Dos lobistas intentan en vano promover una idea en Washington

El equipo de K&L Gates escribió puntos de discusión para Kidwell y Jones y armó reuniones con legisladores, personal del Congreso y funcionarios de la administración.

Bloomberg.- Larry Kidwell y Robbi Jones no estuvieron de acuerdo para las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016. Pero los dos asesores financieros encontraron terreno común en la promesa del presidente Donald Trump de reconstruir las viejas carreteras, puentes y aeropuertos del país.

En las semanas siguientes a la victoria de Trump, decidieron ir a Washington para promover una idea audaz que financiara el programa de infraestructura del presidente: el gobierno federal podría empaquetar unos US$ 2 billones en préstamos estudiantiles y otras deudas que mantiene en sus libros y venderlo a inversionistas de Wall Street.

Los dos amigos esperan beneficiarse, también, como consejeros en las transacciones.

“Esto es algo que creo que Donald Trump entendería en dos décimas de segundo”, dijo Kidwell, un republicano de Brentwood, Tennessee. Él conoce a Jones, un demócrata de Houston, desde hace años por su trabajo en el negocio de bonos municipales.

En lugar de resultados rápidos, la pareja ha obtenido una lección ejemplificadora de la manera lenta, tediosa y cara en que Washington trabaja.

Ambos fueron muy bien recibidos por los profesionales que promocionan conexiones con Trump en Washington, pero después de siete meses tienen poco que mostrar por sus esfuerzos a excepción de algunas reuniones y una factura por lobby de seis cifras.

Kidwell y Jones, que han pasado décadas ayudando a gobiernos estatales y locales a financiar sistemas de alcantarillado, hospitales y otros proyectos importantes, pensaron que su experiencia podría ayudar a proporcionar una solución basada en el mercado para un gran problema.

También estaban motivados por la noción de que Trump cambiaría las cosas, inaugurando una nueva era que daría más poder a propietarios de pequeñas empresas como ellos mismos.

“Pensamos que sería más fácil”, dijo Jones.

Difícil de vender
En realidad, no es una tarea sencilla poner una idea en manos de las autoridades del Congreso y los altos funcionarios de la Casa Blanca, y aún más difícil es persuadirlos de que la lleven a cabo.

La que traían Kidwell y Jones parecería particularmente dura de vender, ya que recuerda las desastrosas hipotecas securitizadas que alimentaron la crisis financiera de 2008.

Algunos legisladores sin duda se cuidan de dar a los inversores privados control sobre los préstamos del gobierno y de enriquecer a los grandes bancos que manejan los acuerdos.

La propuesta “parece catastróficamente estúpida y podría facilitar abusos”, dijo Kevin DeGood, director de política de infraestructura en el Center for American Progress, un organismo con tendencias políticas de izquierda. No veo que vaya a ninguna parte.

En enero, Kidwell y Jones contrataron al cabildero de K&L Gates, Daniel Crowley, ex asesor general del representante Newt Gingrich, para que los ayudara a establecer contactos en la capital.

Crowley y Kidwell se conocían desde la década de 1990 cuando estaban en el liderazgo de la Federación Nacional de Jóvenes Republicanos.

Crowley, entusiasta de la caza del zorro y los deportes ecuestres, agregó otros seis cabilderos de su firma al proyecto, incluyendo a dos ex congresistas, según documentos federales. Ellos cobraron US$20.000 al mes.

El equipo de K&L Gates escribió puntos de discusión para Kidwell y Jones y armó reuniones con legisladores, personal del Congreso y funcionarios de la administración.

El argumento era este: el gobierno presta dinero directamente a estudiantes, agricultores, veteranos, dueños de pequeñas empresas y otros. Estos préstamos podrían ser agrupados y vendidos a fondos de pensiones, de cobertura y de inversión.

Incluso con un descuento, debido a que los préstamos se consideran más riesgosos, las ventas podrían recaudar alrededor de US$1 billón, según Kidwell y Jones.

Eso sería suficiente para pagar el plan de infraestructura de Trump sin aumentar la deuda nacional o subir los impuestos.

Pero ahora, tras siete meses en Washington, Kidwell y Jones dicen estar frustrados, aunque no renuncian a su plan. Solo le están haciendo algunos cambios.

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