Caracas (Reuters).- Los venezolanos votaban el domingo en una jornada clave para el futuro de la potencia petrolera, que define si se profundiza el polémico proyecto socialista del presidente Hugo Chávez o si gira hacia una opción de centro liderada por el joven opositor Henrique Capriles.

Los candidatos cerraron una frenética campaña en la que Capriles recorrió "casa por casa" todos los estados del país, mientras que Chávez que se declaró en julio curado de cáncer eligió una carrera menos intensa, pero con una fabulosa demostración de fuerza en la recta final.

Por primera vez en muchos años, las encuestas no arrojan un panorama claro. La mayoría de los principales sondeos dieron ventaja a Chávez, pero dos reconocidos estudios con oportunidad para el candidato opositor.

Tal como el "Comandante" ordenó, miles de sus seguidores iniciaron el domingo "la batalla electoral" por la madrugada al son del toque de diana en todo el país para llamar al voto a favor de la revolución y contra la "burguesía apátrida".

"Buen día, Mundo Bueno! Comenzó la Batalla! (…) Bendito seas, 7 de Octubre! Escribiremos otra página histórica sobre tus horas!!", escribió Chávez en su cuenta de la red social Twitter esta mañana.

"Hoy decidimos el futuro de nuestra Venezuela, vayamos todos a votar pensando en que podemos y vamos a estar mejor, vota por ti", respondió por su parte Capriles en su cuenta.

En muchos centros de votación en Caracas los ciudadanos eligieron hacer fila durante toda la madrugada frente a y se reportaron algunas demoras.

La alta polarización entre los venezolanos quedó una vez más expuesta el sábado por la noche, cuando una protesta en muchas zonas de Caracas con un "cacerolazo" contra Chávez tuvo una ruidosa respuesta de los partidarios del presidente, que hicieron volar artefactos pirotécnicos.

En el casco histórico de Caracas circulaban el domingo camionetas cargadas de del presidente que gritaban: "Viva, Chávez!" vestidos de rojo, el color que simboliza el partido de Gobierno.

Tras casi 14 años al mando del país con las mayores reservas petroleras del planeta, durante los que logró amasar una sólida popularidad gracias una política asistencialista y un innegable carisma, el militar retirado de 58 años está enfrentando el mayor desafío electoral de su carrera política.

Pero la inversión de cientos de miles de millones de dólares de renta petrolera en programas sociales, que van desde la entrega de casas gratuitas a costosos tratamientos de salud en Cuba, se topó esta vez con un rival que promete corregir las "fallas" de la revolución y atacar problemas graves como la inseguridad y el desempleo.

"Hoy estoy poniendo mi grano de arena para construir una nueva Venezuela, junto con Henrique Capriles, el mejor presidente que tendremos en la historia," dijo Francesca Pipoli, de 26 años, mientras caminaba a votar por un barrio rico de Caracas con dos amigas. "Se ve, se siente, Capriles presidente!", gritaban.

Guerra de ideasCapriles, a quien Chávez y sus ministros llaman el "majunche" (mediocre), subió el tono de su discurso en los últimos días de su maratónica campaña y metió el dedo en las llagas del chavismo, enunciando en cada uno de los estados del país las obras que su contrincante prometió pero no completó.

Con su tono pausado y breves discursos, el gobernador soltero de 40 años se ha dado baños de multitudes en casi 300 pueblos y ciudades, desde las remotas villas amazónicas a los peligrosos barrios capitalinos, asegurando que más respeto a la empresa privada y atraer mejores inversiones harán progresar al país.

La reacción de Chávez, en tanto, trajo una inusual dosis de autocrítica en la que aceptó errores y prometió que de ganar la reelección será "un mejor presidente", dispuesto a dialogar con la oposición y que no planea abolir la propiedad privada, como temen muchos en la oposición tras centenares de expropiaciones.

También aseguró que de retener el puesto pondrá un "cerrojo" para asegurar en Venezuela un viaje "sin retorno" hacia un estado socialista, lo que fue interpretado como un posible paquete de medidas o reformas radicales para profundizar su modelo económico fuertemente estatista.

Chávez ha nacionalizado desde multimillonarios proyectos petroleros, cementeras, siderúrgicas, bancos y empresas de alimentos hasta carnicerías, sembradíos y pequeños comercios, lo que según sus adversarios destruyó al sector privado nacional y aumentó la dependencia de las importaciones de casi todo tipo de bienes.

Además, su Gobierno ha firmado acuerdos con países afines políticamente para proveerlos de crudo en condiciones ventajosas y selló alianzas con Cuba, Irán o Rusia para galvanizar su prédica antiestadounidense.

Pese a que ha prometido que de volver a ganar convertirá a Venezuela en una "potencia mundial", muchos temen que su peor enemigo sea la reaparición de un cáncer que lo forzó a pasar por el quirófanos tres veces en menos de un año y que puso en vilo al país sobre una eventual sucesión del líder.

En el día final de campaña Chávez ha dicho que se siente muy bien de salud y que los últimos exámenes han sido alentadores.

Un éxito de Capriles, en tanto, también presenta un alto grado de incertidumbre porque Chávez seguiría teniendo mayoría en el Parlamento y controla instituciones clave del Estado, como la petrolera estatal PDVSA, el sistema de justicia y los cuerpos de seguridad.