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Vivienda compartida, una opción cada vez más popular

Hay mucha demanda de departamentos en edificios con la modalidad “ co-living”. Common, un startup que tiene residencias en Nueva York, San Francisco, Chicago y Washington, dice que recibe 1,000 solicitudes semanales para las 500 habitaciones que ofrece.

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El residente de Carmel Place, Matthew Alexander, guarda los platos en su apartamento tipo estudio en el vecindario de Kips Bay en el distrito de Manhattan en Nueva York. (Foto: AP)

El residente de Carmel Place, Matthew Alexander, guarda los platos en su apartamento tipo estudio en el vecindario de Kips Bay en el distrito de Manhattan en Nueva York. (Foto: AP)

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El costo de la vivienda es prohibitivo para mucha gente en las grandes ciudades, pero una creciente tendencia a compartir casa ayuda a aliviar el golpe.


La vivienda compartida asume muchas formas y abarca desde casas hasta departamentos de lujo pequeños. Pero la premisa es siempre la misma: Las personas pueden ahorrar dinero y ampliar su círculo social si comparten vivienda y sacrifican espacio.


Y ahora los inquilinos tienen una nueva opción: compartir departamentos diseñados con ese fin, con el incentivo de que tienen contratos de alquiler más flexibles y no hay que pagar comisiones al alquilarlos, lo que representa un ahorro de miles de dólares. En Estados Unidos le dicen “co-living” a esta modalidad.


Un ejemplo es Carmel Place, un edificio en el barrio Kips Bay de Manhattan que funciona desde el 2016 y es administrado por Ollie, una startup especializada en co-living. Tiene 55 departamentos pequeños de un ambiente, de entre 24 y 28 metros cuadrados (260 y 300 pies cuadrados), el tamaño de un garaje para un auto.


Los departamentos vienen con sábanas y toallas, y muebles diseñados especialmente para unidades diminutas, como camas plegables. Los residentes comparten un espacio común, lavadero, gimnasio y una terraza en el techo.


Los departamentos más baratos cuestan US$ 2,775 por mes, cifra que incluye servicio de cable y Wi-Fi, limpieza y acceso a actividades sociales. A una cuadra, un departamento de un ambiente de 47 metros cuadrados (510 pies cuadrados), sin amoblar y con gimnasio, se alquila a US$ 3,150.


Matthew Alexander vive en Carmel Place desde hace dos años. Antes compartió vivienda con la modalidad de “roommate”, ocupando una habitación en un departamento tradicional, pero quería mayor privacidad, un espacio propio, y le gustó el concepto de Carmel Place porque es nuevo y ofrecía cosas como entrega de víveres.


Alexander se hizo muchos amigos a través de eventos planificados por Ollie, como clases de combinación de bebidas y otros ingredientes en Soho y una visita a una fábrica de chocolate en Brooklyn. No le importa el tamaño de su departamento, aunque dice que es demasiado pequeño como para dos personas.


“Me gusta el concepto de microdepartamento y de minimalismo”, dijo Alexander, quien tiene 27 años y trabaja en la división de personal de Citigroup.


Hay mucha demanda de departamentos en edificios con la modalidad “co-living”. Common, un startup que tiene residencias en Nueva York, San Francisco, Chicago y Washington, dice que recibe 1,000 solicitudes semanales para las 500 habitaciones que ofrece.


El de co-living es un concepto nuevo que está en plena evolución. Pero la demanda que hay hace pensar que va a sobrevivir incluso si los millennials se casan y se mudan a viviendas más grandes, ya que hay mucha gente joven lista para llenar esos vacíos.


Ollie está a punto de ofrecer viviendas en Long Island City, un barrio de Queens, Nueva York, muy cerca de Manhattan. Tiene departamentos amoblados de dos y tres dormitorios con cocinas (aunque sin sala de estar) en 13 pisos de un rascacielos de 42 pisos.

Cuenta con unidades de tan solo US$ 1,393: un dormitorio pequeño y baño compartido, con acceso a una piscina cubierta y un gimnasio.
En el mismo barrio, Craiglist ofrece un departamento de dos dormitorios por US$ 2,021.


“Estamos tratando de ofrecer a precios rebajados un producto de primera calidad”, dijo Christopher Bledsoe, cofundador y CEO de Ollie. La empresa reduce los costos al ubicar mucha gente en sus edificios y negociar rebajas con vendedores de muebles y de otros productos.


Bledsoe dice que dos tercios de los inquilinos de Ollie tienen menos de 35 años y el resto son gente de más de 50.


Otra opción de co-living es WeLive, que tiene edificios en Arlington (Virginia) y Nueva York, los cuales ofrecen 200 departamentos cada uno y espacio para trabajar compartido. Los departamentos están amoblados y son levemente más grandes que los de Ollie. Cuentan asimismo con espacios compartidos grandes y servicios como limpieza.


Un monoambiente de WeLive en Arlington cuesta de US$ 1,500 al mes para arriba, US$ 100 menos que monoambientes sin amoblar ofrecidos en el mismo barrio por Apartments.com.


Otras firmas cuentan con unidades más baratas, sin tantos servicios adicionales. HubHaus, de Los Altos, California, alquila viviendas y las adapta para que sean compartidas. Las habitaciones no están amuebladas pero las áreas comunes sí. Ofrece Wi-Fi y servicio de limpieza dos veces al mes. Y auspicia actividades como excursiones y cenas.


Una habitación en una casa de cinco dormitorios cerca de la sede de Apple en Cupertino, California, cuesta US$ 1,250. En la misma calle Craiglist ofrece una habitación con baño privado por US$ 1,300. Un departamento de un dormitorio en el mismo barrio cuesta US$ 2,750 al mes.


Sruti Merchand, cofundadora y CEO de HubHaus, dice que la modalidad de co-living se populariza porque no hay muchas viviendas baratas en alquiler. Y considera que a los jóvenes les gusta la idea de viviendas que priorizan el sentido comunitario por sobre la privacidad.

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