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Editorial: PISA caliente

“Sus resultados no son determinantes ni muestran las diferencias por zonas geográficas”.

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INDICADORES. El Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), que aplica la OCDE, evalúa a alumnos de 15 años en tres áreas específicas: lectura, matemáticas y competencia científica. Y si bien es un indicador importante para medir el avance educativo, representa solo una mirada parcial que no toma en cuenta los aspectos de infraestructura, capacitación de maestros o un sinfín más de variables. Teniendo esto claro es importante darle el justo valor en lo que significa para el país.

Los resultados muestran que el Perú ha tenido un progreso sostenido desde que se aplicó la primera prueba en el año 2000, lo cual se puede explicar en parte porque el país en su conjunto ha mejorado y, además, gracias al avance sostenido que (en mayor o menor medida) se ha dado en las políticas del Ministerio de Educación. Sin embargo, sus resultados no son determinantes ni muestran las diferencias que el nivel educativo tiene dependiendo de la zona geográfica analizada.

Comparativamente hablando, la prueba de este año deja en claro que seguimos penúltimos en la región y, según el BID, al ritmo en que vamos mejorando nos tomaría 21 años alcanzar el promedio de las economías miembro de la OCDE, una referencia que si bien no parece afortunada deja que pensar, pues si bien Chile está primera en la región, según el BID, si se tiene en cuenta el ritmo actual de las mejoras en ese país, ya no podrá alcanzar el promedio de la OCDE.

Es lamentable que un indicador que debería servir para hacer algunas evaluaciones y ajustes en materia educativa quiera ser utilizado políticamente tanto por quienes están a favor del ministro Jaime Saavedra como por quienes están en contra. La verdad es que los avances en materia educativa que se han venido dando (incluyendo la gestión Saavedra) no pueden tener retroceso. Por ejemplo, la nueva Ley Universitaria y la decisión de que el control de las mismas no esté en manos de los rectores deben mantenerse. Eso sin dejar de reconocer que todas las normas son perfectibles, una idea que solo en las últimas semanas admitió el ministro.

No todas las críticas a la labor de un ministro responden a intereses particulares, y es importante que esa sea una lección aprendida por el Ejecutivo.

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