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¿Robots peligrosos? Modelo cooperativo aspira a una relación robot-humano segura

A medida que avanzamos hacia un mundo cada vez más automatizado, ¿cómo llegar a un punto en que los robots y los humanos puedan existir codo a codo, compartir el espacio y colaborar en las tareas?

La interacción robot-humano segura y eficiente se denomina “robótica cooperativa” o “cobótica”. (Bloomberg)

(Bloomberg Business).- En junio de este año un robot aplastó a un hombre causándole la muerte en una fábrica de Volkswagen en Alemania. El operario de mantenimiento de 22 años quedó atrapado entre un gran brazo robótico y una placa de metal en un área generalmente prohibida para los humanos.

El trágico accidente puso de relieve un reto tecnológico mayúsculo: a medida que avanzamos hacia un mundo cada vez más automatizado, ¿cómo llegar a un punto en que los robots y los humanos puedan existir codo a codo, compartir el espacio y colaborar en las tareas?

La interacción robot-humano segura y eficiente –lo que se denomina "robótica cooperativa" o "cobótica"- tiene el poder de transformar las líneas de montaje, el trabajo doméstico, la salud y la logística.

Los fabricantes de autos y los gigantes aeroespaciales –ya fuertemente automatizados- han sido los primeros en adoptarla, en tanto BAE Systems anunció este mes planes destinados a utilizar la cobótica para construir aviones de guerra.

Segregación. Tal como están las cosas, los robots industriales son demasiado peligrosos para compartir espacio con los humanos –han sido relacionados con más de 20 accidentes fatales solamente en los Estados Unidos- y por ende tienden a ser blindados por grandes pantallas.

"Son fantásticos para mover cosas pesadas a grandes velocidades en tareas monótonas, pero se mueven ciegamente sin ninguna inteligencia. Si establecen contacto con un humano pueden causar una lesión grave y pueden matar gente", dice José Sáenz, del Instituto Fraunhofer de Operación y Automatización Industrial en Alemania.

A diferencia de generaciones anteriores de robots, los "cobots" cuentan con sensores y características de seguridad que les permiten detectar a humanos cercanos y reaccionar en consecuencia. Esto permite la asociación perfecta: la fuerza y la precisión de las máquinas con la capacidad de los empleados para ver, sentir, pensar y adaptar.

Se trata, por ahora, de una relación amigable dado que los humanos tenemos habilidades que son muy difíciles de programar. "Hay una gran cantidad de experiencia y conocimiento no escrito que no se puede codificar. Por lo tanto un trabajador puede darse cuenta de que algo no está bien, o que un taladro vibró de una forma incorrecta o que una superficie es demasiado rugosa", explica Sáenz. "¡Pero trate de escribirlo en un documento que se pueda usar para programar un robot!"

Los robots más avanzados son funcionalmente flexibles, o sea que el mismo modelo puede cambiar fácilmente entre rangos de tareas como recoger, cargar y manipular materiales.

Baxter, realizado por Rethink Robotics, tiene dos brazos y un rostro animado en una pantalla similar a una cabeza. Se le puede enseñar a llevar a cabo tareas mediante una demostración: el humano manipula una vez los brazos en una secuencia de posiciones, y la máquina repite luego la acción. Los gestos faciales en la pantalla ayudan a alertar a los humanos cercanos en qué está concentrado el aparato y cuándo algo inesperado lo confunde.

El primer Baxter que trabajó fuera del laboratorio de investigación lo hizo en el gigante australiano de confitería Haigh's Chocolates en febrero de 2015. Allí trabaja sin estar encerrado junto a los empleados recogiendo chocolate con bombas de succión de la línea de producción.

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La próxima frontera para la cooperación con robots es la electrónica de consumo, un sector que actualmente depende en gran medida del montaje manual.

En marzo de este año, Baxter tuvo un hermanito de un solo brazo llamado Sawyer, diseñado para actividades más delicadas como probar tableros de circuitos y cuidar máquinas.

Una vez que los robots estén bien establecidos y hayan sido probados en la industria, comenzarán a aparecer en el ambiente doméstico, pero eso planteará problemas singulares.

"En un entorno industrial todos son personas mayores de 18 años, que aceptan trabajar allí y usan gafas y calzado de seguridad. En la casa, las cosas se tornan más difíciles, con mascotas y bebés dando vueltas en el piso", dice Sáenz. "Pero el mercado es aún más grande".

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