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por alonso segura

Hacer Perú: Informalidad y políticas públicas

Las dinámicas de informalidad, bajo capital humano y baja productividad están muy relacionadas. ¿Cómo hacer para romper este círculo vicioso?

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(Foto: Difusión)

Trabajadores con un mayor nivel de capital humano y mejores competencias laborales tendrán una probabilidad más alta de insertarse en el mercado laboral formal. (Foto: Difusión)

Hace dos semanas, Piero Ghezzi (Informalidad, una visión alternativa), analizó los principales marcos conceptuales que buscan explicar la informalidad, y, en consecuencia, las estrategias para reducirla. A la informalidad generada por regulaciones excesivas (De Soto) y la visión dualista basada en factores de oferta y demanda (La Porta y Shleifer), Ghezzi propone una hipótesis complementaria, desde la cual existe un rol fundamental para las políticas públicas, particularmente en apoyar a las mypes a materializar su potencial.

Queremos ahondar en este punto y explorar otras aristas desde las políticas públicas. Si partimos de la hipótesis de que la informalidad es un fenómeno multidimensional, entonces no existe una única solución para reducirla. Es necesario encontrar un conjunto de políticas públicas que permitan incidir sobre varias dimensiones. En algunos casos, mediante medidas sectoriales o focalizadas y, en otros, con políticas transversales. Veamos algunas vinculadas a la formación de capital humano y la productividad, variables fundamentales para el desarrollo económico en general.

Trabajadores con un mayor nivel de capital humano y mejores competencias laborales tendrán una probabilidad más alta de insertarse en el mercado laboral formal. Esto abre un abanico de potenciales propuestas de política pública. De un lado, están aquellas, que buscan mejorar la educación básica, las cuales, por su envergadura, implican retos mayúsculos en un país tan diverso y geográficamente complejo como el Perú, pero que son fundamentales para mitigar la desigualdad de oportunidades.

También están las políticas para mejorar la calidad de la educación terciaria –técnica y/o universitaria–, que deben apuntar a mejorar la inserción en el mercado laboral a través de una mejor empleabilidad y respondiendo de manera adecuada a las demandas de los sectores productivos. Son importantes también los programas públicos de becas, que constituyen políticas enfocadas en el mejoramiento selectivo de capital humano, sobre bases meritocráticas y de necesidad. Todas estas iniciativas apuntan a elevar la productividad de quienes liderarán y gerenciarán organizaciones y empresas. Por ello es que países como Corea del Sur o Singapur han tenido una apuesta decidida por la educación.

Otro grupo de políticas públicas debe enfocarse en mejorar la productividad de las empresas –mypes incluidas– buscando resolver las limitantes a su desarrollo y formalización. Ghezzi cita algunos ejemplos, como la transferencia tecnológica, el financiamiento o fomento de la asociatividad, entre otros. Varias de estas políticas permiten mitigar fallas de mercado o asegurar una provisión adecuada de bienes públicos, condiciones que no se crearían inercialmente por el crecimiento económico.

¿Hay espacio para la simplificación administrativa en el Estado? Sí, porque es importante que la supervisión o regulación del Estado no sobrecarguen innecesariamente al sector formal, mientras le dan pase libre al informal, generando incentivos infranqueables de permanecer en la informalidad. Pero no debemos sobredimensionar su impacto.

Reformas laborales también deben ser parte de la solución. La rigidez de la legislación laboral en el Perú inhibe la generación de empleo formal y, en particular, aquella a plazo indefinido. Adicionalmente, los costos de creación de un puesto formal, al exceder la productividad de la mayoría de los trabajadores, son también incentivos a la informalidad. Las políticas de impulso al capital humano y la productividad permiten cerrar esta brecha entre oferta y demanda laboral. Si bien algunas tienen tracción en el corto plazo, los efectos plenos típicamente se materializan en horizontes más largos y solo si hay persistencia. De allí la importancia de regímenes como el agrario o el derogado Régimen Laboral Juvenil, que permiten acortar esta brecha y generar puentes inmediatos a la formalidad, reconociendo la realidad actual del mercado laboral en el país. Es trabajando en el sector formal que los trabajadores siguen desarrollando su capital humano a lo largo de su vida laboral.

Una pregunta natural es, ¿por qué estas propuestas no han funcionado en el pasado en el Perú? Y la respuesta es que no han sido políticas de Estado, sea por inadecuación de propuestas o de presupuestos, por deficiencias de implementación o por abandono por razones políticas.

Lo cierto es que si seguimos aplicando la receta de dejar que el crecimiento económico se encargue inercialmente de disminuir la informalidad, seguiremos entrampados en este equilibrio perverso de bajo capital humano, baja productividad y alta informalidad. Ello, sin considerar los cambios en perfiles laborales –y las reducciones de empleo– que inevitablemente generarán los avances tecnológicos y la robótica a nivel global.

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