Agroexportación. (Foto: Difusión)
Agroexportación. (Foto: Difusión)

Motores de crecimiento. Tres sectores no tradicionales poseen potencial para ser los motores del futuro crecimiento económico: agricultura, acuicultura y forestería. Pero como lo ha demostrado el primero de ellos, el proceso para volverse realidad toma años y reviste mucho esfuerzo, tanto de inversión en capital y tecnología, como de capacitación de personal y, por supuesto, un marco legal apropiado y seguro, promoción constante en los mercados externos y estabilidad política.

El desarrollo del sector agroexportador se inició hace dos décadas. Confluyeron factores como la dación de beneficios tributarios a la inversión, la ampliación de la frontera agrícola y la labor conjunta entre Estado y empresas para abrir nuevos mercados. Lamentablemente, estos factores han estado flaqueando los últimos años: hace un año, el anterior Congreso derogó la Ley de Promoción Agraria (LPA) y la reemplazó con otra que quitó una serie de beneficios a la inversión; dos grandes proyectos de irrigación llevan un lustro paralizados, y la promoción ha perdido impulso.

¿Castigar a la inversión privada mejora la situación de trabajadores que se sienten excluidos? A pesar de ese despropósito, las importaciones de bienes de capital para la agricultura aumentaron, hasta junio, ya que desde julio comenzaron a reducirse (respecto del 2020 y del 2019), lo que indicaría que la errática conducción de este Gobierno estaría pesando más en las decisiones de inversión agroexportadora que una mala ley.

Con todo, el Perú se colocaría este año en el top ten de países proveedores mundiales de fruta, desplazando a Ecuador e Italia, según la consultora Fresh Fruit. En la última década, nuestro país ha desplazado a exportadores como Bolivia (quinua), Argentina (arándanos), Chile (uvas) y ahora le disputa mercados a México (paltas). Pero lo contrario también podría ocurrir. Países como Colombia ofrecen incentivos a la inversión agrícola más atractivos que el Perú.

Con respecto a acuicultura y forestería, ambas fueron víctimas del accionar atolondrado del anterior Congreso, pues al derogar la LPA, los dejaron sin incentivos tributarios. El MEF incluyó en su pedido de facultades legislativas la restitución de esos beneficios, así que ese vacío estaría por subsanarse. Sin embargo, falta mucho más para que ambos inicien el camino que la agricultura moderna ya transita –falta que sierra y selva se sumen al éxito–. Con discursos grandilocuentes no se logrará, sino poniendo manos a la obra. La experiencia ganada con las agroexportaciones podría ser de ayuda.

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