Editorial de Gestión. Creer que el país debe refundarse cada cinco años es una de las razones de por qué las mejoras conseguidas no logran consolidarse.  (Foto: Hugo Curotto / GEC)
Editorial de Gestión. Creer que el país debe refundarse cada cinco años es una de las razones de por qué las mejoras conseguidas no logran consolidarse. (Foto: Hugo Curotto / GEC)

LÍNEAS MATRICES. Cinco días faltan para que la casa de Pizarro tenga un nuevo inquilino y resulta de vital importancia que mientras se llevan a cabo los procesos de transferencia y se afina la composición del nuevo gabinete, Pedro Castillo tenga claro que, más allá de las promesas de campaña, los problemas por los que atraviesa el país requieren que el Gobierno trabaje sobre las bases de lo que ya funciona y ajuste lo que requiere mejoras. Tal como señalamos en estas líneas hace una semana, la situación podría agravarse si se aplica el nefasto “complejo de Adán”, que busca empezar de cero como si nada de lo logrado hasta hoy fuese positivo.

El próximo Gobierno debe construir sobre la base de algunas líneas matrices que no deberían ser dejadas de lado, pues se necesitó de muchos años para su consolidación, como por ejemplo los cinco artículos centrales del régimen económico de la Constitución de 1993 (artículos 60, 61,63,66 y 84), que a lo largo de estos años han sido precisados por la vía legislativa y que están referidos al rol subsidiario del Estado, la libre competencia y el combate al abuso de posiciones de dominio, a la igualdad entre inversiones nacionales y extranjeras, que los recursos naturales son patrimonio de la Nación, y la autonomía del BCR.

Este esquema económico ha permitido una real reducción de la pobreza, y si bien hay mucho por hacer para que se logre una mejora en las condiciones de vida de gran parte de la ciudadanía, esto requiere políticas públicas que atiendan la infraestructura básica, empezando por salud, educación y comunicaciones.

Asimismo, están los derechos fundamentales del artículo 2 de la Constitución, sobre todo el referido a la igualdad ante la ley y la no discriminación, que incluye tanto a las mujeres como a otros grupos discriminados. Se puede discutir cómo implementarlos, pero no dar marcha atrás en lo avanzado. Y lo mismo debe aplicarse a las libertades de información, opinión, expresión y difusión del pensamiento. Aun cuando la opinión del otro nos disguste, este derecho se debe aplicar irrestrictamente. Intentar presionar a un ministerio contra un medio de comunicación o plantear una mal llamada ley de regulación de los medios son actos que fácilmente se pueden convertir en censura y transformar a los medios en una caja de resonancia del gobierno de turno.

Las libertades políticas también deben mantenerse al igual que el respeto a la separación de poderes y la institucionalidad de organismos como el Tribunal Constitucional, la Contraloría. Creer que el país debe refundarse cada cinco años es una de las razones de por qué las mejoras conseguidas no logran consolidarse.

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