Waldo Mendoza BellidoDirector de Planeamiento y Evaluación de la PUCP

La economía peruana desde noviembre del año pasado. Ante esa situación, se ha planteado reducir el IGV. La idea es mala e innecesaria.

Nuestro ritmo de crecimiento ha descendido significativamente. Del 6.5 % registrado en 2011 pasaremos a alrededor de 2% en este año. La tasa de crecimiento de América Latina y el Caribe (ALC), en el mismo periodo, ha caído desde 4.5% a 1.3%.

La razón es que han cambiado las condiciones internacionales. En esencia, los precios de las de exportación, que alcanzaron un pico en 2011, no han dejado de caer desde entonces.

¿Qué hacer?En primer lugar, hacer un diagnóstico fino sobre la situación actual. El escenario actual no se parece al de la crisis internacional de 2008-2009. Durante esa crisis, los cayeron en casi 50% entre el segundo trimestre de 2008 y el primero de 2009; pero se recuperaron rápido, pues en el cuarto trimestre de 2010 ya estaban un 16% por encima de su nivel previo a la crisis. En este contexto, se justificó una agresiva política fiscal y monetaria expansiva, transitorias.

El descenso de estos precios desde fines de 2011 es distinto: menos violento pero más sostenido. En el 2012 esos precios cayeron en 5%, en 4% en 2013, en 7% en lo que va del año, y se no se espera que se recuperen en los próximos años.

Hemos ingresado, entonces, junto con toda ALC, a una nueva etapa de crecimiento económico más lento. Nuestras tasas de crecimiento de 6% o 7% anual han pasado a ser los goles de Cubillas: parte de nuestra historia.

A pesar del deterioro de las condiciones internacionales, no nos merecíamos un crecimiento tan mediocre en este año. La culpa la tiene el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), en primer lugar, y el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), en segundo lugar, por no haber activada a tiempo una política macroeconómica expansiva.

¿Hay que poner en marcha políticas macroeconómicas expansivas en este momento?

Mi impresión es que ya es muy tarde. El año ya está jugado y los indicadores sugieren que lo peor ya pasó, que el crecimiento del último trimestre será mayor que el del tercero, y que esa dinámica se extenderá al 2015.

El MEF, si algo pudo haber hecho en este año, ya no puede hacerlo hoy, pues sabido es que entre cuándo se decide y cuándo se ejecuta pasa bastante tiempo. El impulso fiscal llegaría muy tarde, cuando ya no se lo necesite.

En consecuencia, en este contexto, la propuesta de bajar el IGV es popular, pero innecesaria y nociva.

Es innecesaria porque la parte más grave del ciclo ya pasó. Si hay alguna duda, el BCRP puede volver a bajar su tasa de interés de política. O, como el precio mundial del petróleo ha caído en más de 20% en los últimos 3 meses, Petroperú puede decretar una bajada fuerte del precio de los combustibles.

Es nociva por lo que representa el IGV. El IGV es la principal fuente de recaudación, representa casi el 9% del PBI. Reducir un punto del IGV le cuesta al fisco alrededor de US$ 1,000 millones anuales, como medio punto del PBI. Estos recursos le hacen mucha falta al Estado peruano, sobre todo cuando la actual administración está empeñada en darle un fuerte impulso a la educación, impulso que cuesta miles de millones de soles.

La creencia de que la reducción del IGV sea temporal peca de ingenua. En Inglaterra o Estados Unidos utilizan la política tributaria como herramienta contra cíclica, transitoria. En el Perú, la medida significaría quitarle al fisco un montón de recursos, por siempre, y por gusto.