Sao Paulo (Reuters).- El rechazo popular a las protestas que se desarrollan en todo Brasil crecía el viernes tras los extensos desórdenes de la noche anterior, aun cuando el grupo de izquierda que está en el centro del movimiento dijo que ya no convocaría marchas por ahora debido a la creciente discordia y violencia.

La presidenta se reunió el viernes con sus principales asesores para encontrar alguna respuesta a las masivas protestas en las que alrededor de un millón de personas se volcaron a las calles.

Rousseff pronunciará un discurso el viernes a las 21.00 hora local, dijo una fuente del Palacio Presidencial que solicitó no ser identificada. El viernes se produjeron algunas protestas esporádicas y mucho menores a las del día anterior.

Se esperaban para antes del partido del sábado entre Brasil e Italia por la Copa Confederaciones de fútbol, mientras que diversos grupos intercambiaban propuestas en Facebook y otras redes sociales para organizar nuevas manifestaciones para comienzos de la próxima semana.

Las protestas que estallaron la semana pasada tomaron por sorpresa al Gobierno. Miles de brasileños se han movilizado, furiosos por varios temas, desde la corrupción y el pobre estado del transporte público, hasta el gasto para la organización del Mundial de fútbol el próximo año y los Juegos Olímpicos 2016.

Las marchas han contribuido a provocar bajas en los mercados financieros de Brasil y han avergonzado hondamente al país, mientras se desarrolla la Copa Confederaciones torneo considerado el ensayo general para el Mundial. La FIFA, ente rector del fútbol mundial, dijo el viernes que no ha discutido la posibilidad de cancelar la Copa Confederaciones.

Las manifestaciones en general han sido pacíficas y lideradas por la clase media. Pero el viernes, las redes sociales bullían de condenas contra la violencia por escenas de jóvenes enmascarados saqueando tiendas, provocando incendios y dañando edificios.

El Movimiento Pase Libre, en Sao Paulo, uno de los primeros grupos en convocar las protestas, dijo que por ahora dejaría de llamar a las marchas, luego de los enfrentamientos el jueves entre grupos con distintos objetivos y tendencias políticas.

Sin embargo, no es probable que eso detenga las protestas. El movimiento ha tomado vida propia en los medios sociales y ha crecido incluyendo una amplia gama de reclamos y agrupaciones.

A diferencia de manifestaciones previas, gran parte de la violencia del jueves fue generada por los propios manifestantes, en lugar de tratarse de alguna respuesta de mano dura de parte de la policía.

Decenas de personas fueron heridas la noche del jueves y una persona murió en el interior del estado de Sao Paulo después de que alguien embistió su auto contra un grupo de manifestantes.

Los sondeos muestran que la mayoría de los brasileño siguen satisfechos con Rousseff y con una economía que se ha frenado últimamente pero que ha podido mantener el desempleo en mínimos históricos. A diferencia de las protestas en el mundo árabe, los manifestantes no buscan derrocar el Gobierno y la democracia en Brasil se muestra capaz de hacerse cargo de los reclamos. No queda claro qué puede hacer Rousseff en el corto plazo.

Los alcaldes de varias ciudades revocaron las alzas en las tarifas del transporte público, que detonaron las manifestaciones, pero estas siguen en aumento.

La mandataria además corre el riesgo de sufrir complicaciones en su probable reelección el año próximo, tanto por la violencia creciente como por la reacciones en contra de las escenas de violencia.