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Waldo Mendoza: Carta abierta a Venezuela

¿Qué debe hacer venezuela para arreglar su economía? Acabar con la hiperinflación recortando drasticamente el déficit fiscal. Lea la columna de Waldo Mendoza, profesor del Departamento de Economía de la PUCP.

Waldo Mendoza

Waldo Mendoza

Waldo Mendoza (Foto: GEC).

USI

Por Waldo Mendoza Bellido
Profesor del Departamento de Economía de la PUCP

El 2019 debe ser el año en que caiga el régimen dictatorial de Maduro, causante de la hiperinflación, gran depresión y hambruna que se observa hoy en Venezuela. ¿Qué deben hacer los venezolanos cuando llegue el momento de arreglar su economía? Los peruanos somos los más autorizados para aconsejarlos. Hacia fines de los ochenta, patentamos un “piloto” de la actual crisis venezolana.

La actual crisis venezolana es muchísimo más grave que la peruana de fines de los ochenta. Pero conceptualmente, en términos de políticas y resultados, son muy parecidas. Como si nos hubieran copiado.

En el caso peruano, 1988-1990 fue el periodo más crítico. En 1990 el PBI real era solo un 75 por ciento de su nivel de 1987, y la inflación de 1988, 1989 y 1990 fue de 1722, 2775 y 7649 por ciento, respectivamente. Hiperinflación con depresión.

En Venezuela la crisis es más larga e intensa, y arrancó con fuerza en 2015. El PBI de 2018 es solo la mitad de su nivel de 2014. La inflación subió de 159 por ciento anual en 2015 a 2800 por ciento en 2017, y ha sido de 2.5 millones por ciento en 2018. Hiperinflación con gran depresión.

¿Cómo pudo García en su primer gobierno y Maduro hoy llegar a una situación como esta? Básicamente, por una pésima gestión macroeconómica. En ambos casos, no hubo presencia de desastres naturales o choques externos severos que puedan explicar los espantosos resultados. Errores humanos malogran la vida de millones de personas.

En general, los países llegan a esta situación cuando permiten que, poco a poco, la inflación empiece a elevarse y luego ya no pueden pararla. Cuando la inflación se acelera, y los sueldos y los salarios no pueden crecer a ese mismo ritmo, el poder adquisitivo de esos sueldos y salarios se deteriora, la gente compra menos, se cae el consumo, la demanda y la producción. Las inflaciones altas producen también incertidumbre, la que paraliza la inversión privada, afectando a la demanda y la capacidad productiva. Así se llegan a estas crisis de hiperinflación y gran depresión.

¿Y por qué se acelera la inflación? Por culpa de los bancos centrales, porque son ellos los únicos que pueden crear dinero. Sin dinero, no puede haber hiperinflación. Cuando hay mucho dinero, algunos precios, como el del dólar, suben inmediatamente, y afectan a su vez a otros precios. Otros, demoran en subir, pero, a la larga, todos los precios se alinean.

¿Y por qué los bancos centrales crean más dinero del que se necesita? En el caso de Perú de los ochenta y la de Venezuela hoy, esencialmente porque los gobiernos financian sus déficits fiscales, la diferencia entre los gastos y la recaudación, con préstamos del banco central. Estos déficits también se originan en las empresas públicas porque los gobiernos controlan sus precios. Cuanto más alto el déficit fiscal, más dinero crea el banco central.

El déficit fiscal en el Perú en los años 1989-1990 fue de 10 por ciento del PBI en promedio, mientras que en Venezuela, en el periodo 2015-2018, fue de 14 por ciento del PBI. De esta manera, las “maquinitas” de los bancos centrales de Perú y Venezuela funcionaron para financiar los enormes déficits fiscales. En resumen, los déficits fiscales inducen al aumento del crecimiento de la cantidad de dinero. La consecuencia es el alza de la devaluación y la inflación que puede alcanzar niveles de hiperinflación. La hiperinflación destruye los sueldos y los salarios reales y es enemiga de la inversión privada. Así se llega a la hiperinflación y la gran depresión.

¿Cuál será la política macroeconómica que aplicará el que reemplace a Maduro? En la Venezuela de hoy, o el Perú de fines de los ochenta, en donde la hiperinflación es la causa de casi todos los males, no hay mucho para escoger. Hay que acabar con la hiperinflación, de inmediato, y después ver qué hacer con el resto de problemas.

La buena noticia es que es más fácil terminar con una hiperinflación como la de Venezuela, que una inflación alta como la de Argentina, de 45 por ciento anual. La razón es que conforme la inflación se acelera, en vista que el dinero local se convierte en una papa caliente del que todos quieren deshacerse, personas y empresas aprenden a defenderse dejando de lado esa moneda y refugiándose en el dólar, cuyo poder de compra es más estable. Cuando la inflación está en los niveles venezolanos de hoy o los niveles del primer semestre de 1990 en el Perú, ya casi toda la economía está dolarizada. Si todo está dolarizado, la inflación se mueve al ritmo de la devaluación. Para parar una hiperinflación en una economía dolarizada solo se necesita, entonces, mantener fijo el tipo de cambio.

Parece fácil, pero ¿cómo puede mantener fijo el tipo de cambio?

El precio del dólar, como cualquier precio, depende, a la larga, de la cantidad de dinero. Para que se mantenga fijo, hay que parar el crecimiento de la cantidad de dinero.

¿Cómo se para el crecimiento de la cantidad de dinero? Principalmente, recortando drásticamente el déficit fiscal. En el cortísimo plazo, esto se consigue elevando fuertemente los precios controlados por las empresas públicas, lo que elevará rápidamente los ingresos del gobierno.

Si con esta política el tipo de cambio se mantiene estable en los primeros dos a tres meses de la estabilización, la inflación descenderá drásticamente y, como ocurrió en otras experiencias, como la de Alemania de 1923 o la Argentina de 1991, puede alcanzar rápidamente el dígito anual. Cuando esto haya ocurrido, el programa habrá sido exitoso y puede flexibilizarse el tipo de cambio.

Hay que advertir que el éxito del programa depende decisivamente del apoyo internacional, que Venezuela lo va a tener sin duda. Como es imposible equilibrar inmediatamente las cuentas fis-cales, el apoyo internacional, a través de donaciones o préstamos será indispensable para sostener un gasto público consistente con la viabilidad social del programa de ajuste.

Si todo va bien, y se hacen las reformas que se necesiten, en las próximas décadas podremos hablar del “milagro venezolano”. Como en el Perú de los noventa, los países que salen desde el barranco tienen la posibilidad de crecer a tasas altas, por muchos años, en parte solamente porque se usan recursos que no se usaban debido a la hiperinflación.

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