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El negocio de las vidas paralelas, o cómo funciona el alquiler de familiares falsos

El novio, el cónyuge y hasta el padre ideal hoy tienen un precio. Agencias de alquiler de personas ganan popularidad en Japón con menús de roles a disposición. ¿La mejor compañía es aquella que se compra?

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Quizá el dinero no tenga la capacidad de comprar amor, pero sí puede adquirir su apariencia. Factor que, en sociedades como la japonesa, es determinante. Al menos así lo reseña Ishii Yuichi, un hombre de 36 años cuyo negocio consiste en convertirse en otras personas: siempre listo para fungir como amigo, novio, cónyuge y hasta padre ideal.

Cada personaje requiere adoptar un perfil a medida de las exigencias de sus clientes y las horas que le dedique tienen, claro está, un precio.
Pero no es el único, miles de personas se dedican a esa suerte de emprendimiento en Japón. El propósito es cubrir el rol que los clientes requieran en su vida personal.

Bajo un eslogan que promete “relaciones mejores que las reales”, la empresa que dirige Ishii Yuichi, Family Romance, tiene un personal de 800 actores, que van desde bebés hasta ancianos, siempre con la promesa de “proporcionar un sustituto para casi cualquier situación concebible”, según The Atlantic.

Hoy existen, al menos, 10 empresas de esta naturaleza en Japón, el doble que hace ocho años, que ofrecen diversidad de servicios a quienes no pueden encontrar compañía o, por lo contrario, optan por evitar la responsabilidad que conllevan las conexiones reales. La interacción humana a la carta se ha convertido así en la nueva norma.

Los precios varían, en efecto, en función al rol y al tiempo que exigirá. El grueso de las personas solo busca compañía básica y sin complicaciones: hay quienes rentan amigos solo para hacerse un selfie, tener citas falsas, fingir una fructífera relación amorosa, disponer un compañero de compras e, incluso, alguien dispuesto a prestar su hombro en un funeral.

Para esos roles más simples, Client Partners, una de las firmas líderes, tiene como tarifa estándar unos US$ 28 por hora, aunque la primera cuesta el doble, de acuerdo a Le Monde. Sin embargo otros solicitan montos más módicos. A Ikeda, un hombre de 46 años que labora para la agencia Ossan, lo convocan para cenar, ver un partido de béisbol o cantar en karaoke a cambio de US$ 9 la hora.

Profesionalización
No obstante, otros solicitantes exigen que mayores dotes teatrales.
Así, un “agente” puede cobrar alrededor de US$ 135 para presentarse como “invitado falso” a una boda (más algo extra si debe elaborar un discurso), en tanto que una madre soltera puede alquilar un cónyuge por US$ 48 la hora, lo que implica que el actor ayude a “sus” niños con sus deberes escolares.

El propio Ishii Yuichi ha mantenido mentiras elaboradas por años. Desde hace una década finge ser el padre de una niña que fue abandonada desde bebé. “La madre paga US$ 200 por cuatro horas, más gastos”, reveló en una entrevista concedida a The Atlantic.

Confiesa además que alguna vez lo contrataron para pedir disculpas. Fue para resolver el caso de una esposa infiel. “Cuando sucede el marido exige confrontación, el amante por lo general huye así que me traen a cambio. Comúnmente llego con la mujer, y ya que el esposo está allí, me disculpo profundamente. No pasa de un regaño: la táctica es fingir ser un yakuza (gángster)”.

Otra agente llamada Miyabi reveló a The Week que un hombre la contrató porque necesitaba a alguien con quien hablar sobre sus padres ancianos a través de emails, mientras que un escritor la solicitó para que leyera la novela sobre la que había trabajado por 10 años.

Otro caso fue el de un moribundo que quería conocer a su nieto, pero dado a que no habría nacido a tiempo, su hija alquiló un bebé.

No obstante, los agentes no pueden tener más vidas de las que pueden manejar. El personal de Family Romance solo puede tener cinco familias a la vez. El propósito es que cada actor encaje en el rol ideal. Y ello se determina a través de un formulario donde cada cliente detalla el perfil que debe tener la persona en alquiler.

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