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Waldo Mendoza: La maldición del año 8

No obstante, el profesor del Departamento de Economía de la PUCP señala que con precios altos y tasas de interés bajas la economía peruana puede seguir creciendo a tasas decentes, al margen de lo que pase con la política.

Economía peruana

El Banco Itaú señala en su informe que el entorno externo para Latinoamérica sigue siendo favorable, lo que respalda los precios de exportación, el riesgo soberano y los efectos (Foto: Andina).

(Foto: Andina).

Escribe: Waldo Mendoza
Por motivos que se desconocen, los años que terminan en 8 han sido muy malos para la economía peruana. ¿Superaremos este año la maldición del año 8? ¿Cuál es la explicación de por qué los años que  terminan en 8 son muy malos en el Perú? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Pero lo cierto es que en 1958 el PBI cayó en 1%, en 1968 no creció, en 1978 se redujo en 3%, en 9% en 1988, en 0.5% en 1998 y subió solo en 1% en el 2008, después de haber crecido en 9% el año anterior.

¿El 2018 puede ser tan malo comolos años mencionados? Parece
que no. Las proyecciones más pesimistas le ponen un piso de 3% al
crecimiento de este año y el mundo anda mejor que nunca. ¿Podemos equivocarnos radicalmente en nuestras proyecciones? Sí, ya antes nos ha pasado.

Sucede que nuestro destino macroeconómico, lo que pasa con el
PBI, particularmente, depende más de las condiciones internacionales que de las condiciones domésticas. Hay una montaña de trabajos académicos que respaldan esta hipótesis, especialmente para economías pequeñas y abiertas como la peruana. Si esto es cierto, a pesar de que hay una sensación de caos en el país, que vaquen o no al presidente, o que Fujimori vuelva o no a la cárcel, son datos importantes para la política y la institucionalidad, pero, para
la macroeconomía, para lo que pase con el PBI, más importante es lo que puede pasar en la economía internacional.

De la economía mundial nos importa esencialmente lo que pase
con el precio de nuestras exportaciones y la tasa de interés internacional, las cuales son las correas de transmisión más importantes entre nosotros y la economía mundial.

Cuando el precio de las exportaciones sube y la tasa de interés mundial baja, nos va bien. En el caso opuesto, nos va mal. Las grandes crisis o los grandes auges en el Perú no suelen tener un origen doméstico. En este momento, el mundo está muy bien. Desde enero del 2016, el precio de nuestras exportaciones ha subido en 34%, el del cobre en 53 %, el del zinc en 110%, mientras que la tasa de interés de los bonos del tesoro americano se encuentra por debajo del 2.5 %, bajísimo en términos históricos.

Con precios altos y tasas de interés bajas la economía peruana puede seguir creciendo a tasas decentes, al margen de lo que pase con la política.

¿Esta tendencia de las variables internacionales puede revertirse,
repentinamente? Sí. Todo lo que sube tiene que bajar, y según la experiencia internacional, al auge, que habitualmente es prolongado, le sigue el declive, que usualmente es rápido y violento. Ha pasado muchísimas veces. Es lo que cuenta Charles Kindleberger en su monumental “Manías, pánicos y crisis”.

Y sucede que ya hay varios signos de que la economía de los Estados Unidos y la economía mundial ya están, desde hace tiempo, “demasiado” bien. En primer lugar, el Standard and Poor´s (SP-500), el índice bursátil más importante de los Estados Unidos, ha alcanzado, en enero de este año su nivel histórico. Nunca la bolsa norteamericana estuvo tan bien como ahora.

En segundo lugar, el VIX, conocido como el indicador del miedo,
que mide la volatilidad de los activos del SP-500, está en su nivel
más bajo desde la creación de este indicador. En ningún momento,
desde 1993, los inversionistas en los Estados Unidos estuvieron tan
alegres y confiados como ahora.

En tercer lugar, la tasa de desempleoen los Estados Unidos, de 3.9%, es la más baja de los últimos 17 años. En cuarto lugar, según la base de datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) para el periodo
1980-2018, en el 2018 solo seis países de la muestra de 193 registrarían una caída del PBI. En ningún año desde 1980 hubo tan pocos países en recesión.

Por último, el FMI, en la actualización de las perspectivas mundiales para el 2018, ha expresado, todavía tímidamente, “la posibilidad de una corrección del mercado financiero, lo que podría frenar el crecimiento y la confianza”.

Todas estas señales se parecen mucho a las que precedieron a las grandes crisis mundiales. Como ejemplo, 2017-principios del 2018 se parece mucho a 2006-principios del 2007. Las condiciones parecen
estar dadas para que el ciclo de auge mundial dé paso al declive.

Usualmente, eso sucede cuando algún detonador hace cambiar el humor de los inversionistas. ¿Puede pasar eso en este año? Poco probable. ¿Y si pasa? Bueno, el SP-500 caería al piso, el VIX saltaría al cielo, los precios internacionales se desplomarían, los capitales financieros fugarían y nuestra economía se paralizaría. Tendríamos otro año fatal que termina en 8.

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