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Más impuestos a la banca: nada es gratis

Con los cambios en los impuestos siempre conviene ser muy cuidadosos. Tan peligrosas pueden ser las subidas, si disminuyen el crecimiento y la creación de empleo, como las bajadas, si afectan a la sostenibilidad del Estado de bienestar y a la equidad.

Rafael Doménech

Rafael Doménech, Responsable de Análisis Macroeconómico de BBVA Research.

Rafael Doménech, Responsable de Análisis Macroeconómico de BBVA Research.

Por: Rafael Doménech, Responsable de Análisis Macroeconómico de BBVA Research

Con los cambios en los impuestos siempre conviene ser muy cuidadosos. Tan peligrosas pueden ser las subidas, si disminuyen el crecimiento y la creación de empleo, como las bajadas, si afectan a la sostenibilidad del Estado de bienestar y a la equidad. Por eso es necesario que los cambios en la fiscalidad se evalúen bien, sigan criterios de eficiencia y contribuyan al crecimiento, al empleo, a la equidad y al bienestar social. En el caso de España, la mejor estrategia para incrementar los ingresos públicos es aumentando las bases fiscales de los impuestos mediante la reducción de la tasa de paro y de la temporalidad (que son la mejor manera de reducir la desigualdad), y el aumento de la tasa de empleo y la productividad.

Lamentablemente, con mucha frecuencia se buscan atajos con el objetivo de obtener a corto plazo pequeñas recompensas recaudatorias, sin reparar en los efectos negativos a medio y largo plazo, que pueden terminar haciendo que las subidas de los tipos impositivos tengan efectos contraproducentes e indeseados. Este es el caso del reciente debate en España sobre los impuestos adicionales a la banca.

Desde que en 1920 Arthur Pigou escribiera The Economics of Welfare se sabe que tiene sentido aumentar diferencialmente los impuestos sobre aquellas actividades que generan externalidades negativas, lo que justifica los impuestos medioambientales. La lógica es simple: la mayor imposición aumenta el coste de un bien o servicio, desincentivando su consumo y produciendo unos ingresos públicos que compensan los efectos negativos de esa actividad. Desde luego este no es el caso de los servicios que proporciona la banca. Más bien al contrario. El sector canaliza el ahorro de la sociedad y facilita que hogares y empresas financien sus decisiones de consumo e inversión, contribuyendo con ello al aumento del empleo y de la productividad. Además, sus aportaciones al Fondo de Garantía de Depósitos y al Fondo Único de Resolución contribuyen a la estabilidad financiera de acuerdo con las regulaciones ya establecidas con este objetivo. Por todo ello, los impuestos adicionales sobre la banca que discriminen a este sector frente al resto terminarán perjudicando los intereses del conjunto de la sociedad.

¿Cuál es la magnitud de los efectos de un impuesto adicional sobre la banca?. En un estudio reciente de BBVA Research ( aquí) evaluamos el impacto negativo de este impuesto. En primer lugar, revisamos en detalle la amplia evidencia empírica disponible para otros países. En general, los resultados son bastante concluyentes: este tipo de impuestos termina reduciendo el volumen de crédito y aumenta sus tipos de interés.

En segundo lugar, simulamos los efectos de estos impuestos utilizando un modelo especialmente diseñado y estimado para reproducir el comportamiento observado de los agregados macroeconómicos en España, con una rica descripción de los principales sectores (incluido el bancario), agentes y mercados, y de la estructura fiscal. Los resultados de estas simulaciones indican que un aumento de los impuestos sobre el sector bancario que pretenda aumentar ex-ante los ingresos públicos en un 0.1% del PIB da lugar a una disminución a largo plazo del 0.09% del PIB, a un aumento de 10 puntos básicos de los tipos de interés de los créditos, y a una reducción del volumen de crédito, depósitos y capital bancario. La explicación de este resultado es bien clara: la necesidad de mantener la rentabilidad después de impuestos sobre el capital bancario en consonancia con el coste de uso del capital en el conjunto de la economía, lleva a la banca a medio y largo plazo a reducir su tamaño, con un menor volumen de capital, créditos y depósitos, y a aumentar los tipos de interés de los préstamos. Los impuestos afectan por ello negativamente a la actividad real de la economía, con una elasticidad negativa sobre el PIB cercana a la unidad. Como consecuencia de estos efectos distorsionadores sobre la oferta, que no son compensados por las mayores transferencias del sector público a los hogares, los ingresos fiscales aumentan ex-post, pero en una magnitud inferior a la deseada ex-ante cuando se diseñan estos impuestos. La disminución del bienestar social de esta medida nos muestra que no hay menús gratis ni atajos frente a una fiscalidad bien diseñada.

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