Convencidos de que disputaría la en la recta final, hasta finales de junio, aproximadamente 100,000 hinchas llegaron al país anfitrión con la ilusión de que su selección juegue la final en el Estadio Maracaná. Los aficionados de la albiceleste han seguido llegando a Brasil, pese a no tener entradas para asistir al encuentro y no contar con los suficientes pesos.

De acuerdo al diario , en comparación de sus compatriotas que llegaban a Brasil con los bolsillos repletos de efectivo en los años 90, los argentinos de hoy atraviesan dificultades. Su economía está en recesión y su divisa se ha despreciado en casi 20% respecto al dólar este año.

Pese a la recesión y a las tasas de inflación, una de las más altas a nivel global, Argentina tiene una amplia clase media, que cuenta con un salario mínimo de unos US$ 479, el cual es semejante al de Brasil, de aproximadamente US$ 325.

Pero los argentinos que han llegado a Brasil por la fiebre del Mundial se han visto en la necesidad de estirar sus pesos. Por lo que no representan una hinchada rentable en la nación de la samba. En el país vecino, se requieren unos cinco pesos para comprar un real, monto que alcanza en Río de Janeiro para comprar un pan sin mantequilla ni rellenos. Solo una botella de agua pequeña cuesta cuatro reales, o sea unos 20 pesos argentinos.

De tal manera, los hinchas albicelestes invaden día a día los comedores sociales financiados por el Estado. Restaurante Ciudadano, ubicado en Río, es famoso por ofrecer alimentos balanceados a precios bajos. El recinto recibe diariamente unas 5.000 personas pobres, pero durante el torneo ha estado recibiendo clientes argentinos de clase media.

Aunque Restaurante Ciudadano recibe a personas que no tienen dónde dormir, obreros, jubilados y sujetos con problemas de adicción, en las últimas semanas el local recibe en promedio 200 hinchas albicelestes por día. Durante el inicio de la Copa, la clientela extranjera solo ascendía a 10, pero la voz se corrió rápidamente.

En Brasil, no es un secreto que los argentinos cuentan cada real que gastan, pues hacen cola, junto a otros brasileños, para comprar un plato de comida en comedores sociales, ahí donde cada porción cuesta menos de un dólar.

Las tácticas de negociación de los albicelestes se extienden, además, en otros lugares como en tiendas. Para muchos taxistas, son incluso un dolor de cabeza. "Llegan a su destino y se quejan de la tarifa en el taxímetro. ¿Qué es eso?", comenta un conductor al diario WSJ.

Para los comerciantes ambulantes, el triunfo de la escuadra de no es una buena noticia. "Los argentinos no compran y cuando lo hacen es solo si es barato", afirma el vendedor de camisetas Carlos Paulista.

Pero los albicelestes también representan una competencia para los vendedores brasileños con permiso. Y es que, en los últimos encuentros de la Copa, muchos hinchas se han aventurado a vender cervezas y gaseosas a los amantes del deporte rey que se reunían para ver los partidos en las pantallas gigantes que han sido instaladas en la playa.

Por fortuna, aún no se han reportado enfrentamientos entre argentinos y brasileños, de acuerdo a las autoridades.