Joel Campbell nunca se apareció el día en que debía firmar su contrato con el poderoso Arsenal. Era una noche del 2011. La estrella de la selección de y su padre debían llegar a las siete al Hotel Intercontinental, donde lo esperaba un representante del club londinense y el presidente del Saprissa, el equipo más popular de su país.

Según Campbell, sí llegó, pero tarde, afirmó. En realidad, esta versión es un misterio. ¿Pero qué dijo? Explicó que el examen médico demoró más de la cuenta. El canceló el fichaje, el Saprissa perdía el negocio de su vida, y el jugador –que parecía muy tranquilo–, el contrato de su vida. Todos parecían enfadados, menos él, pese a que no es normal que un costarricense de menos de 20 años cruce el Atlántico para jugar en Europa. Pero el poderoso delantero de 1.78 centímetros y 75 kilos es precisamente eso, diferente.

Campbell solo esperó. Y semanas después, el Arsenal pagó US$ 1.3 millones al Saprissa y subió en un avión al delantero. A partir de allí su vida cambió.

En otro mundo El presidente del Saprissa agregó a La Nación que se tenía programada una última reunión entre Richard Law, representante del club londinense, y la familia del jugador. Esta se realizaría en el Hotel Intercontinental a las 7 p. m.; sin embargo, ni Joel ni su padre se hicieron presentes.

Cuando Campbell llegó a Europa, finalmente, entendió que allí no era el goleador del poderoso Saprissa, ese club imposible de vencer en su país, sino un talentoso delantero frente a otros igual o más buenos que él.

Joel jugó muy poco en Londres. Entre julio del 2011, cuando llegó a Europa, y junio del 2014, antes de empezar el Mundial, el joven talento fue cedido al Lorient francés, al Betis español y al Olympiakos griego. Fue en este último club donde empezó a crecer su figura. Hizo once goles. El Arsenal ha colocado una cláusula en la que señala que si lo quieren comprar deberán abonar US$ 10 millones.

Pero no lo va a vender. Arsene Wenger, técnico del Arsenal, quien se encuentra en Brasil como comentarista de una cadena de televisión francesa, confirmó que Joel Campbell hará la pretemporada con ellos. Ese es el salto que ahora le toca dar.

En Costa Rica, donde pasa sus vacaciones, tiene otra agenda. En el 2012 inauguró su primera clínica. Planea tener una cadena, pero sobre todo terminar sus estudios de Administración de Empresas, y ser el que se haga cargo del negocio.

Calor y figura Antes de llegar a Brasil, Campbell nunca había jugado en la selección de mayores de su país. Pocos saben que el día que Costa Rica goleaba a Uruguay, el delantero escurridizo y pesado hacía su debut oficial con la selección mayor. Esa tarde en el estadio Castelao en Fortaleza marcó un gol. Lo gritó, y no se cansó de hacerlo. Fue infinitamente feliz, luego ocultó el balón debajo de su camiseta. Allí toda Costa Rica y el mundo se enteraron que será padre. Solo él y su esposa lo sabían.

Días después la defensa italiana lo padeció. Lo persiguieron, pero nunca lo alcanzaron. No anotó, pero Costa Rica volvió a ganar, pero sobre todo clasificar en un grupo en el que nunca fue favorito. "Esto es fútbol, nosotros trabajamos tranquilos, entramos por la puerta de atrás y quién sabe por dónde podemos salir", señaló tras el encuentro con los italianos. Mañana juega contra Grecia. Y como dice Campbell, quién sabe lo que pueda pasar.

Un años antes, en una entrevista, confesaba que uno de sus sueños era conocer Brasil; el otro, ser DJ. No lo dijo, pero también adora la fama. Siempre acepta una entrevista, nunca falla con la televisión. Fue feliz al saber que su rostro era parte del álbum de Panini. De figura pasó a ser una figurita.

Pero sufrió cuando no encontraba su cromo para pegarlo en su álbum. Envió un mensaje por Twitter, en la que incluyó una foto en la que se le veía junto a los 100 sobres que compró y en los que ninguno encontró su imagen. Panini le respondió: "Sí estás, te podemos enviar uno a tu casa".