A comienzos de cada año en Estados Unidos, la misma pregunta se repite entre quienes limpian casas en Nueva Jersey, trabajan en construcción en Texas o sirven comida en restaurantes de Nueva York: ¿subirá o no el salario mínimo por hora en su estado? Para millones de familias latinas que viven al día, pagan renta, mandan remesas, cubren el seguro del carro y hacen mercado en lugares como Walmart, Target o La Michoacana, no se trata de una cifra cualquiera en el cheque, sino de la diferencia entre llegar ahorcados a fin de mes o tener un pequeño respiro. En 2026, varios estados de EE. UU. volvieron a mover la aguja y aprobaron aumentos que impactan de lleno a quienes trabajan en limpieza, food trucks, bodegas, delivery, supermercados, fast food, construcción y cuidados, sectores con una fuerte presencia de comunidad hispana.
En 2026 no fue la excepción. Varios estados decidieron aumentar el pago mínimo por hora con el objetivo de mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores con salarios más bajos. Aunque existe un salario mínimo federal fijado por el gobierno de Estados Unidos, cada estado tiene la posibilidad de establecer montos más altos según sus propias leyes y condiciones económicas.
Según un análisis del Economic Policy Institute, desde el 1 de enero de 2026 entraron en vigor aumentos del salario mínimo en 19 estados del país. En total, estas medidas beneficiarán a más de 8,3 millones de trabajadores, muchos de ellos empleados en restaurantes, servicios de limpieza, retail y cuidado de personas, donde los hispanos tienen una presencia muy marcada.
El impacto económico también es considerable: los incrementos sumarán aproximadamente US$5,000 millones adicionales en ingresos para los hogares a nivel nacional. En la práctica, esto significa más dinero circulando en la economía local: más consumo en supermercados, gasolineras, tienditas latinas, taquerías y otros pequeños negocios de barrio.
Este tipo de ajustes suele responder a varios factores, entre ellos:
Mientras tanto, el salario mínimo federal —establecido por el gobierno de Estados Unidos— continúa en US$7,25 por hora, una cifra que no se modifica desde 2009. Para muchos trabajadores que viven en ciudades caras como Nueva York, Los Ángeles, Miami o Seattle, ese monto se ha quedado muy por debajo de lo que cuesta realmente vivir hoy en el país.
A continuación, revisemos cómo quedaron los nuevos montos tras los ajustes aplicados este año.
| Estado | Nuevo salario mínimo por hora |
|---|---|
| Arizona | US$15,15 |
| California | US$16,90 |
| Colorado | US$15,16 |
| Connecticut | US$16,94 |
| Hawái | US$16,00 |
| Maine | US$15,10 |
| Michigan | US$13,73 |
| Minnesota | US$11,41 |
| Misuri | US$15,00 |
| Montana | US$10,85 |
| Nebraska | US$15,00 |
| Nueva Jersey | US$15,92 |
| Nueva York | hasta US$17,00 |
| Ohio | US$11,00 |
| Rhode Island | US$16,00 |
| Dakota del Sur | US$11,85 |
| Vermont | US$14,42 |
| Virginia | US$12,77 |
| Washington | US$17,13 |
En el caso de Nueva York, el monto varía según la región. Por ejemplo:
Este tipo de diferencias regionales es común en estados con altos contrastes en el costo de vida. Para un trabajador hispano que renta un apartamento en el Bronx o en Queens, el impacto del costo de la vivienda, el transporte y la comida es muy distinto al de alguien que vive en zonas rurales del norte del estado.
Entre todos los estados que aplicaron ajustes, el caso que más llama la atención es el de Hawái. Allí el salario mínimo subió US$2 por hora, pasando de US$14 a US$16, lo que representa el incremento más significativo registrado en 2026.
El aumento responde en gran parte al elevado costo de vida del archipiélago, que históricamente ha sido uno de los más altos del país. Gastos como vivienda, alimentos y servicios básicos suelen ser considerablemente más caros que en el “mainland”, por lo que los legisladores locales han optado por empujar el salario mínimo hacia arriba para que los trabajadores no se queden tan rezagados frente a la inflación.
En varios estados, el ajuste no solo alcanzó al salario base, sino también al pago mínimo para trabajadores que reciben propinas, como meseros, bartenders o personal de restaurantes y hoteles. Este punto es clave para muchos hispanos que trabajan en el sector de servicios, donde las propinas forman una parte importante del ingreso mensual.
Algunos ejemplos:
En otros estados, como Nebraska y Virginia, el salario mínimo con propinas se mantuvo sin cambios en US$2,13 por hora, el nivel federal para este tipo de trabajadores. En la práctica, esto significa que quienes trabajan en restaurantes, cafeterías o bares dependen todavía más de las propinas de los clientes para llegar a un ingreso digno a final de mes.
Otro punto interesante —y que muchas veces pasa desapercibido— es que varias ciudades también fijan sus propios salarios mínimos. Esto suele ocurrir en grandes áreas metropolitanas donde el costo de vida es mucho más alto que en el resto del estado.
Por ejemplo:
Estas cifras reflejan el mayor costo de vida en áreas metropolitanas donde los alquileres, transporte y servicios suelen ser más caros. Para comunidades hispanas que viven en estas ciudades, estos salarios mínimos locales pueden marcar la diferencia a la hora de pagar renta, seguro de salud, daycare para los niños y otros gastos básicos.
Si uno mira el panorama completo, es fácil entender por qué los estados continúan aplicando sus propios aumentos. Con un salario mínimo federal congelado desde hace más de 15 años, muchos gobiernos estatales optan por actualizar sus cifras para proteger el poder adquisitivo de los trabajadores.
En otras palabras, estos cambios no solo afectan a quienes ganan el salario mínimo. También terminan influyendo en el mercado laboral, en el consumo y en la economía local de cada estado. Cuando los salarios más bajos suben, se empujan hacia arriba otras escalas salariales y se genera más movimiento en negocios locales, muchos de ellos propiedad de emprendedores latinos.
Y si algo está claro con los ajustes de 2026, es que la tendencia apunta a que más regiones seguirán revisando sus salarios mínimos en los próximos años. Para la comunidad hispana en Estados Unidos, estar al tanto de estos cambios es clave a la hora de negociar su paga, buscar trabajo en otro estado o incluso decidir si vale la pena mudarse a una ciudad con mejores condiciones salariales, aunque el costo de vida sea más alto.
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