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Frente fiscal: una casa por ordenar

Hay que repensar las metas de la brecha fiscal a mediano plazo y redefinirlas, eso es mejor a dar señales de incapacidad de cumplimiento abiertamente.

En Vivo: ¿Cómo dinamizar el desarrollo de infraestructura en el Perú?

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Por Juan José Marthans L.
Economista - PAD Universidad de Piura

Como es sabido, uno de los sectores que requiere hoy de señales de buen manejo es, sin duda, el fiscal. Sin un cambio en la visión de la conducción fiscal las posibilidades de acelerar y hacer sostenible la tasa de crecimiento del PBI serán mínimas. Permítanme esbozar algunas ideas generales que podrían inducir a una mejor práctica.
Primero, estamos frente a un déficit fiscal diferente al que usualmente solíamos tener. Ahora su origen no es la expansión del gasto público, su origen es mucho más delicado de manejar, es la licuación de los ingresos fiscales en casi cuatro puntos porcentuales durante los últimos cuatro años.

En la situación señalada, cumplir con la trayectoria fiscal comprometida por el MEF hasta hoy y que aterriza en una meta del déficit del 1% hacia el 2021 resulta algo temerario. Si los precios de los commodities mineros no sostienen su rally alcista y la inversión no se destraba, lograr las metas fiscales será complicado. Es necesario, para empezar, repensar las metas de la brecha fiscal a mediano plazo y redefinirlas, eso es mejor a dar señales de incapacidad de cumplimiento abiertamente.

Segundo, a nivel estructural, nuestros ingresos fiscales por efecto del eterno problema de evasión tributaria asociado, en parte, a la informalidad; por efecto de la elusión tributaria dada por la perforación de nuestra estructura de tributos, y por efecto de las eternas exoneraciones tributarias que, la verdad, no han contribuido al desarrollo de actividad productiva, financiera o sectorial alguna.
Tenemos una presión tributaria de solo 18.5% de nuestro PBI a nivel del Gobierno general. En otros frentes como el conformado por los países emergentes, dicha presión tributaria bordea el 27% del PBI, claramente superior a la peruana, y en las economías avanzadas supera el 36%. ¿Saben a cuánto se estima que subiría nuestro nivel de recaudación si pudiésemos eliminar la permanente evasión, elusión y exoneración tributaria? A no menos del 30% de nuestro PBI. Debemos disponer de un programa mínimo con acciones de corto, mediano y largo plazo para revertir este problema. Es urgente disponer de políticas de Estado al respecto.

Tercero, hoy se estimaría que la deuda tributaria pendiente de pago y judicializada de nuestro frente empresarial supera los S/ 45,000 millones (7% del PBI). Dos terceras partes de la misma está concentrada en los sectores, minería, hidrocarburos y telecomunicaciones y, además, solo 50 de las empresas más grandes del país explican la tercera parte de la misma.

Dicha deuda se encuentra, en muchos casos, judicializada por años y debe ser sincerada dado que, es justo reconocer, la misma se ha incrementado en exceso por inadecuadas contabilizaciones de intereses y penalidades. Sin embargo, este tema no se soluciona por lo inoperante del marco legal vigente y la falta de decisión política. Deberíamos pensar ya en un protocolo para sincerar su monto y perfilar los pagos en un plazo apropiado. Estos son recursos que debemos activar.

Cuarto, la dinámica de inversión pública ha sido decepcionante. Existen casos en donde no solo dejó de cumplir su rol contracíclico en un contexto de desaceleración y caída de la inversión privada, sino, para el colmo de males, decreció mucho más de lo que lo hacía esta última. Durante los último tres años la tasa de decrecimiento trimestral de la inversión pública llegó a ser casi ocho veces superior al decrecimiento de la inversión privada. Absurdo e imperdonable.

Durante la última década no menos del 20% del presupuesto de inversión pública ha dejado de ejecutarse sistemáticamente. Esta incapacidad de ejecución denota un componente estructural en su origen que no se sabe combatir. Lo cierto es que, debemos aceptarlos, al no ejecutarse parte de este gasto el déficit no fue mayor no por rigurosidad fiscal, sino por incompetencia. Increíble.

Quinto, la deuda pública bordea al 25% del PBI y es aún manejable. El límite de acuerdo a la Ley de Estabilidad y Prudencia Fiscal establece un límite de 30%. Curiosamente, ni en el instructivo de las reglas macrofiscales se explica del porqué de dicho guarismo. Si la trayectoria del déficit se escapa de las manos al Ejecutivo, la deuda pública podría superar dicho límite.

¿Quién dice que el límite no podría ser 35 o 40% del PBI? Esto hay que demostrarlo con seriedad meridiana. La deuda pública latinoamericana como porcentaje del PBI supera el 40%. En el otro extremo, EE.UU. y China poseen este indicador sobre el 100%, Europa por encima del 80%, Japón sobre el 250%. Cuidado, nadie dice que la deuda de Perú debe crecer sin rumbo ni límite, lo que sostenemos es que nadie seriamente ha calculado el óptimo de manera aceptada por la comunidad profesional. Esto es como manejar con límites de velocidad errados o engañosos.

Al final, son mucho más los temas pendientes en el frente fiscal peruano. Siempre es bueno salir del día a día para darse un espacio e intentar poner la casa en orden. Nadie, los últimos veinte años ha intentado, honestamente, hacerlo. Puro “bombero” y aprovechamiento del buen viento externo, nada más.

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