Los viajeros corporativos son ordenados: desayunan antes de las 8 de la mañana y corren a sus citas. Hay poco tiempo para explorar o probar las cartas locales, menos para sentarse a la barra a catar los alcoholes locales.

Este es el cliente que el personal del Crowne Plaza de Miraflores conoce, pero una vez al año todos se ponen en alerta para recibir a otra especie que es menos madrugadora y más dispuesta a las caminatas largas y las noches más animadas.Se trata de los escritores extranjeros que visitan la Feria Internacional del Libro de Lima.

Nada menos que 50 personajes que por segundo año (en el 2014 llegaron 30 autores) aterrizan en Lima y llenan el Crowne con el caos que su pluma famosa trae: relacionistas públicos, mozos, periodistas, choferes, editores, guías turísticos; todos esperándolos, sometiéndolos a interrogatorios, sirviéndoles la copa de champán en el momento perfecto.

Sus díasMargot Pinasco, ejecutiva del hotel, dice que está acostumbrada a verlos rechazar el auto y lanzarse a caminar y volver con las bolsas llenas de artesanías. No son extravagantes con los pedidos, pero sí exigentes con sus tiempos, odian el room service y quieren probarlo todo.

En su breve tiempo libre, pocos logran viajar hasta el Cusco por las agendas apretadas. Y es que Pinasco asegura que, más allá del aura bohemia del artista, los escritores son ordenados en sus citas. "De hecho tienen reuniones de negocios, pues vienen muchos agregados comerciales y editores".

Eso no impide que se haya creado un rincón del escritor para encuentros como el de los ilustradores franceses con sus pares peruanos. En esa hora no falta el chilcano, bebida que ha desplazado al pisco sour en popularidad: lo prueban con todo tipo de frutas.

Tampoco hay resistencia con el sancochado (que se ha impuesto al consabido cebiche), caldo reparador después de un día de presentaciones.

EL DATOHorarios. Es imposible ver escritores antes de las 10 de la mañana. La media tarde es perfecta para que bajen al bar y hagan 'los previos' de la noche limeña.