Editorial de Gestión. La comunidad internacional tiene el deber de exigir el respeto del derecho a la libre manifestación.  (Foto: Ramon Espinosa / AP)
Editorial de Gestión. La comunidad internacional tiene el deber de exigir el respeto del derecho a la libre manifestación. (Foto: Ramon Espinosa / AP)

CUBA. El régimen dictatorial que gobierna la isla acaba de registrar las mayores manifestaciones desde 1994 contra la crítica situación que padece el país centroamericano.

Cientos de cubanos en diversas ciudades salieron a las calles frente a la agobiante escasez generalizada de productos y de racionamientos de energía y el azote de la pandemia, situación a la que se ha llegado tras más de seis décadas del Gobierno comunista.

Los reclamos espontáneos se dan ante las urgentes necesidades, como alimentos y medicinas, en medio de una severa crisis económica. La grave situación ha llevado incluso al Gobierno a revertir algunas de sus políticas centralistas, eliminando algunos subsidios, reajustando los salarios y precios; y poniendo fin a su sistema de doble moneda.

El PBI cubano, que apenas crecía marginalmente desde el 2016, registró un desplome de 11% en el 2020, con una industria del turismo dañada por los efectos de la pandemia. Y al agobiado sector turismo, que representa alrededor del 10% del PBI cubano, se ha sumado la peor cosecha de azúcar en más de un siglo por la sequía y falta de insumos ante la escasez de divisas.

Asimismo, las últimas cifras oficiales diarias del covid-19 en Cuba muestran que se registraron 5,613 nuevos casos de contagios y 29 fallecidos. En total, el país registraría más de 250,000 casos y más de 1,600 muertos, cifras que bien podrían estar subestimando el real impacto de pandemia en la isla.

Sin embargo, el Gobierno comunista está a la espera de su propia vacuna y menos del 10% de sus poco más de 11 millones de habitantes han podido ser inoculados al formar parte de ensayos y estudios de compuestos.

Pero en una habitual reacción, el Gobierno de Miguel Díaz-Canel culpa a Estados Unidos de incentivar las protestas y de incluso alentarlas con mercenarios. Y al igual que otros regímenes dictatoriales, reprime las manifestaciones en lugar de escuchar los justos reclamos de la población.

Es así que el régimen comunista de Cuba ha puesto nuevamente de manifiesto la manera como es que ha podido sostenerse décadas, pero ante la grave situación a la que se ha llegado en el país caribeño no debería extrañar que surjan nuevas protestas. La comunidad internacional tiene el deber de exigir el respeto del derecho a la libre manifestación y el fin de arbitrarias detenciones, que sumarían ya más de 150 casos.

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