos no son motivo de preocupación, aunque conviene saber diferenciarlos para detectar cuándo se trata de ruidos normales y cuándo pueden ser la señal de un problema.
Por la noche, cuando la casa está en silencio, estos sonidos se perciben con mayor claridad y pueden parecer más intensos de lo que realmente son. No es extraño que un chasquido repentino o un zumbido prolongado del frigorífico despierte dudas e incluso cierta alarma en mitad de la madrugada.
Como explican distintas webs especializadas en electrodomésticos, el ruido es, en cierto modo, la manera que tiene la nevera de “comunicarse” con nosotros. Esa “voz” se debe normalmente a la dilatación y contracción de las piezas internas por los cambios de temperatura, al paso del gas refrigerante por los conductos o al arranque del compresor. Son ruidos que se hacen más evidentes durante la noche, pero que en la mayoría de los casos no implican ninguna avería.
Los expertos de La Casa del Electrodoméstico recuerdan que las neveras suelen hacer más ruidos que otros aparatos precisamente porque están siempre en marcha. Entre los más habituales se encuentran:
Todos ellos forman parte del funcionamiento normal del aparato y no deben considerarse un motivo de alarma.
No obstante, también existen ruidos que conviene vigilar. Algunos pueden indicar un mal funcionamiento:
En la misma línea, desde Grundig señalan que la acumulación de hielo en el evaporador, un compresor desgastado o componentes internos mal ajustados también pueden generar ruidos inusuales que rompen la calma en la cocina.
Los especialistas recomiendan realizar algunas comprobaciones sencillas antes de llamar al servicio técnico:
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