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Usar el teléfono al volante, un riesgo difícil de controlar incluso en EE.UU.

Los teléfonos celulares se han convertido en un problema más grande que exceder los límites de velocidad o frenar y acelerar de forma abrupta en las pistas de EE.UU. Lo peor del asunto es que las leyes parecen tener poco efecto en el problema. 

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En algunos estados de EE.UU., las leyes que prohíben el uso del teléfono parecieron tener poco efecto. (Foto: Bloomberg)

Los reguladores de seguridad en Estados Unidos todavía no tienen idea de cuán letal puede ser la combinación de teléfonos celulares y automóviles, pero la creciente evidencia pinta un sombrío panorama.

Los últimos datos desconcertantes provienen de un amplio estudio de Zendrive, una startup con sede en San Francisco que rastrea el uso del teléfono para las aseguradoras de automóviles y flotas de servicio de viajes privados.

De los 2.3 millones de conductores que monitoreó en 5,600 millones de millas (unos 9,012 millones de kilómetros), alrededor del 12% se caracterizó como adictos a teléfonos móviles: realizan llamadas, envían mensajes de texto o revisan aplicaciones tres veces más que el conductor promedio.

"Sin una acción decisiva y mucha información, será difícil ver que la tendencia se revierta", dijo el cofundador y máximo ejecutivo de Zendrive, Jonathan Matus. "Recién estamos comenzando y siento que todavía es una batalla cuesta arriba".

Además, las leyes que prohíben el uso del teléfono parecieron tener poco efecto. En los 15 estados que cuentan con tales medidas, la proporción de adictos al teléfono solo disminuyó en dos puntos, del 12% al 10%. "Es un área de gran preocupación para mí", dijo Matus. "Significa que las reglas no se conocen, que la aplicación no es efectiva o que las personas son tan adictas a sus teléfonos que están dispuestas a correr el riesgo".

Si las muertes recientes sirven como indicador, las tres condiciones parecen ser probables. Después de décadas de descensos graduales, las muertes en las carreteras en Estados Unidos aumentaron un 14.4% entre el 2014 y 2016. Las mayores escaladas de mortalidad se registraron entre peatones, ciclistas y motociclistas, todos los cuales son relativamente fáciles de perder de vista desde detrás del volante para un conductor que mira un mensaje de texto.

Nadie sabe cuántas de esas muertes están relacionadas con los conductores que hacen una llamada rápida o envían un correo electrónico. La mayoría de los informes de accidentes policiales aún no incluyen una sección para registrar la distracción por teléfono móvil como causa de un choque o colisión.

Por otro lado, a los fiscales les resulta más fácil presentar cargos por exceso de velocidad y consumo de alcohol, dado que los registros de teléfonos móviles tardan más en obtenerse y, a menudo, no son determinantes.

Un estudio reciente del Consejo Nacional de Seguridad, organización sin fines de lucro que se asocia con reguladores nacionales, mostró que solo cerca de la mitad de los accidentes mortales relacionados con el uso de teléfonos móviles se codificó como tal en las bases de datos federales.

Los porcentajes más altos de conductores de alto riesgo se encontraron en un amplio sector del sur.

Zendrive puede proporcionar la visión más clara del problema. Su tecnología se apoya en aplicaciones como GasBuddy y se conecta a los sensores de un teléfono y al GPS para ver cuándo está en uso y a qué velocidad viaja.

Vende este análisis a las aseguradoras que buscan refinar los perfiles de riesgo, así como a aplicaciones conscientes de la seguridad como HopSkipDrive, servicio de transporte de pasajeros que los padres pueden utilizar para llevar a sus hijos a la práctica del fútbol. "Es como un superpoder de visión de rayos X", dijo Matus sobre su aplicación.

Aún así, incluso Zendrive podría no estar considerando el alcance total del peligro. Su plataforma solo registra el uso del teléfono cuando el dispositivo se está moviendo dentro de un automóvil, incluyendo desde el bolsillo de la chaqueta hasta la mano. Un conductor de Uber que manosea un iPhone montado en un tablero no es captado.

La única buena noticia que se tiene de los datos de Zendrive es que sus cifras no son más altas. Parece que los hábitos de unos pocos imprudentes pueden estar sesgando las estadísticas para todos los demás en las calles. En total, menos de un tercio de los conductores monitoreados fueron señalados por comportamiento arriesgado. Un respetable 71% no mostró ninguna tendencia preocupante.

"Desafortunadamente, el 30% de los 200 millones (conductores) es un número bastante grande", dijo Matus. Más allá de los abusadores del teléfono, la compañía descubrió que el 9% de los conductores aceleraron y frenaron agresivamente, un grupo demográfico que Zendrive denominó "pies de plomo frustrados". Mientras tanto, un 8% se caracterizó como demonios de la velocidad, que sobrepasan los límites casi seis veces más que el conductor promedio.

Los estados de Nueva Inglaterra y el noroeste del Pacífico tuvieron la mayor cuota de conductores de bajo riesgo, mientras que los mayores porcentajes de conductores de alto riesgo se encontraron en un amplio sector del sur que va desde Nuevo México hasta Georgia y Florida.

Para aquellos que buscan evitar conductores distraídos, la mejor apuesta es en las profundidades de las Montañas Rocosas. Montana, Wyoming e Idaho registraron las cifras más bajas en el uso de teléfonos celulares. Por supuesto, el servicio en esos lugares puede ser irregular.

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