Hay infinidad de herramientas para mantener la mística en alto. Pero lo más importante es tener un plan muy simple. (Foto: Freepik)
Hay infinidad de herramientas para mantener la mística en alto. Pero lo más importante es tener un plan muy simple. (Foto: Freepik)

Las empresas tienen hoy dos grandes retos: uno, sobrevivir; y, dos, cuidar su reputación. Para lo primero -seguro- ya activaron todos los comités posibles, que están recogiendo información, evaluando escenarios, y sobre todo viendo cómo cuidar la caja por los próximos inciertos meses. El segundo es más complejo, sin data, de largo plazo y, lo más preocupante: seguro para algunos no tan urgente como el primero.

De las decisiones que tomemos en esta dramática e inesperada situación dependerá en gran parte no sólo el futuro de muchos miles de personas, sino la reputación de los líderes que las tomen y con ello también la de marcas y negocios en general. Así es que casi no hay opción de equivocarse.

Empecemos entonces por lo primordial. Es la hora de la comunicación interna. Las grandes empresas son las que mejor preparadas están: con protocolos y canales que les permiten llegar rápida y eficientemente a todo su equipo. Así es que las medianas y pequeñas deben privilegiar ese espacio tan abandonado por muchas. Lo más relevante ahora será, sin embargo, no qué decimos, sino cómo lo decimos. El grado de sensibilidad es extremo. Tenemos que ser conscientes de ello y usar un lenguaje cercano, a la vez que simple y directo.

Aquellas empresas que nunca le dieron un lugar al tema de su comunicación interna estarán a futuro obligadas a hacerlo. Hay infinidad de herramientas para mantener la mística en alto. Pero lo más importante es tener un plan muy simple y de apenas 3 puntos:

1 Transparente. Será el pilar gracias a la cual se gana la confianza. Y gracias a ella se tendrá una respuesta mayoritariamente positiva.

2 Herramientas. Identificar cuáles y con qué periodicidad usar: intranet, eventos, vídeos, o simplemente correos electrónicos, entre tantas otras.

3 Escucha. La comunicación tiene que ser de ida y vuelta. No solo de ida.

Hay que considerar que el plan es variable, para nada fijo. Más aún en una situación como la actual donde todo puede cambiar de un día para otro. Y tener siempre presente que la reputación nace desde la misma empresa.

En paralelo, la comunicación externa -que ya es más digital- seguro lo seguirá siendo aún más de aquí en adelante. El monitoreo de noticias será más rápido, más fino y con más detalles. La inmediatez y rapidez en las respuestas así lo obligan. Los servicios de gente experta crecerán (en medio de una situación en donde la fuerza laboral se está viendo afectada en varias industrias, principalmente la aeronáutica, turismo y entretenimiento).

La Responsabilidad Social adquirirá un mayor valor. Ya no será vista como un adorno de las grandes empresas, sino como una obligación de todas: grandes, medianas y pequeñas. Asuntos como empleo, ecología, educación, y sobre todo salud, serán incorporados en la agenda empresarial y serán noticia de interés para todos. No como ahora, que son casi una excentricidad de algunas pocas empresas privilegiadas. Y, finalmente, el rol de los CEO´s adquirirá otro peso. Se requerirá de líderes sensibles, identificados con sus trabajadores, que sepan lo importante que es comunicar y convencer. Su protagonismo será mayor y su presencia en medios también. Menudo trabajo que nos espera.