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Editorial: La palabra del mudo

Editorial de Gestión. "No reunirse es la peor estrategia de todas, pues el Ejecutivo no puede elaborar políticas públicas sin relacionarse con los agentes económicos".

Palacio de Gobierno

Gobierno busca incorporar el enfoque de género en las políticas y gestión institucional en ambos portafolios. (Foto: Agencia Andina)

 (Foto: Agencia Andina)

POLÍTICAS PÚBLICAS. La relación entre el sector privado y el sector público nunca será fácil, pero sin duda es indispensable. La semana pasada el presidente del Banco Central puso el foco en la crítica constante del sector empresarial, que en los últimos dos años se agudizó: más de un ministro, sobre todo los que están al frente de los sectores productivos, evita darles citas a los empresarios.

Uno de los factores que genera esta actitud reticente entre los miembros del Gabinete y otros funcionarios es el clima de desconfianza generado a partir del caso Lava Jato y las acciones que se están poniendo en marcha para dar señales de transparencia y lucha anticorrupción. Sin embargo, el cuidado indispensable que deben tener las autoridades no puede llevar a la inacción. Sobre todo, cuando en el marco de las facultades delegadas ya se establecieron los mecanismos para que todas las visitas a los funcionarios de los ministerios sean registradas y la información esté disponible para los ciudadanos en tiempo real. Es verdad que no todos los ministerios presentan el registro de manera amigable, pero sí se mantiene actualizada, y desde un solo portal se puede acceder a toda la data.

El uso de esta herramienta debe ser un primer paso para que los ministros accedan a reuniones con los agentes económicos. Por cierto, sin importar el solicitante, cualquier funcionario, más aún un ministro, tiene la capacidad de decir “no” si considera que la propuesta tiene la intención de favorecer a un grupo de empresas en detrimento de otras y denunciar los hechos públicamente.

No reunirse es la peor estrategia de todas, pues el Ejecutivo no puede elaborar políticas públicas sin relacionarse con los agentes económicos, de todo nivel. Si no se conoce la problemática de las grandes, medianas y pequeñas empresas solo se darán pasos a ciegas.

En el otro extremo están los casos en los que las normas se dan casi con nombre propio. Es decir, terminan favoreciendo a uno o dos actores en detrimento del resto de jugadores del mercado, una situación inaceptable. Es verdad que en algunos casos las mesas ejecutivas están sirviendo como plataforma para que los empresarios sean escuchados, pero muy difícilmente serán usadas para todos los sectores.

Un antiguo refrán, de la época en que se alumbraba con velas, decía “ni tan cerca que queme el santo, ni tan lejos que no lo alumbre”, quizás los ministros deberían ponerlo en práctica.

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