(Foto: GEC)
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Inversión. Los riesgos financieros, que están siendo exacerbados por la incertidumbre política y la escasa credibilidad del nuevo Gobierno, se trasladan a la economía real. El caso más palpable es la inflación: si la cotización del dólar sube, se encarecen los productos importados, y ese efecto ha estado empujando al alza los precios de insumos alimenticios básicos, como aceite de soya, trigo y maíz amarillo duro. Y la inflación anualizada a julio ya superó con creces el límite máximo del rango meta del BCR. Pero ese no es el único traslado de riesgos que debe tenerse en cuenta.

El viernes, luego del mensaje de investidura de Pedro Castillo y del nombramiento del Gabinete ministerial, cuestionado por su extremismo político y por su falta de experiencia en gestión pública, las tasas de interés de los bonos soberanos peruanos tuvieron su mayor alza diaria y los indicadores de riesgo país aceleraron su deterioro. Estos movimientos impactarán en las tasas de interés del sistema financiero local, lo que significa que el crédito se encarecerá, tanto para el Gobierno –cuyas emisiones de bonos ya no serán tan atractivas– como para empresas y personas.

De hecho, ya está comenzando a observarse ese comportamiento. Si las líneas de crédito del exterior se vuelven más costosas, también lo harán los préstamos corporativos, y ese efecto se trasladará al mercado local. Dado que existen topes máximos de tasas de interés para créditos de consumo y a mypes (cortesía del anterior Congreso), las entidades locales se pondrán más estrictas en la evaluación y otorgamiento de financiamiento a dichos sectores, que en el caso de las pymes es relevante para la planificación de sus operaciones.

Si el crédito es más caro, se perjudican las inversiones, sobre todo las de corto plazo (capital de trabajo, ampliaciones menores, etcétera), las cuales se han mantenido en compás de espera desde la primera vuelta. Y si esas actividades están paralizadas, es poco probable que se genere mucho empleo, sobre todo formal. Este círculo vicioso se cierra con el impacto del estancamiento del empleo sobre los ingresos: el consumo se contrae.

Macroconsult proyecta que, bajo un escenario “radical” –léase con el Gabinete Bellido–, la inversión privada solo crecería 2.7% este año, frente al 19.1% si la economía hubiese seguido comportándose como hasta el primer trimestre. Si el Gobierno cree que la solución es mayor gasto público, habrá que recordarle que la recaudación continúa tan frágil como la economía en su conjunto.

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