Hinostroza Pariachi es requerido por la justicia peruana por presuntamente encabezar la organización criminal “Los Cuellos Blancos del Puerto”. (Foto: GEC)
Hinostroza Pariachi es requerido por la justicia peruana por presuntamente encabezar la organización criminal “Los Cuellos Blancos del Puerto”. (Foto: GEC)

Quince minutos duró el alegato final del exjuez supremo César Hinostroza ante el tribunal que decidirá si entregarle a Perú, un discurso en el que apeló a la humanidad de los jueces españoles y no pudo evitar las reflexiones jurídicas, hasta el punto de que su letrado le pidió no hacer "de cuarto abogado".

"¿Quiere usted añadir algo a lo que ha dicho su abogado?", le preguntó la presidenta del tribunal en la Audiencia Nacional, Concepción Espejel, al término de la vista, en la que el exmagistrado ya había mostrado su rechazo a la extradición y la Fiscalía española se había mostrado a favor.

- Señoría, muchas gracias. Sí, deseo hablar. ¿Tengo la oportunidad?

- Sí, sí, claro.

- Gracias.

En los banquillos metálicos de la sala de vistas subterránea, blanca y gris de la Audiencia Nacional estaban sentados su mujer, su hijo y algún periodista peruano, que atestiguaron uno de los alegatos más largos que se recuerdan en una vista de extradición, en el que el propio Hinostroza comenzó avisando: "Como todavía no he perdido el título de abogado, a veces me dan ganas de hablar sobre Derecho".

Dijo que no lo iba a hacer para no meterse en el terreno de su abogado, pero en ese cuarto de hora dejó caer unas "ideas complementarias que puedan ayudar a esta ilustre sala".

Y cargó contra el presidente peruano, Martín Vizcarra. Sentado en una silla, frente al micrófono y ayudado de una carpeta de documentos, Hinostroza mostró una a una varias noticias de prensa con declaraciones del mandatario: "Es evidente que es parte de los cuellos blancos", "exijo que asuman responsabilidades quienes lo blindaron", decían algunos recortes.

"Nunca he visto, en mis 35 años de juez, que un presidente de una república, de un estado democrático, persiga a un ciudadano", añadió, para continuar exponiendo el "enfrentamiento intestinal" que hay entre partidos en Perú, "como en todo país, incluso aquí en mismo España, se habla de PP, PSOE, Podemos...".

Entonces, al ver la deriva de Hinostroza, le interrumpió su propio abogado, Guillermo Ruiz Blay. "Don César, como su letrado, le ruego que no metamos un letrado más en la sala".

"No he querido limitarle... precisamente porque tiene derecho a la última palabra", intervino entonces la presidenta del tribunal, consciente de que en una vista de extradición no se valoran los hechos imputados, y el abogado continuó: "Le oriento un poco".

"Don César, un mensaje que quiera que la sala tenga y ya está, pero no haga de cuarto abogado", le pidió el letrado, e Hinostroza siguió hablando de la supuesta persecución política para volver luego "a los hechos".

Habló de un pinchazo telefónico supuestamente ilegal como germen de toda la causa contra él y su salida del país en octubre de 2018, que no fue -aseguró- una fuga porque no había proceso penal abierto. "Una investigación criminal sí", reconoció.

"El temor es natural, su señoría". Porque denunció que recibió amenazas de muerte y dudó de que vaya a ser juzgado con garantías en Perú. "¿Qué proceso justo sería allá en el Perú si el señor presidente se ha entrometido?".

El exjuez supremo, que causó un revuelo político de grandes dimensiones en su país, apeló entonces a la humanidad: "Yo soy un ser humano como cualquier ser humano. Ahora, lo que les pido de todo corazón, como sé que siempre lo hacen, es que se analice hecho por hecho y se califiquen jurídicamente".

Porque "no se puede confundir patrocinar con influenciar" para otorgar puestos en la justicia y "en ninguna grabación se habla de dádivas". "Quizás acá estoy metido, señoría, por ser amigo, por haberme relacionado con unas personas". "¿Eso es delito? Los cuatro hechos, señoría, son de temas laborales, no hay ningún acto de corrupción ahí".

También el lado "humano, de los celos", es lo que, según Hinostroza, le hizo caer. "Porque fui presidente de la sala (de la Corte Suprema) y había magistrados más antiguos".

Él ha dado "35 años de vida" a su país y su carrera se destruye por "otras motivaciones", sostuvo ante el tribunal, antes de rogarle: "Les pido con todo corazón que Dios les ilumine, si son católicos. Yo soy creyente, creo en la justicia humana, no solamente en la divina, pero básicamente en la divina".

Y aludió varias veces a su familia. "Quiero estar con mi familia a quien estoy extrañando", porque, insistió, si hubiera querido fugarse, "era fácil", y si hubiera cometido un delito, "lo hubiera aceptado el primer día".

Y a su esposa, que salió de la sala con lágrimas, dedicó su última frase: "Estoy luchando por mi libertad, por mi honor, por mi vida y por la vida de mi familia: mi esposa y mis hijas que están abandonadas. Muchas gracias a todos ustedes".