Editorial de Gestión. Se requiere impulsar la inversión privada en exportación, pero en un entorno hostil, es difícil que surjan muchas iniciativas.  (Foto: GEC)
Editorial de Gestión. Se requiere impulsar la inversión privada en exportación, pero en un entorno hostil, es difícil que surjan muchas iniciativas. (Foto: GEC)

PERSPECTIVA. Las exportaciones peruanas están atravesando un buen momento. Entre enero y setiembre sumaron US$ 44,626 millones, con lo que ya superaron el total del año pasado y están cerca de batir el récord registrado el 2018. Un factor central de la expansión es el alza de precios de commodities, en el caso de las tradicionales (crecieron 31.7% respecto del mismo periodo del 2019) y en la recuperación de la demanda por productos no tradicionales en países desarrollados (el incremento fue de 16%). También han tenido impacto las disrupciones en las cadenas de suministro internacionales, lo que ha encarecido los fletes.

Por el lado de las exportaciones tradicionales, las mineras son las líderes absolutas (88% del subtotal), mientras que en las no tradicionales las agropecuarias llevan la delantera (47%). Los siguientes lugares corresponden a químicos, pesqueros, textiles y sidero-metalúrgicos, cada uno con alrededor del 10% del subtotal. A resaltar el sorprendente desempeño de textiles (que también incluye confecciones).

¿Qué se puede hacer para que esta situación coyuntural se mantenga? En su presentación en CADE, el ministro de Economía, Pedro Francke, dijo que el Gobierno seguirá impulsando motores de crecimiento que generan empleo descentralizado y mencionó tres que están vinculados al mercado externo: acuicultura, forestería y turismo. Para los dos primeros, recordó que en el pedido de facultades legislativas figura la restitución de los beneficios tributarios y laborales a la inversión que el anterior Congreso derogó.

Para el turismo, señaló que se preparan medidas para su reactivación, pero lo paradójico es que él firmó el decreto de urgencia que ponía fin a la suspensión perfecta de labores –con apenas dos semanas de aviso–, que había sido aplicado por miles de empresas turísticas golpeadas por la pandemia. También reiteró la promoción de la inversión privada en rubros exportadores como la minería, y en la diapositiva que respaldaba su intervención figuraba una inversión por US$ 136 millones en la mina Inmaculada, cuyo cierre fue decidido unilateralmente por su jefa el fin de semana. Las contradicciones de este Gobierno no dejan de sorprender.

Es claro que se requiere impulsar la inversión privada en actividades exportadoras, pero en un entorno abiertamente hostil contra la libre empresa, es difícil que surjan muchas iniciativas, ni siquiera que se piense en ampliar las operaciones existentes. Por ejemplo, la importación de bienes de capital para la agricultura se redujo 7.8% en setiembre, respecto del mismo mes del 2019.

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