Por Daniel Goya

La mañana del día de la inauguración del todavía había muchos detalles por resolver. Algunos stands terminados y listos se confundían con los que aún necesitaban mayor trabajo. La directora de una galería chilena hablaba por celular tratando de solucionar un problema con la aduana, pintores daban los últimos acabados y los técnicos electricistas intentaban hacer decenas de conexiones en tiempo récord. Había tensión, rapidez y teléfonos sonando cada medio minuto. Más que la instalación de una feria de arte parecía una de esas escenas de Wall Street que tanto ha retratado Hollywood en sus películas.

Pero conforme avanzaba el día todo fue tomando forma, las instalaciones quedaron listas, las luces funcionaban y, poco a poco, los directores de las galerías tenían tiempo para conversar entre sí y aguardar la inauguración. De esa manera, la tensión dio paso a los brindis y festejos. Todo lo que se hace con pasión está destinado al éxito y así fue el 24 de abril pasado, una fecha que posiblemente será recordada como un antes y un después por la comunidad artística local, ya que el Art Lima activó de una manera nunca antes vista el mercado del arte en el Perú. "Por primera vez se logró la declaratoria de zona primaria en el Perú para obras artísticas, lo que significa que las piezas podían ingresar libremente y recién pagar los impuestos luego de realizada la venta. Si no se vende, la obra regresa a su país", explica Rochi Del Castillo, organizadora del Art Lima.

Otra prueba del éxito fue la asistencia del público, que marcó un nuevo récord. En los cuatro días del Art Lima, cerca de 16.000 personas visitaron la feria, el doble de lo que usualmente convocan los eventos de arte en Lima. Asimismo, se estima que se llegaron a vender piezas por un total aproximado de US$ 600.000 y que ningún coleccionista extranjero se fue con las manos vacías. "La feria ha cumplido todas nuestras expectativas. La idea era apuntar a un público extranjero y todo salió perfecto. Incluso, luego del evento, se nos acercaron dos galerías foráneas a pedirnos ayuda para encontrarles locales en Lima porque quieren tener una sucursal aquí", anota Del Castillo.

Los buenos resultados del Art Lima y de , una feria de que funcionó en paralelo, hablan de un mercado en vías de maduración que puede convertirse en una alternativa muy competitiva. Según Beautiful Asset Advisors (BAA), la inversión en arte puede competir en rentabilidad codo a codo con el mercado de acciones. Por ejemplo, en la primera mitad del 2012, la rentabilidad de las obras de arte, según BAA, fue de 7,3% anual, mientras que la rentabilidad de las acciones, según el índice S&P 500, fue de 6,2%.

El magnate norteamericano Paul Getty, dueño de la compañía Getty Oil y fundador del Museo Getty de California, no tiene reparo en decir que ha ganado más dinero con las obras de arte que con el petróleo. En el 2011, en medio de la incertidumbre de la crisis global, el mercado del arte en el mundo registró ventas por US$ 11.500 millones y por primera vez EE.UU. dejó de ser el principal comprador de arte, desplazado por China, país que se las arregló para tener el 12,1% del mercado con piezas cuyo valor van desde los US$100.000 hasta cerca del millón de dólares. Incluso, el país asiático y su hambre por el arte hizo que Pablo Picasso deje de ser el artista más rentable, siendo relegado por Zhang Daqian, un pintor que vivió entre 1899 y 1983.

Pero si en el mundo el mercado del arte parece moverse a velocidades espectaculares, con grandes cambios y evolución, el Perú también experimenta un momento interesante. Para Armando Andrade, presidente del comité de subastas del Museo de Arte de Lima, la pujanza creativa de los peruanos ha hecho que empiece a crecer poco a poco el interés en el extranjero por más artistas nacionales. "Durante mucho tiempo el arte peruano ha estado devaluado, pero hoy vemos a jóvenes que le venden a los museos más importantes de EE.UU., Francia, España, Alemania e Italia", comenta.

Esta demanda por arte en el Perú también la sienten las galerías, que se encargan de promocionar y respaldar a los nuevos artistas. Rosario Orjeda, directora de la Galería Vértice, participó tanto en el Art Lima como en PArC y presentó a 17 artistas locales. "Nos fue muy bien en ambos lados, porque hay una demanda interesante tanto de compradores extranjeros como nacionales que están dispuestos a invertir en artistas jóvenes", explica Orjeda, quien recomienda a los nuevos coleccionistas que adquieran arte de su generación. "Ha pasado con generaciones anteriores, que compraron arte contemporáneo y después de algunos años han visto elevarse los precios de sus obras", asegura.

Refugiarse en el arte Michael Moses, fundador de la BAA, asegura que el arte tiene una correlación negativa (o muy baja) con las inversiones en acciones, sobre todo cuando se hace la comparación del índice de arte con el de acciones S&P 500. Para Rosario Orjeda, el arte es un buen refugio y forma de ahorro. "Vemos cómo, cuando la economía cae, el valor de las obras sube. Además, tienes el valor agregado de tener una propiedad que se puede disfrutar mientras aumenta su valor. Una acción no inspira", acota.

Virginia Fernández es una joven empresaria y fotógrafa que abrió hace un par de años una galería llamada Sala 58. Para ella, existen artistas nuevos que pueden ser una gran inversión a futuro. "Si uno se asesora bien, puede encontrar obras que van a elevar su precio fácilmente. Yo adquirí hace poco una obra por S/. 2.000 que hoy debe valer fácilmente US$ 20.000", afirma.

No obstante, el pintor Ramiro Llona es más escéptico. "No todos pueden descubrir a Picasso a los 20 años y hacer una fortuna. Es verdad que hay talento, pero se debe ver cuánto tiempo puede mantenerse en escena", advierte.

La especulación sin límitesEn su libro The US$ 12 million stuffed shark, the curious economics of contemporary art, el economista Don Thompson cuenta la historia de cómo se logró vender un tiburón disecado por US$12 millones apelando a la teoría de que "en el mundo del arte contemporáneo, la marca puede sustituir al juicio crítico".

En tal razón, lo que hizo deseable a una obra tan cara y rara no solo fue la calidad artística que podía encerrar, sino la leyenda que podía generar un precio desorbitado y el interés mostrado por algunos personajes claves del mundo del arte contemporáneo. Cuenta Thompson que un comprador conocido por su activa persecución del tiburón era Sir Nicholas Serota, director del Tate Modern Museum de Londres, mientras que el norteamericano Steve Cohen, un acaudalado ejecutivo de Connecticut dedicado a los fondos de inversión de riesgo, también se había interesado en el tiburón. "El Tate, Serota y Cohen constituían una representación de marca dentro del mundo artístico mayor de la que jamás se podría encontrar junta en un solo sitio", apunta Thompson en el libro para explicar la venta.

Para Ramiro Llona, la especulación existe, pero no debería ser la razón del arte. "Armando Andrade, por ejemplo, me compró unas obras a finales de la década de los ochenta por unos US$ 4.000 o US$ 6.000 y hace tres años vendió una de ellas a US$ 60.000", comenta. Sin embargo, para el artista, los inversores de corto plazo son los que más dinero pueden ganar si se mantienen en la compra y venta rápida. "Los que más plata hacen son los que compran una obra o una colección y, en menos de un año, la venden al doble o triple de lo que pagaron", detalla.

El mercado del arte peruano parece tomar forma poco a poco. El éxito de Art Lima y de PArC es un paso fundamental. Pero, solo se concretará en la medida en que se amplíe el número de coleccionistas.