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Editorial: Ánimos enfriados

Editorial de Gestión. “Un ambiente de continua crispación no es el óptimo para el desempeño de las empresas, en especial para sus decisiones de inversión”.

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Percepciones. La nota que la población pone al Gobierno es de 9.1. En enero era de 11.1. (Foto: Diana Chávez)

. (Foto: Diana Chávez)

PANORAMA. El escepticismo se ha apoderado de los empresarios y los motivos de ese estado de ánimo son comprensibles. Según el sondeo que Apoyo Consultoría realiza entre sus clientes del Servicio de Asesoría Empresarial (SAE) –más de 500 representantes de empresas e instituciones–, una abrumadora mayoría considera que en los próximos seis meses empeorarán o, en el mejor de los casos, seguirán igual, la relación entre el Ejecutivo y el Congreso, la conflictividad social y el respaldo al Gobierno del presidente Martín Vizcarra. El optimismo solo se mantiene en el 4%, o menos, de los consultados.

Además, esta percepción se traduce en sus expectativas de ventas para el segundo semestre: nueve de cada diez encuestados opinan que no crecerán o que crecerán moderadamente. En otras palabras, lo que se anticipa es que la desaceleración de la economía continuará. Si bien el resultado de marzo refleja una leve mejoría del PBI, esto no significa una clara recuperación. De hecho, Apoyo Consultoría ha ajustado su proyección de expansión del PBI para este año, de 3.7% a 3.2%, siguiendo los recálculos de otros analistas privados.

Los clientes del SAE atribuyen el enfriamiento de sus ánimos, en primer lugar, a los problemas políticos, y luego a la excesiva burocracia –como la lentitud en el otorgamiento de permisos– y al aumento de los conflictos sociales. Por ende, queda claro que el desempeño de la política no va por cuerdas separadas con la evolución de la economía. Es que un ambiente de continua crispación e incesantes enfrentamientos no es el óptimo para el desempeño de las empresas, en especial para sus decisiones de inversión.

Y lo que se le reclama continuamente al Ejecutivo –reducir el ruido político– también es aplicable al Congreso, que sigue actuando de espaldas a las necesidades del país y que solo es noticia cuando se destapa una nueva irregularidad cometida por alguno de sus miembros, aprueba leyes populistas o archiva proyectos de ley que afectan sus intereses particulares. Lo grave es que se tiene que seguir con este Parlamento hasta el 2021 y como la experiencia lo ha demostrado, no se puede decir que habrá sido el peor de la historia –se decía eso de los anteriores, pero cada vez se han “superado”–.

¿Mejorará este panorama? Quizá del Congreso no se espere mucho, tampoco de la capacidad del Ejecutivo para anticiparse a los conflictos sociales. Pero una esperanza es que el próximo mes, cuando se presenten las medidas concretas del Plan de Competitividad, el presidente Vizcarra asuma el liderazgo con el mismo énfasis que lo hace cuando habla de la lucha contra la corrupción y de la reforma política.

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