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Hay una manera de luchar contra Facebook y Google

El informático británico  Tim Berners-Lee inició una campaña para elaborar un nuevo "Contrato para la Web" –una especie de carta magna de internet– que la convertiría en un lugar más seguro, agradable y equitativo.

Tim Berners-Lee

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Tim Berners-Lee, inventor de la World Wide Web.

¿No sería maravilloso, con la gran cantidad de información disponible hoy en día en internet, volver a la agradable sensación de pueblo pequeño de los primeros días de la web, cuando era gratuita para casi todo el mundo que tenía acceso a ella, los datos personales no se compraban ni se vendían, las decisiones importantes no las tomaban algoritmos y la intimidación, el acoso y la desinformación en línea eran tema solo de unos pocos grupos de noticias no moderados de Usenet?

Bueno, Tim Berners-Lee, a quien se le atribuye el mérito de haber inventado la World Wide Web (www), parece creer que podemos conseguir avanzar al menos la mitad de ese camino si todos acordamos que así debe ser.

A través de su fundación World Wide Web Foundation, el informático británico inició una campaña para elaborar un nuevo "Contrato para la Web" –una especie de carta magna de internet– que la convertiría en un lugar más seguro, agradable y equitativo; un medio de comunicación que sirve al progreso y no un espacio para el odio, el abuso y las noticias falsas. Los fundamentos intelectuales de la campaña se exponen en un informe adjunto:

La web está bajo amenaza, pero la web que queremos no está fuera de nuestro alcance. Depende de nosotros superar estas amenazas y asegurarnos de que la web siga siendo una plataforma abierta que sea realmente una fuerza del bien para todos.

El informe enumera las formas en que se ha quebrantado internet. El crecimiento anual de los nuevos usuarios de internet en los países menos desarrollados, según el informe, ha caído a sólo un 15% en el 2017 frente al 41% de 2014. La base de usuarios en los países en desarrollo está inclinada fuertemente hacia los hombres. Alrededor del 54% de todas las páginas web están en inglés, aunque tres cuartas partes de la población mundial no habla este idioma con la fluidez de un nativo.

Mientras tanto, en los países más desarrollados la gente tiene problemas de privacidad y seguridad, no entiende los términos de servicio de las compañías en línea y sufre regularmente de filtración de información. Las decisiones automatizadas se toman mediante algoritmos defectuosos y sesgados (por ejemplo, los anuncios de oportunidades de trabajo mejor pagados no se muestran a las mujeres) y el abuso en línea es generalizado.

La gente está obteniendo acceso a internet a través de un pequeño grupo de gigantescas empresas de tecnología. Alrededor del 90% de las búsquedas se realizan a través de Google, más de la mitad de los servicios en la nube se ejecutan en Amazon, 2,200 millones de personas utilizan Facebook al menos una vez al mes.

En todas partes, los gobiernos están intensificando las iniciativas de censura y vigilancia.

Se trata de una letanía ya conocida, pero el informe es un intento provechoso de elaborar una lista de problemas prioritarios. También deja claro que el libre mercado no podrá resolver la mayoría. Las contramedidas sugeridas por la fundación de Berners-Lee requieren mucha intervención gubernamental.

¿Quién, aparte del Estado, podría "desarrollar una política inteligente que fomente la competencia y baje los precios", ampliar el acceso público y desarrollar la infraestructura de banda ancha para ayudar a aumentar el acceso a internet para todos? ¿Quién más puede "establecer leyes de protección de datos exhaustivas y marcos operativos sólidos" y "garantizar que las decisiones automatizadas sean explicables y responsables para las personas a las que se supone que se dirigen"? ¿Quién sino el gobierno está interesado en publicar contenidos en lenguas minoritarias?

Y, obviamente, si la censura y la vigilancia fueron desplegadas por los gobiernos, ellos mismos son los responsables de retirarla. Sin embargo, es difícil imaginar que los Estados conviertan la iniciativa de Berners-Lee en una especie de convención internacional vinculante.

¿Existe alguna posibilidad de que Estados Unidos, China y Rusia suscriban un documento que conceda a los usuarios de internet los derechos que pensaban que tenían antes de que se comercializara la web y se comprometan a financiar proyectos de infraestructura globales? Extremadamente improbable.

Como era de esperar, entre los primeros signatarios de la supuesta "carta magna" se encuentran Facebook y Google, dispuestos a subirse al carro de las relaciones públicas para ayudarles a revertir el creciente oprobio hacia Silicon Valley. En lugar de cumplir con los requisitos europeos de "privacidad mediante el diseño" de su software, estas empresas tienen la oportunidad de presentarse a sí mismas como ciudadanos corporativos responsables, quizás eligiendo un par de programas de menor costo de la agenda impulsada por Berners-Lee.

Un Estado se ha apresurado a inscribirse también: Francia, que ni siquiera puede tomar decisiones independientes sobre la mayoría de los temas enumerados en el informe de la fundación porque forma parte de la Unión Europea.

Con el debido respeto a los intentos de Berners-Lee de recrear el entusiasmo de los primeros años de internet, la red ha dejado atrás los intentos de autorregulación y los códigos de ética voluntarios. La internet comercializada de hoy en día ya no está dirigida por idealistas.

Es un mercado enorme, en gran medida no regulado, dominado por monopolios con presupuestos de cabildeo masivos. En este punto, es hora de una intervención decisiva de los gobiernos para regularlo. Nada más podrá terminar con ello.

Una convención internacional para internet sin duda sería útil, sobre todo para establecer reglas para la guerra cibernética, pero también para asegurarse de que los gobiernos no destruyan internet mientras intentan regularlo. Sin embargo, un documento de este tipo se parecería poco al "contrato" de Berners-Lee; tendría que ser mucho más práctico para ser viable.

Por Leonid Bershidsky

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

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