Editorial de Gestión. Muchas no son medidas concretas porque se requerirá coordinar con el MEF y con entidades públicas autónomas.  (Foto: Mincul))
Editorial de Gestión. Muchas no son medidas concretas porque se requerirá coordinar con el MEF y con entidades públicas autónomas. (Foto: Mincul))

DESIDIA El derrumbe de una sección de la muralla de Kuélap fue un recordatorio del abandono en el que las autoridades tienen al turismo, no solo el Gobierno nacional –la fortaleza fue declarada en emergencia en febrero, pero no se hizo nada más–, sino los gobiernos subnacionales. El accidente, provocado por las lluvias y la nula prevención, ocurrió el 10 de abril, dos días después de que el Ejecutivo había declarado en emergencia al turismo a nivel nacional.

Declarar en emergencia se ha convertido en rasgo distintivo del actual Gobierno, como si fuese suficiente para que los problemas se solucionen, aparte de que los decretos respectivos omiten admitir que el Ejecutivo tiene responsabilidad en el agravamiento de las dificultades. Por ejemplo, el que declaró en emergencia al turismo culpa a los efectos del covid-19, “aunado a las diferentes amenazas externas”. No se menciona el pésimo manejo de paros y bloqueos de carreteras y otras vías –como el ferrocarril a Machu Picchu– que ahuyentan a los visitantes ni se reconoce la desidia para implementar la Estrategia de Reactivación del sector, que fue elaborada por el Gobierno de Francisco Sagasti y oficializada el 26 de marzo (del año pasado).

La semana pasada, el Mincetur estableció las líneas de acción que el decreto de inicios de abril contenía como generalidades. Muchas no son medidas concretas porque se requerirá coordinar con el MEF y con entidades públicas autónomas como el BCR y Cofide. Es el caso de Reactiva Perú. A pedido de los gremios turísticos, el Mincetur gestionará un nuevo periodo de gracia de 24 meses (hubo una anterior ampliación, de 12 meses). El titular del MEF, Óscar Graham, ha dicho que se podría aprobar, pero de manera focalizada. También se buscará relanzar el programa FAE-Turismo, orientado a mypes del sector.

El inconveniente es que el crédito se ha encarecido, tanto por el alza gradual de la tasa de interés del BCR como por la reducción de la calificación crediticia del Perú, de modo que las entidades financieras tendrían menor aliciente para participar en esos programas. Tampoco podían faltar los subsidios, otro rasgo distintivo de este Gobierno. El Mincetur tendrá que convencer al MEF para exonerar, fraccionar o suspender pagos de diversos impuestos (o quizás el Congreso se aventure a otra metida de pata).

Lo demás son medidas con efecto a mediano plazo –las de la Estrategia de Reactivación–, que probablemente sigan sin ser implementadas, pese a que son las que devolverán al turismo parte de la fortaleza que tenía antes de la pandemia.

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