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The Economist: El atractivo del ‘Macronismo’ en América Latina

The Economist. Si las encuestas de opinión son de fiar, la mayoría de los latinoamericanos permanecen ampliamente en el centro. Quieren una economía de mercado y una mejor provisión social estatal y servicios públicos.

Emmanuel Macron. (Foto: AP)

La "marea rosa" de la hegemonía izquierdista en América Latina ha disminuido. Sin embargo, en lugar de un período de sólido gobierno de centro-derecha, lo que se ha visto en muchos lugares es una polarización política. Tome en cuenta las campañas para el gran número de elecciones en la región durante el próximo año más o menos.

Estas comienzan con la disputa legislativa en Argentina el próximo mes, que presenta una estrecha batalla en la provincia de Buenos Aires, la principal circunscripción electoral, entre la coalición de centro-derecha del presidente Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner, su impenitente predecesora populista.

Las elecciones presidenciales del próximo año en Colombia y Brasil pueden convertirse en una lucha entre candidatos de izquierda y derecha relativamente fuertes. La contienda en México se está convirtiendo en un referéndum sobre Andrés Manuel López Obrador, el eterno candidato populista de la izquierda nacionalista.

Si las encuestas de opinión son de fiar, la mayoría de los latinoamericanos permanecen ampliamente en el centro político. Quieren una economía de mercado y una mejor provisión social estatal y servicios públicos. Sin embargo, en muchos países los partidos socialdemócratas se han movido a la izquierda, mientras que los conservadores todavía defienden la idea de un estado mínimo. Los reformistas centristas, fuertes en la década de 1990, están en aprietos.

Este reducido centro presenta a tecnócratas que carecen del toque popular (por ejemplo, el colombiano Juan Manuel Santos o el peruano Pedro Pablo Kuczynski) o grupos cuyo pragmatismo ilimitado ha fomentado corrupción (el partido PMDB de Brasil). En todas sus formas, el centro está cayendo víctima de la desilusión de los votantes con una clase política que ha perdido el idealismo otorgado por las transiciones democráticas de los años ochenta y ahora parece interesado y desfasado.

Todo esto sugiere que hay una oportunidad para un centro radical y renovado. Algunos latinoamericanos que creen esto están inspirados en Emmanuel Macron de Francia, que formó un nuevo partido y casi inmediatamente ganó la presidencia contra extremistas de derecha e izquierda.

Para tener alguna posibilidad, los centristas latinoamericanos necesitan nuevas ideas. Andrés Velasco, un exitoso ministro de Hacienda en el primer gobierno de Michelle Bachelet en Chile, ha hecho un vigoroso esfuerzo para proporcionar algunas en un próximo libro con dos colegas. En el 2013, Velasco candidateó sin éxito contra Bachelet para la nominación presidencial de la coalición Nueva Mancomunidad, que bajo su égida ha virado bruscamente a la izquierda. Desde entonces él ha creado Ciudadanos, un nuevo partido centrista (que toma su nombre de un conjunto similar en España).

Los autores insisten en que el centro debe definirse no por lo que oponen, sino por lo que apoyan: una ideología igualitaria liberal que ve a la libertad no sólo como (una política de) no intervencionismo sino –siguiendo la estela de Amartya Sen, un economista y filósofo indio– como la ausencia de una dominación opresiva y la oportunidad para que todos puedan alcanzar su potencial. Mientras que la izquierda hace hincapié en la redistribución del estado, se basan en John Rawls, un filósofo político estadounidense, para insistir en la igualdad de trato para todos los ciudadanos contra la discriminación más o menos sutil de clase y raza de la que aún sufren las sociedades latinoamericanas.

El compromiso del centro con el gradualismo, pluralismo y racionalidad no son compatibles con los llamamientos emocionales simplistas de los populistas. Pero los liberales pueden ofrecer argumentos morales para una sociedad libre y tolerante que puede generar pasión, insisten. Después de haber expuesto su manifiesto, Velasco se presenta para el Senado de Chile este año; y planea una campaña presidencial en el 2021.

Se están realizando esfuerzos similares en otros lugares. En Perú, Julio Guzmán, economista, está tratando de establecer un nuevo partido. En Colombia, Sergio Fajardo, un ex alcalde centrista de Medellín, está haciendo campaña para la presidencia. Candidatos centristas pueden surgir en Brasil, incluyendo Marina Silva, que se separó del Partido de los Trabajadores de izquierda y ha creado un nuevo partido de centro-izquierda que defiende el ecologismo, liberalismo y la política limpia.

Estos esfuerzos de renovación hacen frente a la resistencia del establecimiento político. Guzmán fue descalificado, por un tecnicismo jurídico, de las elecciones presidenciales del año pasado en Perú cuando estaba en segundo lugar en las encuestas de opinión. En Chile, Ciudadanos enfrentó una larga batalla burocrática para inscribirse como partido y, como resultado, tendrá menos candidatos al Congreso de los que podría haber tenido.

El antídoto contra el populismo "no puede ser sólo tecnocrático", escriben Velasco y sus coautores. Más bien, requiere una política de "franqueza radical"; y una toma de decisiones que se hace aceptable para los votantes a través del diálogo y la constante apelación al interés público. Macron ganó a pesar o tal vez porque le dijo a los franceses algunas cosas que no querían oír. ¿Los latinoamericanos se animarán ante ese mensaje?

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