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La tendencia del arte digital y el mercado detrás, el caso de Félix Luque

El artista español ahonda sobre su peculiar propuesta: el efecto ciencia ficción desde la tecnología al servicio del arte.

Félix Luque

Punto de vista. Para el artista el ámbito digital otorga un margen más amplio de libertad.(Foto: USI/César Salhuana)

Punto de vista. Para el artista el ámbito digital otorga un margen más amplio de libertad.(Foto: USI/César Salhuana)

USI

Una fotografía intervenida con técnicas digitales, una obra multimedia en consecuencia y la ‘teletransportación’ del espectador a un universo hiperrealista.

La fusión de entornos físicos con una versión virtual que recrea ambientes surrealistas es la propuesta del artista Félix Luque con la serie “Memory Lane”, que se expone en una colectiva en el Espacio Fundación Telefónica.

La iniciativa, que expone la capacidad de las máquinas de capturar elementos de la naturaleza para reinterpretarla arrojando una nueva versión -en palabras del curador Pau Waelder- es una muestra del avance del arte digital que al menos a nivel local aún está lejos de alcanzar un punto de ebullición.

La aproximación del español Félix Luque es, no obstante, particular: su trabajo explora la conexión entre el arte que usa la tecnología con el universo de la ciencia ficción.

Una orientación que lo ha conducido a la constante búsqueda de nuevas técnicas (como el scaneado en 3D por fotogrametría). Aunque ello se produzca más por el concepto que demanda cada nuevo proyecto “que por la mera necesidad de asumir constantemente otras tecnologías”.

Sin embargo, si bien el propósito final de toda expresión artística es el de producir placer estético, la vertiente digital ostenta sus propias particularidades.

Prueba - ensayo
Luque cuenta así que determinados proyectos lo conducen a diseñar sus propias herramientas. De ser ese el caso, “compro los componentes, diseño y fabrico algunas de las piezas hasta hacer el ensamblaje. Eso como primera fase que normalmente se hace en un taller para después montar en un espacio más amplio la instalación y seguir con prueba - ensayo”.

Los tiempos de cada obra son distintos, aclara; sin embargo, cuando el proyecto demanda adentrarse en nuevos usos puede tardarse hasta dos años.

Nicho atractivo
El artista no duda en subrayar, asimismo, el atractivo del arte digital, pues sostiene que otorga un margen más amplio de libertad, en donde cada obra que se produce no busca necesariamente conquistar un potencial propietario.

“En el arte contemporáneo manda más el mercado, muchos artistas están dictados por la compra-venta; en el arte digital no suele ser así, yo no vendo las instalaciones porque son caras de producir y no están diseñadas para ser vendidas”.

Sustenta además que como otros artistas digitales la financiación surge a través de concursos, becas, e incluso de la difusión en espacios culturales y que, en su caso, el ejercicio de la otras actividades como la docencia contribuyen en la autogestión.

Anota así que no depender estrictamente de un mercado le facilita producir a su aire. “Normalmente el artista digital es pagado por exponer y, dependiendo de qué tan reconocido sea, puede solicitar más o menos, hay un reconocimiento por ceder derechos de exposición”.

Precisa que esta dinámica no funciona exactamente igual en el mercado de arte contemporáneo, al menos para artistas en inicios. “Porque supuestamente si expones, sube tu prestigio y, por ende, tu valor. Es un juego especulativo en que no estoy”.

A pesar de esto algunos artistas digitales se están abocando a una suerte de producción en serie a fin de que sus obras también puedan ser vendidas, señala. Sin embargo, bajo su perspectiva, podría ir en detrimento del concepto de cada pieza.

“En estos casos las réplicas hacen que las obras pierdan a nivel propósito artístico, potencia, mensaje, formato”.

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